La verdadera sanguijuela

Paola Ycaza Oneto señala que en la década pasada el gobierno ecuatoriano satanizó la inversión extranjera mientras que decía estar atrayéndola mediante los contratos de "preventa" de petróleo, que en la práctica resultaron ser una forma furtiva de incrementar la deuda externa.

Por Paola Ycaza Oneto

Como si de sanguijuelas se tratara, para muchos, la inversión extranjera viene a chupar recursos para luego repatriarlos, explotar trabajadores y enriquecerse a costa de los ciudadanos. Con eso en mente, muchas leyes que se promulgaron durante el gobierno pasado fueron tóxicas para el inversionista, tales como el incremento del Impuesto a la Salida de las Divisas (ISD) y el anticipo del impuesto a la renta; sin contar las que ya estaban establecidas y, no menos incompatibles con la inversión, como la repartición del 15% de utilidades, los sobresueldos, la rigidez laboral, entre otras.

La inversión extranjera es una excelente forma de generar riqueza, empleo y competitividad. Pero como decía hace pocos días Pablo Lucio Paredes en este Diario, la inversión privada reacciona positivamente cuando el inversionista siente que la economía sí puede recuperarse y la estabilización es real, y no simplemente por buena voluntad. Es decir, deben tener los incentivos para invertir y reinvertir.

Con esto dicho, es curioso que se haya ahuyentado la inversión por tanto tiempo pero que se haya optado por “preventas” con las cuales el gobierno anterior se comprometió a entregar crudo que aún no tenía, primordialmente a China. Mediante esta figura, que se empezó a usar desde el 2009, Petroecuador vendía la producción futura de crudo a cambio de la entrega de créditos o anticipos que van al fisco o a obra pública “made in China”. Durante el periodo de Correa, Ecuador suscribió trece contratos de este tipo con tres firmas asiáticas: Petrochina, Unipec y Petrotailandia. Eso es más parecido a una sanguijuela que chupaba petróleo.

Estoy asumiendo que para ellos esto fue una distorsionada figura de “inversión extranjera” porque con seguridad “deuda externa” nunca la llamaron. Hoy sabemos que esta última superaba el límite legal del 40% del PIB. Sabemos también que se cambió la forma de medirla excluyendo la deuda pública interna y las preventas petroleras.

Un reciente titular de este Diario dice: “Presidente de Ecuador viaja a Italia, Francia y Holanda con el propósito de incrementar inversiones”. Considerando que no hace mucho la noticia era “Presidente de Ecuador viaja a Turquía, Irán, Rusia y China”, creo que estamos frente a buenas noticias. Si bien el 2018, con $ 1.100 millones, fue un buen año en atracción de IED, esta cifra debe incrementarse, sobre todo considerando nuestra atractiva moneda.

Mientras que en el pasado cada país tenía que acumular capital (el proteccionismo permitía solo la acumulación de capital interno), ahora los países pueden acceder a capitales en mercados internacionales. Y aunque hoy se demuestra que la IED per se no garantiza necesariamente el crecimiento o la reducción de pobreza, sino la forma de canalizarla y las condiciones de cada país e industria; si se la lleva a cabo con éxito, esta puede contribuir enormemente al crecimiento, alejándose de ser una sanguijuela.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 15 de julio de 2019.