Mal diagnóstico del Sistema Privado de Pensiones

Iván Alonso considera que el diagnóstico de la Comisión de Protección Social para el Sistema Privado de Pensiones ignora cómo la cobertura se ve afectada por el alto nivel de informalidad, cómo la tasa de reemplazo se afectó por las bajas tasas de interés y las razones por las cuáles ha caído la rentabilidad.

Por Iván Alonso

Las recomendaciones de la Comisión de Protección Social han recibido diversas críticas, pero su diagnóstico del sistema privado de pensiones (SPP) ha sido alabado de manera casi unánime. Casi. Esta solitaria minoría piensa que hay serias deficiencias en aspectos fundamentales. 

El diagnóstico es más descriptivo que analítico; y lo que describe no es necesariamente lo más relevante. La comisión parece más preocupada por las utilidades de las AFP que por el bienestar de los jubilados. Tan solo dos de las 62 páginas que ocupa el diagnóstico tratan sobre la baja cobertura del SPP, y otras tres sobre la insuficiencia de las pensiones. 

En cuanto a la cobertura, la comisión se limita a constatar que el porcentaje de la población afiliada al SPP es menor que en otros países, dando como única explicación algo que ya sabíamos: la informalidad. Valdría la pena aclarar, para poner las cifras en perspectiva, que el Perú, a diferencia de Chile, sí mantiene un sistema público de pensiones con casi tantos afiliados como el SPP. Valdría la pena también preguntarse por qué los aportantes al SPP han pasado del 12% de la población económicamente activa en el 2004 al 17% en el 2016 y si cabe esperar o no que esa tendencia continúe. ¿Para qué coser una herida que está cerrándose sola? 

En lo que se refiere a la insuficiencia de las pensiones, leemos en el diagnóstico que la tasa de reemplazo —la proporción entre la pensión y el último sueldo— es de alrededor del 40% y que es menor que en los países de la OECD. Habría sido mejor comenzar preguntándose cuál es un objetivo razonable, habida cuenta de que las necesidades cambian después de la jubilación, y si acaso nos hemos ido acercando o alejando de ese objetivo. ¿Es igual la tasa de reemplazo para los que llegaron del sistema público con su bono de reconocimiento que para los que han estado en el SPP desde el principio de su vida laboral? ¿Hay alguna falla intrínseca en el sistema o simplemente le falta madurar? ¿Hasta qué punto se han visto afectadas las tasas de reemplazo por las bajas tasas de interés que han imperado en el mundo en los últimos diez años? 

La comisión tampoco tiene una posición clara sobre la rentabilidad del sistema. Por un lado, afirma, sin presentar ninguna evidencia, que las AFP priorizan su propia rentabilidad por encima de la de los fondos de pensiones. Por otro, refiere a un estudio según el cual los límites de inversión que impone la regulación reducen la rentabilidad de los fondos administrados en 2,5% al año. ¿Cuál de los dos efectos es más importante, suponiendo que el primero sea real? 

Hay una sección dedicada a la historia de las subastas para los seguros de invalidez y supervivencia que el SPP está obligado a otorgar. Las nuevas regulaciones introducidas hace unos años no han conseguido reducir las primas que pagan los afiliados. La comisión ensaya una explicación, pero no se detiene a considerar si es apropiado empaquetar esos seguros con los aportes al fondo de pensiones. 

Finalmente, una omisión clamorosa. No hay una sola palabra sobre los miles de millones de soles que deben algunos empleadores, principalmente del sector público, que descontaron los aportes a sus empleados, pero no los depositaron en sus cuentas individuales de capitalización. Eso seguramente afecta el valor de las pensiones más que cualquier otra cosa.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 8 de noviembre de 2017.