Ley de desincentivo agrario

Alfredo Bullard dice que el agro peruano ha cambiado de manera notoria desde hace 30 años gracias a que se mejoró el régimen laboral y el marco tributario.

Por Alfredo Bullard

Fue hace menos de 20 años. Viajaba por la costa de Chile conduciendo un automóvil. A la derecha e izquierda de la carretera veía kilómetros y kilómetros de sembríos de todo tipo. Pero eran distintos a los que existían en mi país. 

Mi padre nos solía llevar de viaje en auto por la costa del Perú. Repetía siempre lo mismo: “Este paisaje no ha cambiado en 30 años”. Yo les repetía esa frase a mis hijos varias décadas después: “Este paisaje no ha cambiado en 30 años”. Eran repeticiones irreflexivas que llevaban un homenaje implícito a mi padre: si sumaba los 30 años de no cambio que él recitaba, llevábamos 60 años sin cambio. Y me imagino que mi abuelo le dijo a mi padre algo parecido. 

En el paisaje costeño peruano también había kilómetros y kilómetros de sembríos. Pero en Chile eran grandes extensiones modernamente organizadas, con cercos impecables, estandarización de procesos, limpieza, tecnología y organización. En lo estático del momento, uno sentía la dinámica del cambio continuo. Así se siente cuando se ve el progreso y su motor, la productividad

Los sembríos peruanos, en cambio, eran desorganizados, en terrenos no cercados, desordenados, cubiertos de polvo y sin tecnología visible. La imagen transmitía inmovilismo y lentitud, como un cuadro viejo en una casa antigua que nadie limpia en años. 

Pero hoy las cosas han cambiado. El viaje por la Panamericana tiene un paisaje muy distinto. Ya no podemos decirles a nuestros hijos que está igual hace 30 años. Los sembríos que adornan los dos lados de la carretera no tienen nada que envidiar a sus pares chilenos. Uno ve formalidad, estandarización, orden y tecnología. Los números del sector agroexportador confirman las imágenes. 

Y es que entendimos mejor, casi por accidente, el rol de la ley. Un régimen laboral más flexible y un marco tributario más amigable ha permitido contratar más gente y en mejores condiciones que bajo el mentiroso espejismo de la protección de los trabajadores. Y es que es eso. Es una mentira decirle a alguien que estará mejor porque la ley dice que tendrá más vacaciones o le pagarán mayores beneficios. Aprendamos de una vez que la ley sola no crea riqueza y bienestar. Lo que crea riqueza y bienestar es la interacción entre seres humanos. 

La llamada Ley de Promoción Agraria no es tal. En realidad es una excepción al cúmulo de leyes de desincentivo agrario (y desincentivo industrial, pesquero, minero, servicios, etc.) que pueblan nuestro marco legal y que con la pretensión de proteger a los trabajadores, los condenan a la informalidad y al subempleo

Crean un espejismo porque ofrecen un bienestar que se desvanece cuando uno se acerca. Dicen que se dará cosas que en realidad no pueden dar. Las personas podrán ganar más si la actividad en que se involucran es más o menos productiva. No ganarán más ni estarán mejor porque la ley lo predique. 

En la discusión sobre si se prorroga la Ley de Promoción Agraria hemos perdido el foco. No se está defendiendo mantener una excepción. Se está defendiendo la que debería ser la regla.

Este artículo fue publicado originalmente en Perú 21 (Perú) el 16 de junio de 2019.