La realidad virtual

Manuel Hinds dice que el peligro de la habilidad del mundo moderno de crear realidades virtuales es que las personas no hayan desarrollado lo suficiente sus habilidades de pensamiento crítico para lograr diferenciar entre la realidad virtual y el mundo real.

Por Manuel Hinds

Como todas las generaciones, ésta parece estar cometiendo dos errores clásicos. Uno, creer que ha inventado la limonada, cuando la que toman ha sido siempre inventada en algún tiempo pasado. El otro es confundir el progreso de los medios tecnológicos con el desarrollo humano, cuando, por ejemplo, los eventos que han definido la historia militar se han dado igualmente con cuchillos, con pistolas, con cañones y con bombas atómicas, y los políticos, con discursos en la plaza, con hojas impresas, con trasmisiones de radio y televisión, y con redes sociales. Ciertamente, los avances tecnológicos vuelven más fácil hacer lo que se desea hacer pero no lo definen. De hecho, hay demanda para las innovaciones porque hay gente que se da cuenta de lo que ellas permiten hacer, que ellos querían hacer y que no habían podido hacer.

Un ejemplo muy claro de estas confusiones es el de la realidad virtual, que se cree que es algo supremamente novedoso que ha abierto la posibilidad de hacer creer a la gente que hay una realidad que no existe. Afortunadamente, ninguno de los que hacen esto ahora ha logrado todavía pasar de hacer juegos a cambiar la percepción de la realidad ambiente total, como lo lograron el siglo pasado, con medios tecnológicos mucho más primitivos que los actuales, Adolfo Hitler y Joseph Stalin. Los efectos de las realidades virtuales creadas por ellos fueron desde convencer a una nación entera, deprimida por la derrota en la Primera Guerra Mundial y por sus crecientes problemas económicos en los primeros treintas, de ser miembros de una raza superior, a la increíble hazaña de Lenin, Stalin y sus seguidores de convencer a muchos en el mundo de que su Unión Soviética, un fracaso desde sus inicios, era el paraíso del futuro.

Para entender estas historias es necesario realizar que la creación de una realidad virtual en la mente de las personas es el efecto, mientras que lo que ahora llamamos realidad virtual —la capacidad de proyectar imágenes, de crear hologramas, de generar ilusiones ópticas— es el medio. Que Hitler y Stalin hayan tenido la capacidad de crear esas realidades virtuales —una raza superior y una clase superior, el proletariado— y hacer que la gente se matara y cometiera crímenes horribles por ella, y que lo lograran con sólo radio, cine y prensa es un testimonio al genio perverso de ellos. Es también una advertencia de los efectos que las nuevas tecnologías pueden tener si —como algún día tiene que suceder— son manejadas por genios como éstos. Desafortunadamente, la experiencia con la realidad virtual del siglo XX, que fue usada para la destructividad, será muy relevante en el siglo XXI.

Los peligros de los medios modernos para crear realidades virtuales ya son visibles en las personas que, incluyendo niños pero también muchos adultos, llegan a no poder separar el mundo real del proyectado por los aparatos electrónicos. Este es el primer paso que un monstruo político como Hitler tiene que realizar para capturar a un pueblo— adueñarse de sus facultades cognoscitivas, para luego facilitar el segundo paso, hacerlo que prefiera lo virtual a lo real. Por tiempos inmemoriales, la manera de lograr que se genere esta preferencia es el uso de imágenes arquetípicas —imágenes muy definidas de personas (como la Madre, el Maestro) o situaciones (la Muerte del Héroe o la Lucha del Bien Contra el Mal) que crean referencias y asociaciones emotivas muy poderosas—. La formación de esta mentalidad unidimensional ha sido siempre asistida por novelas, poemas, y películas. Ahora se suman a esos medios los juegos electrónicos y las películas de héroes que pintan la vida como una confrontación del Bien y el Mal, en la que todas las acciones de ambos bandos son calculadas, para crear problemas los unos, y para resolverlos los otros. Quizás las falsas lecciones más dañinas transferidas por esos juegos y películas son las ideas paralelas de que el mundo es blanco o negro, y que las victorias del bien sobre el mal las logran los héroes con golpes mágicos, no las sociedades enteras con trabajos sostenidos. Eso vuelve a los capturados por la realidad virtual todavía mas vulnerables a creer que un día cualquiera aparecerá un Batman que les resolverá sus problemas, o que ya apareció y está en el camino de hacerlo.

Los niños están creciendo en este mundo, y lo prefieren al mundo real porque tiene menos ambigüedad, porque es mas simple y no los obliga a adaptarse a otros, ni a mediatizar sus reacciones, ni a desarrollar las empatías que son indispensables en el mundo real para poder desempeñarse en él. Desafortunadamente, en algún momento tendrán que entrar en el mundo real, y allí se encontrarán con los costos de no haber pasado por una infancia sin enfrentar con las dificultades del mundo real. Peor aun, muchas de las personas con las que se encontrarán tendrán sus mismas carencias. Eso sería un terreno abonado para los manipuladores de mentes, con consecuencias que pueden ser terribles. No hay duda de que los que convencen a la gente que establecer un régimen como Venezuela sería su liberación son grandes creadores de realidades virtuales, capaces de convencer a los incautos de cualquier cosa.

Por eso, es esencial incluir en la educación de los niños y los adultos no sólo materias tecnológicas sino también, y con mucha importancia, materias que desarrollen el pensamiento crítico, tales como literatura enfocada en obras que muestren la complejidad de la vida, filosofía que les de herramientas para analizarla y las ganas de hacerlo, y la historia para que salgan de su pequeñez intelectual y adquieran mundo. Como todas las generaciones, tendrán que aprender a usar su mente para discernir lo que es real de lo que es solo ilusión, que los espejismos existen no sólo en los dominios electrónicos sino también en el mundo de afuera, y que los primeros son usados para crear los segundos.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 13 de enero de 2020.