Inyección de dinero, la cantinela de siempre

Víctor Pavón dice que la desaceleración económica no se corregirá con un mayor intervencionismo estatal.

Por Víctor Pavón

La inyección de dinero de más de mil quinientos millones de dólares que pretende el gobierno desde el Estado para contrarrestar la desaceleración de la economía, se viene a constituir en la cantinela de siempre para así repetir algo con insistencia y de manera inoportuna.

Esta medida será un paliativo que podrá elevar la demanda agregada como sugería John Maynard Keynes, precursor del estatismo. Pero, en el mediano y largo plazo no hará variar las condiciones que se desea modificar. Volverá en nuestra economía la notoria caída de las ventas y comercialización de bienes y servicios, ¡luego haberse despilfarrado más de 1,5 mil millones de dólares!

El ciclo económico contractivo no se corrige con más intervencionismo estatal. Y no se trata de acusar sin argumentos al gobierno del presidente Mario Abdo. Pero convengamos que la terca insistencia en la ley de reforma tributaria lo va dejando cada vez más mal parado. Los hechos lo dicen por sí solo. La población en particular en las ciudades fronterizas, se enfrenta a una desaceleración de la economía diaria, a lo que se suma el no menos importante escenario en países como Argentina y Brasil.

No es sorpresa que países como el nuestro se encuentre en la situación en la que hoy está, evidenciado por el recorte en la cadena de ventas y la comercialización interna. Tampoco resulta llamativo, al menos si se analiza lo que pasa con Argentina y Brasil en los últimos años, que estos países apelen a la devaluación de sus monedas como una medida más para tratar de paliar el populismo monetario y fiscal que han venido practicando.

En caso de Paraguay es un país mediterráneo con lo que se eleva el costo de su comercio internacional, se halla supeditado al clima, al suelo, a los precios de sus commodities y no ha hecho las reformas necesarias  de fondo en todas estas décadas para hacer crecer su economía por encima de su crecimiento poblacional y elevar el ingreso per cápita.

¿Por qué entonces el gobierno parece como sorprendido de lo que pasa y además reacciona tarde? Para colmo, insiste en lo mismo, inyectando dinero desde el Estado para estimular la demanda.

La reactivación de la economía no es obra del Estado ni de los burócratas sentados en sus oficinas. Es el resultado de sacar de lado los  obstáculos al ahorro y al capital de modo a que el factor de producción trabajo encuentre donde ubicarse, esto es, pueda ser absorbido creando puestos laborales.

Lo que se llama aumento de la demanda por medio de la inyección de dinero desde el Estado significará ciertamente el incremento del circulante de dinero, lo que supondrá un estímulo a la economía.  Sin embargo, apenas será un paliativo para luego volver las cosas tal como estaban puesto que no se ha creado ni ahorro ni inversión privada.

En realidad, y eso bien lo explica la Ley de Say, no puede existir demanda sin haber oferta. Todos compramos (demandamos) lo que previamente se produce. Y el Estado no produce, no hace economía porque no crea capital sino que lo redistribuye lo que otros hacen. Es un intermediario ineficiente que traslada sus costos al sector privado, como bien se vuelven a constatar en estos días con las multimillonarias amañadas licitaciones.

Con los atractivos activos estratégicos con los que cuenta nuestro país, como el clima,  su geografía, energía eléctrica y juventud, es tiempo de no seguir equivocándose con la cantinela de inyectar dinero desde el Estado. Es preciso dejar libres a los individuos y empresas de las ataduras de la burocracia, el mal gasto y el despilfarrador uso de los recursos, impuestos y regulaciones para hacer  crecer a la economía por lo menos al 7 y 10 por ciento anual.