Marcha campesina, ni condonación ni subsidio

Víctor Pavón considera que la condonación de las deudas de los campesinos con el Estado paraguayo sería un acto de injusticia.

Por Víctor Pavón

La condonación de deudas de los campesinos por 34 millones dólares ha provocado nuevamente una marcha de este grupo por el microcentro de la capital.

La condonación significa, en el sentido del orden jurídico y económico, que la persona acreedora —en este caso el Estado paraguayo, es decir, los contribuyentes— decide renunciar a su derecho liberando del pago a la persona deudora (los que ahora marchan por el centro capitalino). La condonación es asimilable a un perdón financiero por el cual las partes asumen voluntariamente que nada se deben entre sí dado que estaban unidos por un contrato.

Esta condonación puede darse cuando el acreedor es dueño de su dinero y condona a su deudor. Pero no sucede lo mismo si hablamos de dinero público, pues el Estado administra dinero de los contribuyentes. De ahí que la expresión contractual no deja de ser importante.

Aun los créditos otorgados por el Estado a ciertos grupos implican necesariamente derechos y obligaciones, como en efecto ocurre con cualquier hijo de vecino sujeto de crédito. Si mediare la fuerza para no pagar, así como lo están haciendo los campesinos con su marcha, entonces no se está ante una condonación, se está ante un acto coercitivo, una extorsión que apela a la intimidación para producir un perjuicio patrimonial.

De ahí que si a Juan, un campesino, que ahora marcha por el centro, se le diera la condonación de su deuda y a María que también está por el microcentro y no es campesina pero trabaja de sol a sol y se le exige pague sus deudas, entonces esa situación es un acto de injusticia. Se viola el igual derecho ante la ley. ¿Por qué debería seguir pagando María sus cuentas si Juan ya no lo hace?

Pues no sería extraño que María también y pronto forme otro grupo similar al de los campesinos e inicie su marcha con otros tantos. Ella también es una persona necesitada, no tiene casa, se vino del interior buscando un mejor porvenir y apenas llega a fin de mes.

Como parece ser que la refinanciación y luego la condonación ya no es posible, ahora los campesinos, asesorados por gente que sabe de buscar “soluciones” (siempre con el bolsillo ajeno), dicen que para solucionar la deuda bastaría el subsidio. ¡Grave error! Lo que no se dice es que el subsidio tiene el agravante de que, además de conseguir la condonación, los campesinos recibirán dinero estatal para formar parte de una clientela perpetúa a cargo de los políticos de turno.

Cuando se recibe dinero sin criterios de contrapartida en obligaciones y garantías, la laboriosidad y conducta de las personas se halla supeditada de lo que se les ofrezca, cada vez más y más. La ayuda estatal siempre será poca. Pronto, los campesinos verán modificadas sus conductas, en vez de mostrarse laboriosos, disciplinados en sus faenas, darán el peor ejemplo a sus propias familias e hijos: se convertirán en holgazanes dependientes y preparados para seguir al líder de turno.