Lo que la guerra contra las drogas nos puede enseñar acerca de la lucha contra el COVID-19

Jeffrey A. Singer considera que hay que aprender a vivir con el COVID-19 puesto que muy probablemente se volverá algo endémico, con apariciones en oscilación y por temporadas.

Por Jeffrey A. Singer

La guerra contra el COVID-19 tiene mucho en común con la guerra contra las drogas. Así como es irreal creer que podemos alguna vez lograr una sociedad libre de drogas, es poco realista creer que podemos lograr una sociedad libre del COVID.

Conforme los números de casos parecen estar disminuyendo ahora, y las vacunaciones aumentando, el riesgo permanece de que surjan cepas nuevas y más virulentas y contagiosas, las cuales podrían ser resistentes a las vacunas y a la inmunidad derivada de haber sido infectado anteriormente. Los seres humanos son animales sociales, y conforme las personas vuelvan a las interacciones presenciales que requieren y desean psicológicamente, es probable que se den nuevos brotes. 

Esta pandemia tiene una manera de desaparecer antes de que llegue a su conclusión. Incluso en ese entonces, podemos esperar que el COVID-19 siga siendo parte de la vida durante el futuro previsible.

Es tiempo de adoptar una estrategia promovida desde hace mucho por los reformadores que tratan con el uso de sustancias riesgosas y la adicción: la reducción de daños. La reducción de daños no emite juicios. Se enfoca en reducir el daño asociado con el uso de ciertas drogas y se aparta de una estrategia basada en la abstinencia que tantas veces fracasa. La reducción de daños no es un concepto difícil de entender para quienes ejercen la medicina. Cuando los doctores recetan medicamentos a pacientes con sobrepeso, casi diabéticos, y con hipertensión, quiene son incapaces o no están dispuestos a realizar los cambios de estilo de vida necesarios para corregir sus problemas de salud, ellos están poniendo en práctica la reducción de daños. 

En el caso del uso de sustancias, la reducción de daños utiliza métodos como los programas de servicios de intercambio de agujas o jeringas, sitios para el consumo seguro, pruebas de drogas anónimas para detectar contaminantes y la potencia, y tratamientos asistidos con medicinas para la dependencia o la adicción con drogas como la metadona, la buprenorfina, o incluso la heroína de grado farmacéutico para prevenir los síntomas de abstinencia y estabilizar la vida.

Es poco realista creer que el COVID-19 puede ser erradicado. Solo un virus que infecta a los humanos ha sido erradicado alguna vez —la viruela— y hacerlo tardó 200 años. La probabilidad de que el COVID-19 se volverá endémico, teniendo apariciones en oscilación y por temporadas. Lidiar con esta realidad mediante encierros recurrentes es insostenible. 

Ya hemos visto algunos de los daños resultantes de la estrategia frente a la pandemia basada en la abstinencia. Estos daños no son solo económicos, aunque la pobreza es un determinante social de la salud. Los niños están perdiendo la capacidad de desarrollar habilidades sociales y cognitivas críticas debido al cierre de las escuelas, y los niños pobres en los centros de las ciudades han sido los más afectados. Los niños y los adultos están experimentando un deterioro en su salud mental. Los suicidios están aumentando, así como también las sobredosis de drogas. Muchas enfermedades están desarrollándose sin ser diagnosticadas lo cual conducirá a un incremento en los casos de cáncer en etapa avanzada y otros problemas médicos durante los próximos años. La desigualdad de ingresos se está ampliando. Los bolsillos de rebelión en contra de las políticas para la pandemia se están multiplicando y el respeto hacia las instituciones de salud pública y del estado se está evaporando.

Necesitamos alejarnos de la estrategia basada en la abstinencia y adoptar medidas que nos permiten volver a una vida lo más normal posible.  

Algo crucial en la táctica de reducir los daños es la vacunación. Incluso conforme se desarrollan nuevas cepas, la inmunidad derivada de la vacunación o de una infección previa significa que una infección recurrente del COVID-19 es mucho menos probable que sea severa o que requiera de hospitalización. La vacunación también reduce la propagación al acercar la población a la inmunidad de rebaño. Conforme aumentan las vacunaciones, se vuelve razonable que las personas retomen las fiestas y reuniones en casa, y otras actividades sociales proveyendo que todos los involucrados han sido inmunizados —ya sea con una vacuna o habiendo sobrevivido una infección. 

Co-existir con el virus significa que usar mascarillas todavía tendrá sentido cuando estemos en multitudes densas de personas desconocidas que podrían estar portando el virus. Deberíamos mantener nuestra distancia ante amigos o miembros familiares vulnerables cuando se dan los brotes. También significa que debemos lavarnos las manos frecuentemente. Esto podría ser un buen momento para abandonar el apretón de manos de ahora en adelante. 

Una estrategia única centralmente planificada será inequitativa e ineficaz. El estado debería proveer información actualizada y precisa de tal manera que los individuos y organizaciones privadas puedan diseñar sus propias mejores prácticas. Los restaurantes, teatros, tiendas, y otros lugares de negocios deberían tener el espacio para desarrollar sus propias medidas de seguridad basadas en evidencia y libres de la micro-administración de las autoridades estatales. El público consumidor recompensará o castigará a estos establecimientos basándose en los resultados. Lo mismo aplica para la protección de los más vulnerables, como aquellos que residen en hogares asistencia. Las agencias de salud pública deberían proveer guías útiles pero deberían minimizar la micro-administración. 

Conforme los hospitales y las unidades de cuidados intensivos empiecen a descongestionarse y el número de casos nuevos confirmados empieza a caer, es un buen momento para pensar acerca de cómo vivir en un mundo en el que el COVID-19 es endémico —uno en el que los brotes virales son inevitables. Si miramos al futuro a través de los lentes de la reducción de daños entonces ojalá estos brotes significarán simplemente una inconveniencia temporal producto de una enfermedad similar a la influenza o gripe para la gran mayoría de nosotros.  

Este artículo fue publicado originalmente en Reason (EE.UU.) el 26 de febrero de 2021.