La descentralización como alternativa

Gabriela Calderón de Burgos dice que ante la creciente polarización política en democracias alrededor del mundo, que deriva en una parálisis de los sistemas políticos nacionales, se pueden realizar importantes reformas a nivel local.

Por Gabriela Calderón de Burgos

La polarización en EE.UU. se ha agudizado de cara a las elecciones de noviembre de 2020. Bernie Sanders, el más radical de los candidatos presidenciales del Partido Demócrata, lidera cómodamente las encuestas nacionales para obtener la candidatura de dicho partido. Por el lado de los Republicanos, la nominación la obtendrá Donald Trump, quien ha logrado mantener la popularidad con la que llegó a la presidencia vendiendo un relato mítico popular. En esto, según el columnista David Brooks, Sanders y Trump tienen algo en común: ambos venden mitos a través de los cuales la gente interpreta lo que ocurre y quiénes son los héroes y los villanos.

Esta polarización presente en el sistema político de una de las democracias más longevas del mundo también se percibe en otras democracias de primer mundo, como Reino Unido, Italia, España, entre otras.

La democracia liberal está bajo ataque cuando el sistema político está paralizado o amenazado por la polarización. ¿Puede sobrevivir el pluralismo?¿Todavía se pueden lograr consensos?

El ex-alcalde de Chicago Rahm Emanuel considera que las naciones-estado “no reflejan el futuro. De hecho, están en un estado de atrofia y declive”. Él considera que por esta razón hoy los gobiernos de las ciudades ofrecen mayores oportunidades para realizar reformas y ensayar nuevas políticas públicas. Y no solo a nivel local, múltiples municipios pueden organizarse y coincidir en impulsar determinada política hasta que esta llegue a ser prácticamente de aplicación nacional. Esto podría permitir que haya puntos de acuerdo entre distintos partidos políticos, al menos en propuestas de reformas a nivel local, donde los consensos son más fáciles de lograr.

Ya se perciben varios candidatos a la presidencia de nuestro país con la típica retórica de nosotros contra ellos o de “yo puedo hacerlo”. Todos venden su propuesta de cómo van a resolver los problemas del país. Una narrativa alternativa sería que van a permitirle a cada localidad ensayar las soluciones que consideren más convenientes a sus particulares problemas. Y así, algún día, quizás puedan co-existir en Ecuador de manera pacífica líderes como Jaime Vargas que le impongan a los habitantes de su comunidad todos los impuestos que consideren necesarios para financiar los subsidios que deseen, y otros que decidan reducir los impuestos y los subsidios para atraer mayores inversiones. Los ciudadanos serían libres de elegir a cuál de ellos prefiere soportar y financiar con sus impuestos.

No necesitamos estar de acuerdo con las propuestas concretas de Emanuel, Brooks o Vargas, con quienes discrepo en muchas cuestiones, simplemente que cada localidad tenga la libertad para elegir el mix de regulaciones e impuestos que considere convenientes e, igual de importante, que sufra las consecuencias de sus decisiones.

Los avances tecnológicos han eliminado los justificativos técnicos para un sinnúmero de otrora monopolios naturales en los servicios públicos. No hay razón por la que la cada vez mayor especialización y división del trabajo en los mercados no sea llevada también al mercado de la política, con los mismos resultados positivos para los consumidores/clientes de los servicios públicos y gobiernos.

La parálisis a nivel nacional no debería impedir que se realicen importantes reformas a nivel local que derivan en una mejora significativa de la calidad de vida de la gente.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 28 de febrero de 2020.