No, los huracanes no son buenos para la economía

Michael Tanner explica que aunque los huracanes puedan resultar en una tasa de crecimiento temporalmente mayor, esto no constituye una verdadera mejora.

Por Michael D. Tanner

¿Realmente necesitamos decirlo? Los huracanes son malos.

Las imágenes de la devastación que causó los huracanes Harvey e Irma casi no han desaparecido de la televisión, pero ya estamos viendo historias acerca de la bonanza económica que podemos esperar de la reconstrucción en Houston y en el sur de Florida.

Adicional al sufrimiento humano, por supuesto, la destrucción en Houston constituye una enorme pérdida de riqueza nacional, según algunos cálculos esta pérdida sería de más de $20.000 millones. Los antojos técnicos del cálculo del PIB implican que reconstruir Houston de hecho podría resultar en una tasa de crecimiento temporalmente mayor. Pero eso no es lo mismo que una verdadera mejora.

Parece que la “falacia de la ventana rota” simplemente no morirá. En 1850, el economista francés Frédéric Bastiat abordó por primera vez este mito económico. En su parábola, el hijo descuidado de un tendero rompe una ventana en la tienda de su padre. Según la teoría económica popular en ese entonces, la ventana rota de hecho era algo bueno porque implicaba que el tendero tendría que pagarle al fabricante de ventanas para que la repare. El fabricante de ventanas luego usaría su nuevo ingreso para comprar un par de zapatos, y el zapatero gastaría el dinero, etc. El ciclo continúa y la economía es estimulada. Como Bastiat señaló, “Mas, si por vía de deducción se quiere significar, como sucede con demasiada frecuencia, que es útil romper los cristales porque de este modo circula el dinero fomentando la industria en general...”

No obstante, como Bastiat señaló que eso deja fuera un cálculo crucial: lo que el tendero hubiera hecho con el dinero sino hubiese sido obligado a comprar una ventana nueva. Lo que los partidarios de la falacia de la ventana rota ignoran son los elementos que no son vistos: “No se ve que, puesto que nuestro hombre se ha gastado seis francos en una cosa, ya no los podrá gastar en ninguna otra”. El accidente solo implica que el tendero ha gastado seis francos para recuperar el estado económico que tenía antes de que su hijo rompiera la ventana; no se ha vuelto más rico sino que ha perdido seis francos.

De igual forma, reconstruir Houston no creará riqueza nueva alguna: simplemente restaurará algo de lo que fue perdido. Además, nunca podremos saber lo que se hubiera logrado con el dinero gastado en Houston sino necesitáramos reconstruirla.

Esto no se trata realmente acerca de Houston, por supuesto. Podemos y debemos hacer lo que es necesario para las personas de esa ciudad, quienes están luchando por reiniciar sus vidas. Esto en realidad se trata de una forma de pensar predominante entre algunos social-demócratas quienes consideran que el gasto público es esencialmente libre de costos. Después de todo, no fue hace mucho que Paul Krugman estaba hablando acerca del hipotético fomento económico que obtendríamos si fuésemos invadidos por extraterrestres del espacio. Y, por supuesto, John Maynard Keynes célebremente sugirió que la economía se beneficiaría si el Estado contratara trabajadores para hacer huecos y a otros trabajadores para rellenar esos huecos.

Ya sea que estemos hablando de infraestructura, de gasto en prestaciones sociales, o de cualquier otro proyecto estatal, muchos no logran comprender que muy poco de ese gasto genera riqueza nueva. Cuando el gobierno toma dinero del tendero y se lo da al fabricante de ventanas, simplemente está moviendo dinero de un lado a otro. A veces puede que eso sea necesario. Pero no es una receta para lograr la prosperidad económica.

Tal vez esto señala dos cosas que son tan obvias que quizás no deberíamos tener que decirlas: “los huracanes son malos”, y “no hay tal cosa como un almuerzo gratis”.

Este artículo fue publicado originalmente The National Enquirer (EE.UU.) el 6 de septiembre de 2017.