Los espejismos de la guerra comercial

Manuel Sánchez González indica que el hecho de que México haya pasado a ser el principal socio comercial de EE.UU. como resultado de la guerra comercial no significa que esto sea un beneficio para México dado que sería preferible ser el tercer socio comercial con una actividad comercial mayor que el primero con una menor.

Por Manuel Sánchez González

A la memoria de mi amigo Carlos González Richmond.

Con frecuencia, algunos comentaristas han opinado que la guerra comercial entre EE.UU. y China ha beneficiado a México. Esta percepción es errónea porque refleja una concepción equivocada de la naturaleza del comercio internacional.

En particular, los que así piensan parecen imaginar a las naciones como si fueran grandes fábricas que se disputan el mercado mundial. En esa visualización, las ventajas de un país aumentan entre más 'venda', es decir, exporte. Como se piensa que la demanda global es fija, la competencia se convierte en un 'juego suma cero' en el cual para que uno gane los otros tienen que perder.

Esta caracterización es popular, en gran medida, por su sencillez y la experiencia cotidiana con empresas específicas; sin embargo, distorsiona en varios sentidos la realidad económica.

En primer lugar, como es el caso de cualquier intercambio productivo, el comercio internacional ocurre, en última instancia, porque proporciona al consumidor acceso a una gama más amplia de bienes y servicios con mejores condiciones de calidad y precio. En este entorno son las importaciones, no las exportaciones, las que favorecen a la sociedad.

Y así como el trabajo no es un fin sino un medio para obtener ingreso y, de esta manera, disfrutar de un mejor nivel de vida, las exportaciones son el camino para poder importar. En otras palabras, contrario a lo que se suele pensar, las importaciones son un 'bien' y las exportaciones un costo o un sacrificio de recursos.

En segundo lugar, los países no son factorías en competencia, sino territorios dentro de los cuales individuos y empresas de muchas naciones interactúan mediante los productos. La apertura impulsa a millones de proveedores a especializarse para buscar proporcionar una oferta atractiva a los consumidores de cualquier lugar en mercados altamente heterogéneos.

Al mismo tiempo, la competencia propicia que algunos negocios se entrelacen mediante asociaciones internacionales, así como el aprovechamiento de cadenas globales de suministro. En este sentido, lejos de ser una especie de riña, el intercambio comercial es una forma no centralizada de cooperación mundial.

En tercer lugar, el comercio internacional, en lugar de constituir un juego suma cero, genera una mayor actividad económica, lo cual contribuye a que el tamaño del 'pastel', es decir, de la economía mundial crezca y, con ello, se expandan los potenciales beneficios para los consumidores.

La guerra comercial provocada por el presidente de EE.UU., Donald Trump, contra China ha sido un fracaso con relación a sus objetivos inicialmente planteados. Específicamente, la aplicación de los primeros aranceles estadounidenses en julio de 2018 coincidió con el inicio de una reducción del empleo y, posteriormente, de la producción en el sector manufacturero de ese país.

Asimismo, las compras chinas de productos estadounidenses han disminuido respecto a las registradas antes del conflicto y no ha ocurrido un regreso notable de las inversiones de EE.UU. en el exterior.

A su vez, el conflicto comercial ha resultado un desastre para el mundo, reflejado, entre otros aspectos, en un aumento de la incertidumbre y una desaceleración brusca, desde 2018, tanto del comercio como de la producción industrial a nivel global.

En este contexto y regresando a la mencionada analogía, el tamaño del 'pastel' mundial para posibles beneficios comerciales frenó su expansión, lo que incluyó obviamente el relacionado con EE.UU. Así, no debe sorprender que los castigos contra China no hayan favorecido a México.

Al respecto, suele festinarse que nuestro país se haya convertido en el principal socio comercial de EE.UU., como si se tratara de un concurso de lugares. La discusión anterior sugiere que ello puede fácilmente involucrar un espejismo.

La comparación de los datos disponibles para los intercambios de EE.UU., a septiembre de 2018 y 2020, lo ilustra. Entre ambos años, el comercio total (exportaciones más importaciones) de esa nación con el resto del mundo se redujo casi 13 por ciento, y el de México con ese país lo hizo más de 15 por ciento.

En el lapso referido, disminuyeron tanto las exportaciones como las importaciones estadounidenses con el mundo, así como las correspondientes mexicanas con esa nación. Y, al mismo tiempo, México pasó de ser tercer a primer socio comercial con el vecino país del norte. Sin duda, sería preferible una posición tercera con una actividad comercial mayor.

En suma, la guerra comercial ha perjudicado a México y el sitio relativo como socio comercial con EE.UU. puede resultar, por decir lo menos, engañoso.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 18 de noviembre de 2020.