Necesitamos una vacuna contra el coronavirus: las patentes podrían desacelerar el proceso

Simon Lester y Bryan Mercurio consideran que en la competencia para encontrar una vacuna contra el coronavirus un sistema de premios financieros otorgados por los gobiernos a las empresas que contribuyan a lograr el objetivo funcionaría mejor que el sistema tradicional de patentes.

Por Simon Lester y Bryan Mercurio

El coronavirus COVID-19 se convirtió en una pandemia mundial. Con tasas de infección y mortalidad varias veces mayores que la gripe, la preocupación es que este no sea un susto fugaz como el SARS o el Ébola, sino un virus estacional con efectos duraderos. La carrera para desarrollar tratamientos y una vacuna ya empezó y las pruebas iniciales lucen prometedoras. Recientes noticias sugieren que el presidente Donald Trump ofreció dinero a una compañía alemana que está investigando una vacuna contra el coronavirus para obtener una vacuna “sólo para EE.UU.” Los detalles de estos reportajes podrían resultar incorrectos, pero estos desarrollos, sin embargo, brindan la oportunidad de pensar en nuevas y mejores formas de proporcionar incentivos para crear, producir y distribuir vacunas, tanto en general, como en particular para el COVID-19. En particular, deberíamos considerar si las patentes son adecuadas aquí o si un sistema basado en premios financiados por el gobierno sería un mejor enfoque.

El sistema actual de producción de medicamentos se basa en la idea de las patentes, que son monopolios temporales sobre un proceso o producto en particular otorgado a los inventores por un periodo de tiempo definido. Ese monopolio crea incentivos para que las empresas inventen productos nuevos al permitirles cobrar precios por encima de lo que estaría disponible en un libre mercado. Como resultado, los medicamentos son una de las áreas más lucrativas para los inventores exitosos.

Este enfoque puede o no ser el adecuado para los medicamentos en general. Quizá el sistema actual es aceptable para los medicamentos contra la obesidad o el acné, aunque incluso para esos productos existe un debate sobre el mejor enfoque. Pero para un virus como el COVID-19, que sale de la nada y causa una pandemia global repentina, el sistema claramente no funciona. 

Varias empresas de alrededor del mundo están trabajando para lograr una vacuna para el COVID-19. Con toda certeza, una de estas compañías descubrirá primero la vacuna y recibirá una patente. Muchas empresas no recibirán nada por su trabajo y esfuerzos, y con toda certeza abundarán las demandas por violación de patentes. Eso significa que una sola empresa podría tener el monopolio de un producto que la gente de todo el mundo necesita desesperadamente. El potencial beneficio económico de una vacuna contra la COVID-19 es inmenso.

Al mismo tiempo, tenemos que mantener los incentivos y darles a los inventores una razón para hacer el trabajo duro que se necesita para crear una vacuna. Simplemente no es racional que cualquiera gaste cientos de millones de dólares para crear un avance médico con la expectativa de un “gracias, nosotros tomaremos eso”. Pero las patentes no son la única forma en que los gobiernos pueden compensar a los inventores. En este caso, una mejor manera sería que los gobiernos se unan y ofrezcan premios financieros por una vacuna. En lugar de una ganancia financiera de todo o nada para el ganador, se recompensaría a varias compañías que contribuyan a lograr el objetivo. Durante muchos años los economistas han sugerido premios y se han utilizado con éxito en el pasado. Es tiempo de ponerlo en práctica para el coronavirus.

Es importante destacar que un sistema de premios separa la acción de inventar la vacuna de la producción y la distribución. Bajo el sistema de patentes, la compañía posee un monopolio para controlar todo y puede limitar la producción y distribución. Un mejor enfoque sería proporcionar los incentivos para la invención, pero luego permitir que otros produzcan y distribuyan la vacuna. Eso abre el mercado para que más empresas participen y potencialmente, para aquellos que necesiten vacunarse más rápido. Por lo tanto, una o más vacunas estarían disponibles para que cualquiera las haga y el sector público y privado podrían explorar una variedad de formas para comercializar las vacunas lo antes posible.

Inevitablemente habrá llamados al nacionalismo en relación con una vacuna contra el coronavirus, pero el sentimiento de que “no tenemos aliados” en esta crisis está fuera de lugar. Si tenemos aliados es, de hecho, una decisión consciente. Podemos tener aliados, y estaremos mejor si lo hacemos. Los gobiernos que elijan trabajar con otros tendrán más probabilidades de obtener los medicamentos necesarios que sus ciudadanos requieren de forma más rápida y eficiente. 

Por el contrario, todos nos veremos perjudicados si las vacunas son parte de una competencia económica nacionalista, con gobiernos e inventores buscando monopolios en productos de salud vitales que son necesarios para todo el mundo. Los gobiernos deberían unir recursos para promover el rápido desarrollo y distribución de tratamientos efectivos y de una vacuna para el COVID-19. Aquí hay margen para la cooperación, y los gobiernos deberían buscar formas de trabajar juntos, en lugar de involucrarse en un nacionalismo económico destructivo y de resguardarse en un sistema de patentes que no producirá la solución más rápida y eficiente para resolver esta crisis de salud global

Este artículo fue publicado originalmente en National Interest Online (EE.UU.) el 7 de abril de 2020.