Menos votantes, más electores

Víctor Pavón dice que quienes hoy defienden el modelo de las listas cerradas son quienes desean perpetuarse en posiciones de poder.

Por Víctor Pavón

Quienes hoy se identifican y defienden el modelo de las listas cerradas para elección de candidatos en órganos corporativos, no reparan en medios para conservar el poder y de ese modo continúan postergando su reforma. Desde la promesa imposible que hace del populismo la mejor escuela para que los políticos inescrupulosos sigan beneficiándose con el sistema actual, las listas cerradas se han convertido en un verdadero caballo de Troya para la República y están hechas para destruirla.

Dirigentes supuestamente bien intencionados al servicio de las masas populares han introducido y siguen defendiendo el terrible vicio que representa un modelo electoral en el que se vota pero no se elige.

La libertad de elección electoral es fundamental para consolidar la calidad política. Por el contrario, las listas cerradas obligan a ser parte de esas listas en los que aparecen otros candidatos con los que ni siquiera se comparten los mismos principios. De ese modo, el elector vota por el número 2 o de la lista y también por el 3 y 4 en contra de su voluntad.

Las listas sábanas son, igualmente, contrarias a los intereses genuinos de la gente porque su confección no proviene del poder del pueblo que se expresa de abajo hacia arriba, sino del poder de las cúpulas partidarias cuyo objetivo es continuar con el mismo sistema y así seguir controlando desde arriba e impidiendo las reformas políticas y económicas que todavía siguen en espera en el país.

Esta espera en hacer las reformas de fondo no tardará en provocar tal debilitamiento de las instituciones republicanas y liberales que no debería sorprendernos que con el hartazgo de la población por la democracia sumida en corrupción, empiecen los cantos de sirena de los autoritarios con ínfulas de salvadores de la patria.

Las listas sábanas hoy mismo favorecen el anquilosamiento en sus cargos de dirigentes que no representan los intereses del hombre y la mujer común de la calle. Representan a los que ya están en el poder con duración de sus mandatos “sine die” a los que se van agregando otros tantos que forman filas para seguir manteniendo un sistema de privilegios en donde el Estado en lugar de ser el servidor del hombre libre y ciudadano se ha convertido en el Leviatán estatista que todo lo engulle poniendo obstáculos para luego vender “facilidades” para la radicación de inversiones, generación de riqueza y empleos.

Este sistema electoral de listas cerradas ha terminado por convertirse en un negocio mercantil para todos aquellos que hacen de la política una oportunidad para enriquecerse y no precisamente para promocionar y contar con verdaderos servidores públicos, cuyo propósito en sus labores debe ser el de dotar a la República de un ambiente de libertad y justicia para que los ciudadanos progresen según sus talentos y sacrificios. No debería sorprendernos que el sistema actual exija y dilapide recursos para contar con cada vez más votantes en lugar de más y mejores electores.

Los votantes son todos los inscriptos en el padrón respectivo. De estos hay demasiados e incluso se los encuentra en dos o más nucleaciones políticas esperando se les visite para recibir el respectivo “estímulo” por la venta de sus cédulas o para recibir algún favor estatal.

De esto se sabe y son precisamente los defensores de las “listas sábanas” los que les tienen en resguardo como sus clientelas preferidas; sin embargo, lo que se necesita para mejorar la calidad de la política son electores en el sentido correcto de esta palabra, entendido como la decisión llevada a cabo por el ciudadano en uso de su razón basada en la simpatía por las propuestas concretas y realizables por parte de los que quieren ocupar un cargo en el gobierno de la nación.

No son más votantes los que hacen mejor a la política y a la democracia constitucional, sino más electores en calidad de ciudadanos y las listas cerradas son una barrera para tal logro.