Los ataques de Trump al libre comercio de hecho lo han hecho más popular con los electores

John Mueller indica que ahora casi 90 por ciento tanto de los Demócratas como los Republicanos respaldan el libre comercio, un fenómeno notable que parece haberse derivado de una diferencia en la percepción de la postura de Trump frente al libre comercio.

Por John Mueller

Los voceros en la Convención Republicana alabaron con frecuencia le éxito de las políticas económicas de Trump, aún cuando su récord es, en el mejor de los casos, mixto, incluso si uno descuenta la pandemia del COVID-19. Cuando se trata de la percepción del público de las políticas comerciales de Trump, sin embargo, él parece haber logrado algo verdaderamente impresionante, aunque un poco extraño: casi todo el público—sin importar el partido—ahora ha llegado a respaldar el concepto del comercio internacional.  

Esto difiere marcadamente con las amplias diferencias partidistas que se mantienen en torno a muchos asuntos de política exterior. 

En una encuesta conducida el verano pasado por Chicago Council on Global Affairs, por ejemplo, 78 por ciento de los Republicanos dijeron que consideraban que la inmigración era una “amenaza crítica” a los “intereses vitales” del país, mientras que solo 19 por ciento de los Demócratas estaban igual de preocupados. En cambio, 78 por ciento de los Demócratas consideraban que el cambio climático era una “amenaza crítica” mientras que solo 23 por ciento de los Republicanos estaban de acuerdo. Adicionalmente, 54 por ciento de los Republicanos, pero solo 36 por ciento de los Demócratas, dijeron que consideraban una amenaza crítica el desarrollo de China como una potencia mundial, incluso conforme 69 por ciento de los Demócratas, pero solo 37 por ciento de los Republicanos, expresaron una preocupación acerca de la interferencia extranjera en las elecciones estadounidenses. 

La brecha sobre si EE.UU. debería compartir su “rol de liderazgo” con otros países también fue amplia: 75 por ciento de los Demócratas estaban de acuerdo, pero solo 51 por ciento de los Republicanos. 

Pregúntele a esas mismas personas cómo se sienten acerca del comercio internacional, y la imagen luce muy diferente. 

Hasta la llegada de Trump, un 55 a 60 por ciento de la población respaldaba el libre comercio cuando se le preguntaba una pregunta estándar algo directa: “En general, ¿cree usted que el comercio internacional es bueno o malo para la economía estadounidense?” Como podría esperar, los Republicanos eran un poco más partidarios del libre comercio durante la presidencia de George W. Bush, mientras que los Demócratas estaban más a favor del comercio cuando Barack Obama estaba en la Casa Blanca.

Sin embargo, bajo la administración de Trump, ambos porcentajes se han disparado abruptamente a tal punto que ha llegado a ser un virtual consenso: casi 90 por ciento tanto de los Demócratas como de los Republicanos ahora dicen que respaldan el comercio internacional, y lo mismo es cierto para los independientes.  

Este fenómeno notable parece haber surgido de una diferencia en la percepción. Los Republicanos concluyen que, dado que Trump parece respaldar el comercio internacional, esto debe ser algo bueno. Los Demócratas llegan a la misma conclusión, pero desde la dirección opuesta. Ellos observan los aranceles de Trump y otros comportamientos contrarios al comercio y concluyen que, dado que Trump parece oponerse al comercio internacional, entonces este debe ser algo bueno. 

Algo de esa confusión probablemente se debe a los propios mensajes mixtos de Trump. El presidente se ha caracterizado varias veces como un partidario del comercio libre. Pero, dice él, necesita intervenir activamente para nivelar el campo de juego mediante, por ejemplo, la imposición de aranceles a países que él considera que han violado las reglas.

La gente suele escuchar lo que quiere escuchar. En este caso, eso ha fortalecido paradójicamente el respaldo al comercio internacional en ambos lados del pasillo. De cierta manera, esta es la última confirmación, quizás, de que se puede algunas veces engañar a toda la gente durante cierto tiempo —aunque en este caso, el engaño ha funcionado en la dirección correcta.  

Pero es poco probable que Trump esté haciendo esto de manera consciente. Además, está por verse si este exabrupto deseable, si bien no intencionado, sobrevivirá su presidencia.