La dolarización nunca fue panacea

Gabriela Calderón de Burgos indica que la dolarización en Ecuador nunca fue planteada como una panacea, sino como un shock de confianza inicial, dentro de un programa comprensivo y coherente de reformas estructurales.

Por Gabriela Calderón de Burgos

El 7 de enero del 2000, dos días antes de que el entonces presidente Jamil Mahuad sorprendiera al país anunciando la dolarización formal del Ecuador, en este diario se publicó un manifiesto firmado por 18 economistas y empresarios que conformaban el Foro Económico. Entre ellos se encontraban: Dora de Ampuero, fundadora del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP); Joyce de Ginatta, quien era presidenta de la Cámara de la Pequeña Industria; Ernesto Arroba, director del Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo; Rómulo López Sabando, quien había sido presidente de la Cámara de Industrias de Guayaquil; Carlos Julio Emanuel, exgerente del Banco Central del Ecuador (BCE) y ministro de economía; Francisco Swett, también exministro de economía; Pablo Lucio Paredes, que en ese entonces era profesor en la ESPOL; y, Franklin López Buenaño, entonces también vinculado a la ESPOL. 

Quienes conformaban el Foro Económico llevaban años promoviendo la dolarización como una alternativa deseable y viable al caos inflacionario en que se había embarcado Ecuador, particularmente después de la sucretización en 1983. Contrario a la leyenda, sus miembros nunca vendieron la dolarización como una panacea, sino que incluso desde antes de que fuera anunciada dejaron claro en un manifiesto que esta era un “shock de confianza” inicial, dentro de un programa comprensivo y coherente de reformas estructurales.

La primera reforma complementaria recomendada por el foro en su manifiesto era “una nueva política bancaria-financiera”, estableciendo en el Ecuador un marco regulatorio competitivo que atraiga a entidades bancarias extranjeras. La segunda era la “modernización del Estado” a través de la “privatización, capitalización y concesión, sin monopolio”. Tercero, se proponía una nueva política fiscal que coloque un techo al gasto y al endeudamiento público. Cuarto, se proponía una “reforma tributaria”. Quinto, plantearon romper el monopolio de la seguridad social estatal para “incrementar el ahorro interno, servir más eficientemente a los trabajadores, proveerlos de una jubilación digna y segura y garantizar los derechos de propiedad privada”.

Al cumplirse los 20 años de la dolarización, en los ítems de esa agenda prácticamente no habíamos avanzado. Algo sí se hizo en algunas áreas, retroceder. Consideremos cómo casi se duplicó el tamaño del Estado en base a ingresos extraordinarios de una bonanza petrolera, se agravó el déficit actuarial del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y se impuso un modelo de represión financiera durante los años de la llamada Revolución Ciudadana

Entonces, durante el encierro del COVID-19, un grupo de economistas y empresarios nos reunimos para llegar a un consenso de cinco propuestas de reformas urgentes que necesitaba Ecuador para crecer a tasas más dinámicas. De ahí salió el Foro Libertad y Prosperidad del IEEP, donde contamos con varios de los mismos economistas que propusieron muchas de las mismas reformas hace ya 26 años. Recién hace un par de semanas me topé con ese manifiesto publicado en este diario en enero del 2000, y me sorprendió ver la coincidencia en el diagnóstico y las propuestas. 

La dolarización ha sido tan exitosa en aportar estabilidad que nos hemos dormido en los laureles por un cuarto de siglo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 23 de enero de 2026.