La política comercial de Trump: ¿nuevos acuerdos o cero acuerdos?

Simon Lester dice que bajo la administración de Trump el número de acuerdos comerciales se ha estancado conforme el resto del mundo continúa avanzando con la liberalización comercial.

Por Simon Lester

El Presidente Donald Trump se ve como un gran negociador. Es muy crítico de los negociadores comerciales que tuvo EE.UU. en el pasado, y ha sugerido que sus colegas con mentalidad tenaz de negocios, como Carl Icahn podrían hacer un mejor trabajo.

Trump y su equipo prometieron que se pondrían inmediatamente a trabajar en negociar una serie de nuevos acuerdos tan pronto llegase al poder. En enero, un asesor de Trump dijo, “Se sorprenderán con la velocidad con la cual los acuerdos bilaterales empiecen a materializarse”. Trump agregó, “Créanme, vamos a tener muchos acuerdos comerciales”.

Entonces, ¿cómo va la cosa? No anda bien.

No se ha firmado acuerdo comercial alguno nuevo, y el único gran acuerdo que en gran medida se logró antes de que Trump llegase a la presidencia —la Alianza Transpacífica— ya no sucederá, luego de que Trump se retirara. Sin acuerdos nuevos en negociación, bajo la administración de Trump el número de acuerdos comerciales se ha estancando.

Esto es una pena, porque hay muchas oportunidades disponibles, el resto del mundo está avanzando. Al avanzar tan poco, la administración de Trump pone a los negocios estadounidenses en una desventaja.

En lugar de presionar por nuevos acuerdos comerciales, la administración de Trump está enfocada en renegociar los acuerdos comerciales existentes, en particular el TLCAN y el Tratado de Libre Comercio entre Corea y EE.UU.

El razonamiento de la administración puede ser que estos acuerdos están mal concebidos, y quiere arreglarlos. Pero eso no es realmente una excusa para demorarse en otras acciones.

Quizás a estas alturas la administración tiene una visión acerca de lo que debería estar dentro de un acuerdo comercial. Si ese es el caso, debería salir y empezar a utilizar esta visión para negociar —en una base tan amplia como sea posible.

Los negociadores de comercio de Trump deberían empezar con Japón, para abrir los desde hace mucho cerrados mercados agrícolas japoneses, como el de carne, el de cerdo y el de lácteos. El equipo comercial del Presidente Barack Obama ya había negociado estos asuntos con Japón a través de la Alianza Transpacífica, y los términos acordados allí podrían servir como un punto de partido para un TLC entre EE.UU. y Japón. Esto ayudaría a abrir un gran mercado extranjero para los productores estadounidenses.

El equipo comercial de Trump también podría negociar con China, para obtener algo de mejora en las reglas para las empresas estatales, en la protección de la propiedad intelectual, y en la transferencia de tecnología, tres áreas por las que China ha venido siendo criticada debido a prácticas que perjudican a las empresas extranjeras.

La Alianza Transpacífica tenía las reglas más modernas en cuanto a las empresas estatales que cualquier otro acuerdo comercial. EE.UU. debería averiguar si China estaría dispuesta a aceptar estas normas como parte de un acuerdo comercial más amplio.

También deberían negociar con la Unión Europea (UE), para abordar problemas provocados por diferencias regulatorias. La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) puede que haya sido demasiado ambiciosa en este aspecto, pero ciertos asuntos incluidos en esta no son tan controversiales. Por ejemplo, las pruebas de choque de autos realizadas en EE.UU. deberían ser suficientes para que un vehículo pueda ser considerado seguro para ser vendido en la UE, y viceversa.

Más allá de estos países, hay muchos otros posibles socios comerciales con los cuales se podría negociar: Brasil, el Reino Unido (luego de que abandone la UE), y Taiwán, entre otros. Pero hasta ahora el equipo comercial de Trump solo ha tenido las discusiones más generales acerca de los tratados con estas naciones, sin que ninguna negociación sea inminente.

Ya han pasado nueve meses de la administración de Trump y es razonable preguntar: ¿Dónde están todos los nuevos acuerdos comerciales que fueron prometidos?

La realidad podría ser que estos nuevos acuerdos nunca vendrán. No queda claro que la administración de Trump tenga una visión de acuerdos comerciales que funcione. El TLCAN y el TLC con Corea serán una prueba.

Se ha reportado que la administración de Trump está haciendo demandas del TLCAN que se consideran tan excesivas que podrían ser rechazadas por todos: nuestros socios comerciales, la comunidad empresarial de EE.UU., y el congreso.

Si todas las negociaciones de la administración de Trump siguen este patrón, y se estanca el progreso comercial, las empresas estadounidenses se encontrarán en una posición cada vez peor en los mercados globales.

El resto del mundo está avanzando con la liberalización comercial. Canadá y la UE han empezado a aplicar su acuerdo de manera provisional; la UE y Japón están cerca de lograr un acuerdo; México y la UE están actualizando su acuerdo anterior; y la Alianza Transpacífico está siendo revivida sin la participación de EE.UU.

En cambio, EE.UU. podría estar de espectador hasta que alguna administración en el futuro esté dispuesta a tratar de manera constructiva en las negociaciones comerciales. A menos que Trump empiece a cumplir con sus promesas iniciales, la economía estadounidense sufrirá conforme otras avanzan y nosotros nos quedamos en el mismo lugar. De manera que Sr. Presidente: ¡A negociar se ha dicho!

Este artículo fue publicado originalmente en Richmond-Times Dispatch (EE.UU.) el 4 de noviembre de 2017.