Juan Pablo II: Campeón de la libertad

por Fernando Alessandri

Fernando Alessandri es Director para América Latina de la International Policy Network y colaborador de www.elcato.org.

Con un mundo occidental deslumbrado por el marketing del supuesto cambio de milenio, (esto, en rigor, no ocurre hasta el próximo año) el Papa Juan Pablo II sigue independiente y está dedicado a organizar un viaje a las tierras en donde la Biblia dice que habló Abraham. Esto no tendría nada de extraño, de no mediar el hecho de que el Pontífice pretende ir al Ur, en la antigua Mesopotamia, un lugar que queda a 240 millas de Baghdad, Irak.

Por Fernando Alessandri

Con un mundo occidental deslumbrado por el marketing del supuesto cambio de milenio, (esto, en rigor, no ocurre hasta el próximo año) el Papa Juan Pablo II sigue independiente y está dedicado a organizar un viaje a las tierras en donde la Biblia dice que habló Abraham. Esto no tendría nada de extraño, de no mediar el hecho de que el Pontífice pretende ir al Ur, en la antigua Mesopotamia, un lugar que queda a 240 millas de Baghdad, Irak.

Para este Papa, no son extravagantes los viajes a lugares recónditos y menos a una zona de conflicto. Su presencia, unida a un discurso de abierta exigencia al respeto a las personas y una defensa de la democracia, se ha hecho sentir y fuerte. De ello podrán dar fe Fidel Castro, Ferdinando Marcos, Jean Claude Duvalier y la dirigencia Sandinista en Nicaragua. Donde quiera que el Papa peregrina con su mensaje de Libertad, su cruzada encuentra adeptos.

A pesar de ser abiertamente anticomunista, coloca a las personas por sobre las ideologías, con lo que les genera varios dolores de cabeza a los burócratas del intervencionismo y los ideológos de restricciones y embargos como forma de desestabilizar a los gobiernos.

Cuando Wojtila pasó por Cuba el año pasado, (ver artículo) el gobierno Federal se vio tan presionado por la fuerza de su discurso acerca de los derechos inalienables de los individuos, que rebajó ostensiblemente algunas de las restricciones arbitrarias que mantiene sobre la isla desde los años sesenta. Esta vez Washington se desvela por las consecuencias de una estadía del Papa en Baghdad.

Mientras el Vaticano defiende que su viaje responde a motivos estrictamente religiosos, Washington busca argumentos para evitar la peregrinación. Arguyen que la presencia de JuanPablo II en esas tierras sólo contribuiría a legitimar al gobierno de Saddam Hussein y ayudaría además a los grupos de presión de Europa y el Medio Oriente que buscan relajar las sanciones internacionales en contra de Irak.

El Papa se mantiene incólume frente a las presiones y defiende su viaje a rajatablas. El ya ha criticado públicamente las sanciones contra Irak, diciendo que sólo afectan a los pobres y no a los líderes de Irak, lo mismo que dijo en Cuba.

El Papa conoce mejor que muchos el horror del intervencionismo. Lo sufrió en carne propia en su tierra natal. La misma Polonia que después supo defender del plan Ruso que buscaba invadir para aplastar al movimiento Solidaridad, de Lech Walesa en 1980. En su país jugó un rol fundamental para respaldar los movimientos anticomunistas que llevarían al derrocamiento del régimen y el establecimiento de la democracia en 1989.

Juan Pablo II debe ir a Irak y servir de ejemplo de convicción, amor a a la justicia, desafío abierto al intervencionismo y respeto a la Libertad, el individuo y la Paz.