Innovación, a pesar del gobierno

Gabriela Calderón de Burgos indica que como es poco probable que encontremos una vacuna en 18 meses, aunque si es probable que encontremos antes tratamientos eficaces para el virus, las personas, las familias y las empresas ya están tomando distintas medidas para adaptarse lo suficiente para poder co-existir con el virus.

Por Gabriela Calderón de Burgos

Es cierto que son tiempos difíciles y que esto recién está empezando. Es realmente poco probable que llegue al rescate una vacuna en 18 meses, pero antes encontraremos tratamientos eficaces para el virus. El periodista científico Matt Ridley destaca que hay múltiples tratamientos que muestran promesa: los inhibidores de proteasa, remdisivir, favipiravir (conocida como Avigan), los anticuerpos monoclonales, y la hidroxicloroquina (especialmente si es combinada con el antibiótico azitromicina). Ridley señala los reparos que cada uno de estos potenciales tratamientos tiene que superar todavía, pero se siente optimista dado que espera que  “en uno o dos meses, una de las 30 o más terapias que están siendo ensayadas actualmente es probable que sea efectiva y segura”. Si consideramos que la epidemia se inició hace más o menos tres meses la velocidad de los descubrimientos preliminares ha sido impresionante.

Pero volvamos a la mala noticia: es muy poco probable que encontremos una vacuna pronto y por lo tanto tenemos que aprender a convivir con el virus. Los confinamientos obligatorios pueden achatar la curva pero no desaparecen el virus. Ante esta realidad desagradable, la buena noticia es que las personas, las familias y empresas no se han quedado con los brazos cruzados. La escasez inicial de equipos de protección personal y de alcohol y desinfectantes se ha ido resolviendo y ahora hay múltiples vendedores y productores.

A las empresas no les conviene un alto nivel de ausentismo por miedo entre sus empleados a ser contagiados ni mucho menos les conviene que se dé un brote en su lugar de trabajo. Por eso aquellas que nunca pararon pueden ser el ejemplo para las que se vieron obligadas a cerrar durante la cuarentena. Estas empresas atravesaron un intenso proceso de prueba y error del cual todos los negocios pueden aprender. En la empacadora Santa Priscila los empleados que ya estaban acostumbrados a trabajar con guantes, botas y gorros, ahora se les toma la temperatura, deben esterilizarse las manos y pasar por túneles de desinfección al momento de ingresar a la planta. Adicionalmente, evitan que se topen los dos turnos de trabajadores adelantando la hora de salida para cada grupo. En el comedor de la empacadora donde usualmente comían 8, ahora solo comen 3 para guardar la distancia. Hace un mes la planta operaba con un 60% del personal por el ausentismo, hoy ya están trabajando con un 80% del personal. Algunas camaroneras han contratado doctores a tiempo completo para que estén disponibles 24 horas al día vía celular a cualquier de sus empleados y así han ido armando un perfil médico de cada uno para identificar los más vulnerables y poder reaccionar de manera ágil y adecuada.

Los supermercados proveen otras lecciones. Esta semana Supermaxi empezó a probar el uso de la aplicación U First para asignar turnos a sus clientes, de manera que se pueda evitar la aglomeración en las filas.

Los seres humanos tenemos una impresionante capacidad de innovación, cooperación y adaptación. Esto se da a pesar de los gobiernos, pero ciertamente ayuda mucho tener la libertad para continuar explorando, mediante un proceso de prueba y error, las diversas soluciones que nos permiten co-existir con el virus.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 8 de mayo de 2020.