Juan Pablo, ven a EE.UU.
Por David Boaz
No hay que ser Católico para admirar el rol del Papa Juan Pablo II en el debilitamiento del comunismo en Europa, o en actos como su valiente visita a Cuba el año pasado. ¿Qué otra persona en el mundo sería capaz de lograr que Fidel Castro ataque por los medios de comunicación al comunismo?
Sin embargo, algunas de las declaraciones más significativas del Papa sobre Cuba, en su reciente visita a la isla, se perdieron por la forma en que los medios internacionales cubrieron su confrontación con Fidel Castro. Juan Pablo II lanzó varios comentarios provocativos y entre los más, se encuentran aquellos sobre la educación. Mientras le hablaba a una multitud congregada en la ciudad de Santa Clara, el Papa llamo a los padres a asumir nuevamente la responsabilidad que les cabe en la educación de sus hijos y fue tajante en desaprobar el comportamiento del estado cubano que subvierte la responsabilidad de la familia.
Las palabras del Papa tuvieron una amplia acogida entre las madres y padres cubanos descontentos con las escuelas manejadas por los comunistas. Pero sus afirmaciones bien pueden ser consideradas también en Estados Unidos, porque hacen relucir algunos puntos críticos de nuestro sistema educativo. Aprovecho de citar las palabras del Papa a millones de cubanos en su misa televisada a los cinco continentes:
"Los padres deben ser reconocidos como los primeros y más importantes educadores de sus hijos. Su rol como formadores es tan decisivo que casi nada puede compensar una falla es cierto que en el área de la educación las autoridades públicas tienen algunos derechos y deberes, ya que deben servir al bien común. No obstante, esto no faculta a las autoridades a suplantar a los padres. De la misma manera, los padres, sin esperar que otro los reemplace en algo que es de su exclusiva responsabilidad, debieran poder elegir el método pedagógico, el contenido ético y cívico, y la inspiración religiosa que les permita lograr una educación integral para sus hijos. No deben esperar que todo les sea dado; deben asumir su misión como educadores al mismo tiempo que buscan oportunidades y crean estructuras adecuadas dentro de la sociedad civil."
Las palabras profundas, pero gentiles del Papa fueron acogidas como una fuerte crítica al sistema escolar Castrista, en donde a los niños se les enseña socialismo, ateísmo y anti- norteamericanismo, sin considerar la opinión ni los valores de sus progenitores. No hay duda que tanto en Cuba como en otros países comunistas, el propósito esencial de las escuelas es erradicar por completo cualquier huella de los valores de los padres, asociados por lo general a la religión o el capitalismo, y reemplazarlos por la teoría marxista y la sumisión el Estado Comunista. Todos los americanos, no sólo los cubano-americanos, deben esperar fervientemente que el mensaje del pontífice ayude a liberar a los niños de Cuba del adoctrinamiento castrista que se imparte en las escuelas.
¿Y cómo andamos en Estados Unidos?
¿Cómo se muestra el sistema norteamericano frente a los estándares papales? Nuestras escuelas son obligatorias y manejadas por el gobierno de turno, con pocas instancias de participación o control por parte de los padres y apoderados. Cada línea del mensaje pontificio en Cuba puede ser interpretada como una crítica hacia nuestro propio monopolio educacional, y a la vez, como una crítica hacia la actitud de los padres norteamericanos que han permitido que el estado tome el control sobre sus responsailidades.
El Papa dice que "los padres deben tener la posibilidad de elegir la educación que deseen para sus hijos", incluyendo: "el método pedagógico, el contenido ético y cívico, y la inspiración religiosa que les permita tener una educación integral." Claramente, la mayoría de los padres en Estados Unidos no pueden hacerlo, aunque así lo deseen. Al tener que pagar impuestos para sostener las escuelas públicas, muchos se sienten impedidos para pagar una segunda vez para que sus hijos asistan a escuelas privadas que se ajusten mejor a sus valores. A pesar de la gran red de escuelas Católicas, muchos padres que profesan esa religión se sienten demasiado abrumados por sus gravámenes como para cumplir con el llamado del Pontífice. Y, por lo tanto, deben quedarse con un sistema que les impide, virtualmente, cualquier control sobre el método pedagógico - es decir, el estilo utilizado para enseñar- o los valores que se transmiten a sus hijos en las escuelas públicas. Respecto a la inspiración religiosa está absolutamente ausente de las escuelas públicas norteamericanas. Es apropiado para los colegios primarios y secundarios dirigidos por un gobierno de una sociedad multicultural que se evite la enseñanza de una religión en particular, pero eso nos obliga a cuestionarnos si las escuelas debieran ser manejadas por el gobierno.
Bajo los estándares del Papa, parecería que los padres norteamericanos están siendo privados de su libertad para ejercer la responsabilidad que les compete en dirigir la educación de sus hijos. Pero para estos padres, el mensaje papal puede resultar un poco incómodo, ya que los obliga a meditar acerca de si cumplen o no sus obligaciones como padres: y dice el Papa "su rol como educadores (de los padres) es tan decisivo, que muy pocas cosas pueden compensar su fracaso en ello"; los padres "no debieran esperar que todo les sea dado."
El Papa parece estar diciendo que los padres no deben renunciar a su obligación moral de dirigir la educación de sus hijos, y no debieran simplemente esperar que otras personas, o el gobierno, pague por algo que es de su exclusiva responsabilidad.
Lo anterior no quiere decir que los niños deban ser educados en sus casas. Es más, el Papa recalca que "al asumir su misión de educadores" los padres "buscarán oportunidades y crearán las estructuras adecuadas en la sociedad civil." Según lo entiende Juan Pablo II, "sociedad civil" incluye a todas las asociaciones de una Sociedad - incluyendo iglesias, escuelas, clubes y empresas- pero no al gobierno.
Los padres, por lo tanto, tienen una responsibilidad moral de dirigir el estilo y contenido de la que será la educación de sus hijos. El gobierno no debe usurpar ese rol y , a su vez, los padres no deben esperar que la educación para sus hijos simplemente se les proporcione. Este es un mensaje que debiéramos oír por todos los Estados Unidos. El fracaso de las escuelas administradas por el gobierno es una causal directa tanto de la intervención gubernamental en una función familiar crítica, como de la renuncia de los padres a su deber como tales. Esperemos que la salud del Papa le permita venir a transmitir su mensaje directamente a Washington DC, pronto.
Publicado originalmente en The Freeman de febrero, 1999.
Traducido por Fernando Alessandri para Cato Institute.