Los cantos de sirena y los cinco presidentes

Manuel Hinds dice que una desdolarización de la economía salvadoreña acarrearía costos particularmente para la clase media, que sufriría un acceso al crédito más restringido y costoso, y sobre todo, el presidente, porque en la transición hacia una economía con moneda propia habría una gran crisis política.

Por Manuel Hinds

Usted no se ha puesto a pensar, ¿por qué los graves problemas que tenemos, que en otros países hubieran ya llevado a una crisis económica, aquí no lo han hecho? ¿Por qué sigue funcionando el país a pesar de los grandes déficits fiscales, del aumento exagerado de la deuda oficial y de la arbitrariedad e ineficiencia desplegadas por el gobierno, como si algo compensara por todo esto para mantener las tasas de interés en los niveles más bajos de América Latina, los plazos de las hipotecas largos y estables, los pagos nacionales e internacionales fluyendo sin problemas, la inflación baja y las instituciones financieras funcionando normalmente? Lo que nos separa del caos es la confianza que la gente tiene en la moneda: es decir, la dolarización.

Es curioso que, estando colgados de esa sola cuerda, hay gente que quiere cortarla, proponiendo la desdolarización para que el Banco Central pueda crear todo el dinero del mundo y darlo al gobierno, con lo cual éste podría financiarse indefinidamente.

Esta propuesta tiene el atractivo de los cantos de las sirenas de la Antigua Grecia, que atraían a los navegantes incautos a unas filudas rocas contra las que chocaban y naufragaban. Los cantos de la desdolarización suenan lindos. ¿Cómo no va a sonar linda la idea de imprimir su propio dinero? Pero, igual que los de las sirenas, conllevan destrucción y mucha angustia. Lejos de resolver los problemas económicos del país, los empeoraría al punto de crear la peor crisis de la historia.

Para entender de dónde vendría la crisis sólo dese cuenta de que si el gobierno decide desdolarizar es porque quiere crear dinero, y en grandes cantidades, porque por cantidades pequeñas no se va a meter en una desdolarización. Y es bien sabido cuáles son los efectos de imprimir grandes cantidades de dinero: al haber más dinero para comprar las mismas cosas, suben los precios, y al subir los precios, se devalúa la moneda, lo cual lleva a tasas más altas de interés, lo cual lleva a que se cree más dinero, y esto a más inflación y a más devaluación, y así.

Las clases trabajadoras, incluyendo a la clase media, serían el pato de la fiesta porque en la inflación los salarios nunca compensan el aumento de los precios, de modo que los trabajadores podrían comprar cada vez menos cosas con su salario. Peor aún, la técnica que siguen los bancos centrales para bajar la inflación, apoyados por el Fondo Monetario Internacional, es restringir lo más que se pueda el crecimiento de los salarios, para que baje la demanda y con eso ya no suban los precios. Esas son algunas de las rocas filudas que esconden los cantos de sirena de la desdolarización.

También hay otras rocas filudas para la clase media. No hay nada que la defina más que el contar con su vivienda.

Las tasas de interés subirían radicalmente y los plazos de los prestamos se acortarían, imposibilitando la compra de viviendas y automóviles y todo lo que un hogar de clase media adquiere al crédito.

Los contribuyentes sufrirían porque toda la deuda del gobierno está en dólares, y en una economía desdolarizada los impuestos y los ingresos del gobierno estarían en colones. Con cada devaluación, el gobierno tendría déficits para pagar su deuda, y tendría que o parar de imprimir dinero, o cobrar más impuestos, o dolarizar otra vez.

El costo más alto sería para el presidente, porque en la transición de dolarizada a desdolarizada la economía tendría una gran crisis política, con la furia de la gente desbordándose al ver que el gobierno les está confiscando dólares para darles colones que se devaluarían constantemente.

Argentina en 2001 no estaba dolarizada. Sólo tenía una tasa fija de cambio, pero el pánico y la furia al quitar el cambio fijo con el dólar fueron tales que hubo 5 presidentes en una semana. No creo que el presidente se quiera exponer a este riesgo, especialmente porque para resolver cualquier crisis, incluyendo las de deuda, es esencial mantener la confianza en la moneda, que es automática estando dolarizados y segura de no tenerse en medio de una desdolarización. Mucha gente, deseando este destino para el presidente, se sentiría contenta de que cometiera este suicidio político. Pero si este es el objetivo, es mejor ganarle en las elecciones que destruir al país en el proceso.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 22 de octubre de 2020.