Liberalismo: los rumores sobre su muerte son muy exagerados
Michael Chapman considera que las ideas liberales no se vuelven obsoletas por el hecho de tener éxito y que en muchos aspectos importantes el mundo parece estar volviéndose menos libre.
Por Michael Chapman
En su reciente artículo, "La extraña muerte del liberalismo", el conservador Daniel McCarthy sostiene que el liberalismo ha perdido su razón de ser y ya no es relevante. Según él, los mercados libres triunfaron en el siglo XX; la marihuana y la pornografía son parte de la cultura dominante; y los estadounidenses están supuestamente desmoralizados por la "ideología anti-estado". Al parecer, el liberalismo no tiene nada nuevo que ofrecer, por lo que es hora de avanzar con el "populismo de derecha" en la lucha contra un "socialismo" resurgente. El Sr. McCarthy también deja en claro que el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, posibles candidatos presidenciales para 2028, prefieren un capitalismo de "consenso" y se alinean con los populistas de derecha.
Hay dos cosas que me llaman la atención de su argumento. Primero, el liberalismo es mucho más que una lista de políticas, como los mercados libres y la legalización de la marihuana. Es una teoría sobre la libertad individual y el poder político, centrada en una pregunta atemporal: ¿Quién decide: el individuo o el gobierno? Segundo, las ideas liberales no se vuelven obsoletas por el hecho de tener éxito. Su éxito demuestra su poder —y por qué la lucha por la libertad individual, el gobierno limitado, los mercados libres y la paz nunca termina. El inquietante auge del socialismo y del populismo de derecha, que comparten algunas visiones económicas y políticas, solo hace que las ideas liberales sean más relevantes.
En The Libertarian Mind, David Boaz escribe: "El liberalismo estadounidense se remonta a nuestra fundación" y a los principios de la Declaración de Independencia de "la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". Fieles a esas verdades, los liberales creen que las personas deben ser libres de vivir sus vidas como elijan, siempre y cuando respeten la igualdad de derechos de los demás.
El Sr. McCarthy elude en gran medida esa idea. En cambio, describe de manera limitada el liberalismo como algo relacionado con el "anti-estatismo", una "fe absoluta en la economía de mercado" y el apoyo a la legalización de la pornografía, la marihuana y los juegos de azar. Su "argumento más convincente", escribe, era la "motivación por las ganancias".
Pero incluso en esos temas, su argumento es demasiado generalizado. El Sr. McCarthy puede argumentar que los liberales han ganado en materia de libre mercado, marihuana y juegos de azar. Pero eso no es exacto. La marihuana sigue siendo ilegal según la ley federal, y su uso recreativo solo es legal en aproximadamente la mitad de los estados. Los juegos de azar son legales solo en ciertas formas y varían ampliamente según el estado; Utah y Hawái mantienen amplias prohibiciones. Y aunque la economía de Estados Unidos se base principalmente en el mercado, difícilmente puede considerarse un sistema de laissez-faire sin restricciones, dados los aranceles, los subsidios, las regulaciones, las restricciones comerciales, las restricciones migratorias y leyes como la Ley Jones. Según el Índice de Libertad Económica en el Mundo, Estados Unidos bajó de una calificación de 8,74 (de 10) en 1990 a 8,1 en 2023. Se prevé que esa calificación siga bajando en un futuro cercano. Desde nuestra perspectiva, el mundo parece estar volviéndose cada vez menos libre en varios aspectos importantes (aunque no en todos).
Los liberales tampoco sostienen que las personas deban necesariamente tomar buenas decisiones. El argumento liberal es que los adultos deben ser libres de tomar sus propias decisiones, siempre que no violen los derechos de los demás. El punto no es que cada decisión sea acertada; es que el gobierno no debe tomar todas las decisiones por nosotros.
"Los mercados libres habían triunfado a finales del siglo XX", escribe el Sr. McCarthy, y ayudaron a que "conservadores de inspiración liberal como Ronald Reagan y Margaret Thatcher fueran elegidos a ambos lados del Atlántico". Los inicios de Internet, agrega, "parecían el cumplimiento de la promesa del liberalismo", una "demostración de cómo funcionaba la libertad misma".
"Sin embargo, todos estos éxitos fueron la ruina del liberalismo", afirma el Sr. McCarthy. En otras palabras, el liberalismo cambió el mundo y, por lo tanto, ya no es relevante. Ha "perdido su razón de ser".
Pero las ideas no dejan de ser relevantes solo porque tengan éxito.
¿Acaso la libertad de expresión ya no es relevante porque contamos con la Primera Enmienda? ¿Acaso los impuestos más bajos y los precios competitivos del mercado —¿alguien dijo diésel?— no son importantes? ¿Ya no importan los derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad?
El Sr. McCarthy afirma luego que los estadounidenses están desmoralizados por la retórica anti-estatal y decepcionados de que los mercados libres y las mayores opciones para los consumidores no hayan creado una "sociedad más agradable". "Tenemos la riqueza, pero no tenemos la alegría a la que se suponía que nos llevaría", escribe. Esa decepción, dice, ayuda a explicar la popularidad del socialismo y del populismo de derecha: "Ofrecen esperanza donde, de lo contrario, solo hay desesperación".
Sin embargo, atribuir esa insatisfacción al liberalismo es un error. Estados Unidos no era un paraíso liberal a finales del siglo XX y principios de la década de 2000 —a pesar de los mercados más libres— y tampoco lo es ahora. Estados Unidos es una economía mixta agobiada por unos 100 años de una intervención estatal cada vez mayor y la deuda pública lo demuestra.
El gobierno federal es gigantesco, con 2,7 millones de empleados, un presupuesto de 6,8 billones de dólares, un déficit anual de aproximadamente 2 billones de dólares, una deuda pública de más de 40 billones de dólares y una nueva guerra en el Medio Oriente que ha costado más de 44 mil millones de dólares. Esa guerra es en parte responsable de los altos costos y la escasez de combustible. Además, el gobierno ha intervenido repetidamente en la atención médica, la vivienda, la educación, la jubilación, la energía, la agricultura, las finanzas, el transporte y un sinfín de otras áreas de la vida estadounidense durante décadas.
Ese no es el tipo de mundo de libre mercado que describe el Sr. McCarthy. Y eso demuestra por qué el liberalismo sigue siendo relevante.
Consideremos que el presidente Trump ha ampliado el poder ejecutivo mediante órdenes ejecutivas y la autoridad de “emergencia”. Ha impuesto aranceles generalizados, que son impuestos a los consumidores. Scott Lincicome, de Cato, informa que el 96 por ciento de los costos adicionales derivados de los aranceles se trasladaron a los precios en Estados Unidos; la Tax Foundation estimó que los aranceles le costaron al hogar promedio alrededor de 1.000 dólares en 2025.
La administración también ha adquirido participaciones accionarias en 32 empresas privadas. Esto es corporativismo de Estado, el "camino medio entre la competencia 'atomística' y la dirección centralizada", sobre el que advirtió F. A. Hayek en El camino hacia la servidumbre, dice Lincicome.
"Cuando el puño evidente del corporativismo de Estado desplaza a la mano invisible del mercado, la libertad se ve afectada, junto con el dinamismo, la innovación y la prosperidad que esta fomenta", escribe. "Con el Tío Sam como accionista, el capital fluye por razones políticas en lugar de comerciales, el gobierno dicta decisiones empresariales de rutina (algo que ya hemos visto con US Steel) y el dinamismo empresarial es reemplazado por una búsqueda estática de rentas —tanto por parte de la empresa adquirida como de quienes buscan ganarse el favor de su propietario estatal".
Ayn Rand dijo de manera similar: "Todos los males, abusos e inequidades que popularmente se atribuyen a los empresarios y al capitalismo no fueron causados por una economía desregulada ni por un mercado libre, sino por la intervención del Estado en la economía". Por cierto, el vicepresidente Vance tuiteó el 24 de septiembre: "Nuestro mensaje a las empresas estadounidenses es sencillo: no vamos a permitir que despidan a trabajadores estadounidenses para poder reemplazarlos con mano de obra extranjera barata" (Entonces, ¿quién decide: los particulares o el Estado?).
La lista de preocupaciones liberales continúa. La inflación crónica se ve impulsada en parte por el gasto deficitario del gobierno: 12,55 billones de dólares desde el año fiscal 2020. Existe una amplia vigilancia estatal de las comunicaciones y las transacciones financieras de los estadounidenses. Las regulaciones sobre licencias profesionales perjudican a las empresas y a los trabajadores. La vivienda se ve limitada por la zonificación y las regulaciones relacionadas. La inmigración legal es tan burocrática y restrictiva que es casi imposible convertirse en ciudadano estadounidense, según un informe del Instituto Cato de 2023. La guerra contra las drogas, al igual que la Ley Seca de la década de 1920, es un fracaso. El gobierno federal presiona a las empresas de redes sociales para que censuren la información que no le agrada. Y la Casa Blanca revocó recientemente las credenciales de prensa de CNN, MSNOW y Politico.
Estas no son reliquias de un pasado liberal. Son batallas contemporáneas por la libertad. Y ayudan a explicar la "desilusión" y la falta de "alegría" que describe el Sr. McCarthy.
Los liberales a veces suenan demasiado optimistas. Quizás eso se deba en parte a que entendemos cuánto peor pueden estar las cosas. Pero el optimismo no debe confundirse con la complacencia. Los liberales no están ganando —y, en muchos aspectos, no han estado ganando desde hace mucho, mucho tiempo. El tamaño y el poder del Estado siguen siendo enormes, y muchos de los argumentos básicos a favor de la libertad individual aún no se han ganado.
Eso no es motivo para abandonar el liberalismo. Es motivo para tomarlo en serio. Tenemos mucho trabajo por delante.
Por lo tanto, la preocupación central del liberalismo —el poder del Estado frente al individuo— es más urgente que nunca. El auge del socialismo y del populismo de derecha hace que ese trabajo sea aún más importante.
El Sr. McCarthy señala que "el hombre con más probabilidades de ser el próximo candidato presidencial del Partido Republicano" es J.D. Vance, quien "se muestra más entusiasmado con Huey Long que con Milton Friedman". No es ningún secreto que Vance, un populista conservador, ha criticado públicamente el liberalismo, calificándolo de "fundamentalismo de mercado". Pero el populismo de derecha —el nacionalismo económico y el tradicionalismo cultural— solo agravará los problemas del Estado leviatán de Estados Unidos y, irónicamente, acercará al país al socialismo. Esa es una preocupación fundamental para los libertarios.
En un artículo reciente, Norbert Michel, del Cato Institute, detalla cómo la afirmación de Vance de que 40 años de políticas de libre mercado causaron la crisis actual de Estados Unidos es históricamente falsa. "Los verdaderos factores que impulsan las tensiones actuales en el costo de vida no son el resultado del capitalismo desenfrenado, sino de la propia intervención estatal", afirma Michel. "Las presiones actuales sobre los precios han sido alimentadas por la extralimitación federal, incluyendo el gasto deficitario masivo en una costosa guerra contra Irán y la agenda agresiva y contraria al libre comercio de la Casa Blanca".
Vance apoya ese intervencionismo, que incluye aranceles, subsidios y controles estatales. Está "defendiendo una planificación económica de arriba hacia abajo, dirigida por el Estado", dice Michel. "No es más que un socialismo a la carta envuelto en una bandera nacionalista".
Los conservadores nacionalistas, los populistas de derecha, los corporativistas y los socialistas comparten la misma opinión: "piensan que los planificadores centrales en Washington saben cómo administrar el capital mejor que los individuos libres que actúan en mercados competitivos".
Esto nos lleva de vuelta a la pregunta liberal fundamental: ¿Quién decide: tú o los planificadores centrales?
"En una sociedad libre, tú tomas las decisiones sobre tu vida", dijo David Boaz. "En una sociedad dominada políticamente, alguien más toma esas decisiones. … El liberalismo no propone como meta una sociedad perfecta, sino una mejor y más libre. Promete un mundo en el que más decisiones se tomarán de la manera correcta por la persona adecuada: tú".
Por eso el liberalismo es relevante, y por eso los informes sobre su muerte están totalmente equivocados.
Este artículo fue publicado originalmente en American Conservative (Estados Unidos) el 24 de septiembre de 2026.