La difícil transición del seguro social

Por Michael D. Tanner

El Seguro Social afecta a la mayoría de estadounidenses. Casi un 80 por ciento de las familias en EE.UU. paga más en contribuciones al Seguro Social que lo que paga en impuestos federales sobre la renta. Al mismo tiempo, más de la mitad de los ancianos reciben del Seguro Social la mayor parte de sus ingresos por jubilación.

A medida que avanza el debate sobre el futuro del programa, aquí hay algunas cosas que debemos tener presente.

La Reforma no Puede Esperar. Aunque el Seguro Social tiene hoy en día superavit, eso cambiará muy pronto. En menos de 15 años, el Seguro Social tendrá un déficit, gastando más en beneficios de lo que obtendrá a través de impuestos. Después de eso, al menos en teoría, los obtendrá del fondo fiduciario del Seguro Social hasta el 2042, después de lo cual el fondo fiduciario estará agotado y el Seguro Social podrá pagar solamente 75 centavos por cada dólar de beneficios prometidos. En la realidad, el fondo fiduciario no contiene activos. Los bonos que posee son simples compromisos—promesas de que en alguna fecha en el futuro el gobierno va a gravar a alguien para poder pagar los beneficios. El Seguro Social enfrenta actualmente pasivos sin respaldo por más de $11.9 millones de millones.

¿Por qué el problema? Las contribuciones al Seguro Social no son invertidas o ahorradas para la jubilación, pero son utilizadas para pagar a aquellos que ya están jubilados. Esto funciona cuando hay muchas personas que están contribuyendo al sistema y solo algunos recibiendo dinero. Sin embargo, hoy en día menos trabajadores están sosteniendo a más jubilados. El Seguro Social, tal como lo conocemos hoy en día, es insostenible.

Opciones Limitadas. El Presidente Clinton explicó las limitadas opciones para la reforma: elevar los impuestos, recortar los beneficios o invertir privadamente.

El incremento a los impuestos y el recorte de beneficios tienen que ser grandes. Para el 2030, la carga impositiva adicional se incrementará a $1543 por año por trabajador, y continuará creciendo después de eso. Eso representaría un incremento en los impuestos sobre la nómina de aproximadamente 50 por ciento, o un incremento en los impuestos sobre la renta u otros. Algunas Personas también han sugerido quitar el tope al monto del ingreso sujeto al impuesto sobre la nómina. Este sería el incremento a los impuestos más grande en la historia de EE.UU., pero se quedaría corto en relación al dinero que se necesita para mantener al seguro social solvente. Según algunos estimados, eliminando ese tope proveería solamente 7 años adicionales de solvencia al programa.

La segunda alternativa es cortar beneficios. Los estimados actuales sugieren que los beneficios puede que tengan que ser reducidos tanto como un tercio. Hay muchas maneras en las que se puede hacer esto—ninguna de ellas es probable que sea políticamente popular.

Cuentas Individuales. La última alternativa es permitir a los trabajadores jóvenes invertir privadamente una porción de sus contribuciones al Seguro Social. La porción no está definida todavía, pero podría estar entre un 2 por ciento de su salario hasta la mitad de las contribuciones del trabajador (6.2 por ciento de su salario). Esto le daría a los trabajadores propiedad y control sobre sus fondos de jubilación y les permitiría aprovechar la ventaja del interés compuesto.

No se espera que los individuos sean inversores sofisticados. Las inversiones, al menos al principio, estarían en fondos seguros y ampliamente diversificados, y dado el horizonte de inversión a largo plazo, habría un riesgo notablemente pequeño. No ha habido alguna vez un periodo de 20 años durante el cual los mercados de capitales estadounidenses pierdan dinero. Y a diferencia del sistema actual, el dinero en estas cuentas podría ser transferido después de su muerte a sus herederos.

Costos de Transición. Algunos alegan que las cuentas privadas podrían costar $2 millones de millones o más. Pero aquellos costos reducirían las deudas no financiadas del Seguro Social casi a la mitad—aunque tendríamos que pagar esos costos ahora en lugar de esperar hasta que se venzan en el futuro.

Detalles por venir. El Presidente Bush no ha respaldado una propuesta especifica de reforma. Hay varios planes que están siendo considerados por el Congreso. Estos varían en función del tamaño de las cuentas, las opciones de inversiones permitidas, los tipos de garantías que ellos ofrecen y como financiarían los costos de transición a corto plazo, ya sea por medio de prestamos o alguna nueva fuente de ingresos. Un plan definitivo será elaborado la primavera siguiente.

Al final, el Congreso tendrá que hacer algunas decisiones difíciles para financiar hoy los costos de transición, pero todos estaremos mejor en el futuro si se hace.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.