Mantener el 10, 10, 10

Víctor Pavón considera que aumentar las tasas impositivas actuales de 10 por ciento sobre el consumo, las rentas personal y empresarial, sería un error.

Por Víctor Pavón

Una comisión conformada por miembros del gobierno actual y un equipo de transición constituido por referentes del futuro Ejecutivo nacional, se encuentra analizando la situación económica del país y uno de los temas acuciantes se centra en los modos de fortalecer los ingresos fiscales.  

Las conclusiones contenidas en este informe técnico serán remitidas al presidente electo, Mario Abdo Benítez. Si dicho informe dice que para aumentar los ingresos fiscales se requiere de modificar las actuales tasas impositivas, esto es, el 10, 10, 10 de los tributos relacionados al consumo, a las rentas personal y empresarial, entonces los técnicos estarán cometiendo una grave equivocación, le estarán mal aconsejando al próximo primer mandatario.    

Una idea que viene predicándose con insistencia en los últimos años es que Paraguay tiene muy bajas tasas impositivas para acometer con éxitos las políticas públicas. Se justifica de ese modo que el sector estatal no cuenta con suficientes recursos para  cumplir con los objetivos trazados por los gobiernos. Es cuestión –dicen con suma liviandad argumentativa– de elevar todavía más la presión tributaria pues resulta exigua comparada con otros países. Alegan igualmente que es posible seguir presionando sobre los contribuyentes que ya están en la formalidad e incluso elevar la deuda externa.

Esta visión que tiene como eje del desarrollo al Estado, sin embargo, es peligrosa para la economía y para la misma política. Estimular la demanda mediante la coerción gubernamental para continuar sacando dinero del sector privado, como en efecto lo son los impuestos y la deuda que permiten una mayor intervención estatal, en el corto plazo puede hacer crecer el consumo y la renta de las familias; pero en el mediano y largo plazo es apenas un paliativo, un débil analgésico para un cuerpo que requiere de mejor tratamiento. Los efectos terminan por ser desastrosos.  

Ocurre que esta manera de ver la economía desde la demanda, viene a chocar inexorablemente con la realidad de los déficits fiscal y presupuestario. Esta  situación se vuelve insostenible aun teniendo una ley de responsabilidad fiscal como la que tenemos  en nuestro país que será modificada en cualquier momento, supeditado a las mayorías circunstanciales en el Congreso, siendo todavía peor si desde el propio Ejecutivo se hace caso omiso a dicha limitación.

Esta economía de la demanda también tiene otro problema insoluble y por ello sumamente peligroso. Ocurre que una establecidas las medidas de intervencionismo afectando los impuestos y el gasto, se emite una señal a los políticos quienes encuentran de ese modo la respuesta que siempre desean en su fuero interior. Todo lo que sea tocar un “poquito, no tanto” las finanzas les vienen como anillo al dedo para cumplir con las inmensas presiones electorales, los grupos de presión a lo que tienen que complacer en vista de seguir ocupando ellos mismos sus actuales cargos y distribuyendo otros privilegios para sus entornos.   

En todas partes se insiste en hacer lo contrario del antiguo pero actualísimo principio, aplicable en cualquier lugar del mundo, de que las necesidades son inmensas y los recursos siempre son escasos. Este es uno de los motivos del por qué nuestra economía no puede despegar como bien podría hacerlo, siendo responsables directos de esta situación los gobernantes, sin excepción alguna, quienes no solo deben hacer buen uso del dinero del pueblo, sino también aplicarlo para el gasto público bajo criterios de alta calidad y acrisolada honestidad.