Incluso en los lugares donde aún existen, los impuestos sobre el patrimonio son costosos
Adam N. Michel dice que incluso en los lugares donde aún existen, los impuestos sobre el patrimonio se enfrentan a las mismas presiones que llevaron a su derogación en otros países.
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Por Adam N. Michel
La respuesta más común que escucho cuando hablo sobre los experimentos históricos, los fracasos y la derogación de los impuestos globales sobre el patrimonio es: "¿Y qué hay de Suiza… o Noruega?".
El número de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con impuestos anuales sobre el patrimonio se redujo de 12 en la década de 1990 a 4 en la actualidad. Chris Edwards y yo documentamos esta historia en nuestro análisis de políticas, "Los fracasos de los impuestos sobre el patrimonio".
Pero los cuatro países que aún lo mantienen no hacen más que reforzar los argumentos en contra de gravar el patrimonio en Estados Unidos. A continuación se analiza brevemente cada uno de ellos. Noruega, España y Colombia están experimentando la misma elusión, evasión y fuga de capitales que llevó a la mayor parte de Europa a derogar sus impuestos sobre el patrimonio. El impuesto sobre el patrimonio de Suiza no es inmune a estas presiones, pero el daño que estas causan se ve compensado por el resto de su sistema fiscal, que favorece al capital.
Suiza
El Washington Post publicó recientemente mi carta al editor en respuesta al artículo de opinión de Warren Gorlick, "¿Gravar a los ricos? Sigan el ejemplo de Suiza, no de la izquierda". Gorlick tiene razón al afirmar que vale la pena imitar el modelo fiscal de Suiza. Pero mi carta, de la que se incluye un extracto a continuación, sostiene que su impuesto sobre el patrimonio es precisamente lo que no se debe imitar.
El gobierno suizo es mucho más pequeño que el nuestro. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en 2024 el gasto público total en Suiza fue solo de alrededor del 32,5 por ciento del producto interno bruto, en comparación con aproximadamente el 39,6 por ciento en Estados Unidos. Los votantes suizos también han garantizado la disciplina fiscal mediante un freno al endeudamiento exigido por la Constitución —una forma de regla de equilibrio presupuestario— que vincula el gasto a los ingresos proyectados, permite déficits durante las recesiones y exige que el gobierno genere superávits para saldar dichos déficits.
Sí, Suiza también tiene un impuesto sobre el patrimonio de baja tasa, pero el resto de su sistema fiscal compensa el impacto negativo. El país, en general, no tiene impuesto individual sobre las ganancias de capital, cuenta con bajos impuestos sobre la renta de las empresas y tiene impuestos moderados al valor agregado y a la renta individual. E incluso con la compensación del resto del sistema, los investigadores han descubierto que pequeñas reducciones en la tasa del impuesto sobre el patrimonio tienen grandes efectos positivos en el patrimonio declarado.
La lección de Suiza no es que Estados Unidos necesite un impuesto sobre el patrimonio o más ingresos. Es que Estados Unidos necesita gastar menos. Suiza es un modelo a pesar de su impuesto sobre el patrimonio, no gracias a él.
Noruega
En 2022, Noruega aumentó las tasas de su impuesto sobre el patrimonio, y hoy en día la tasa máxima es del 1,1 por ciento. Junto con los cambios en los impuestos sobre las ganancias de capital y los dividendos, los aumentos desencadenaron un éxodo ampliamente difundido de noruegos acaudalados hacia otros países con impuestos bajos, entre ellos Kjell Inge Røkke, uno de los contribuyentes más importantes del país.
Tord Ueland Kolstad, un inversionista inmobiliario que se mudó a Lucerna, Suiza, en 2022, describió los efectos del impuesto sobre el patrimonio como "o te vas de Noruega o vendes tu empresa". Kolstad afirma que, tras su mudanza, recibía varias llamadas a la semana de otros noruegos que consideraban mudarse.
El Ministerio de Finanzas de Noruega estimó que, en 2022 y 2023, los noruegos que abandonaron el país se llevaron consigo alrededor de 15 mil millones de dólares en ingresos diferidos, lo que representa más de 5 mil millones de dólares en ingresos fiscales no recaudados.
Los contribuyentes que se quedan también reaccionan. Tres académicos noruegos descubrieron que los propietarios transfieren su patrimonio a empresas de capital cerrado que reciben descuentos en su valoración. Otros se trasladan dentro de Noruega. En 2021, el municipio norteño de Bø redujo su tasa del impuesto sobre el patrimonio. La respuesta resultante indicó que, tras una reducción de un punto porcentual en la tasa impositiva, el patrimonio imponible promedio aumentó un 60 por ciento, impulsado por un incremento de más de un tercio en el número de contribuyentes del impuesto sobre el patrimonio que se trasladaron.
El ex campeón de esquí de fondo Bjørn Dæhlie según se informa retira entre 600.000 y 800.000 dólares al año de su empresa de inversiones para pagar el impuesto sobre el patrimonio, lo que a menudo equivale aproximadamente a lo que la empresa gana en un año. Para limitar los costos del impuesto sobre el patrimonio, Dæhlie se mudó a Bø tras la reducción del impuesto.
España
Las tasas y los umbrales del impuesto sobre el patrimonio en España los establecen las regiones, con una tasa máxima nacional por defecto del 3,5 por ciento.
En versiones anteriores del impuesto sobre el patrimonio, Madrid lo eliminó de hecho para los residentes locales mediante un crédito del 100 por ciento. En los años posteriores a que Madrid redujera a cero su impuesto sobre el patrimonio, su número de contribuyentes con patrimonio creció, y las regiones que perdieron residentes renunciaron a seis veces más ingresos por el impuesto sobre la renta de las personas físicas que por el impuesto sobre el patrimonio.
El Impuesto de Solidaridad sobre Grandes Fortunas de 2022, establecido como medida de respaldo nacional, anuló los créditos regionales. El impuesto nacional recaudó solo alrededor del 40 por ciento de los ingresos que el gobierno esperaba y precipitó un éxodo reportado de contribuyentes acaudalados que se mudaron a la vecina Portugal.
Colombia
Colombia hizo permanente su impuesto sobre el patrimonio en 2022, con una tasa máxima del 1,5 por ciento, tras décadas de aplicación intermitente. Pero podría ser el próximo país en derogar el impuesto al patrimonio. En su toma de posesión en agosto de 2026, el presidente Abelardo de la Espriella prometió eliminar el impuesto al patrimonio.
Después de que Colombia ampliara el impuesto al patrimonio en 2010, los economistas del Banco de la República descubrieron que las pequeñas y medianas empresas recién sujetas a este impuesto se enfrentaban a un crédito más restringido porque el impuesto agotaba su capital, lo que las llevaba a recortar la inversión, la productividad y el empleo.
Las personas también reaccionan ocultando su patrimonio. Juliana Londoño-Vélez y Javier Ávila-Mahecha descubrieron que, cuando aumentan las tasas del impuesto sobre el patrimonio en Colombia, los contribuyentes reducen de inmediato el patrimonio declarado al subestimar los activos difíciles de verificar e inflar las deudas. Los mismos investigadores concluyeron que dos quintas partes del 0,01% más rico de los contribuyentes colombianos evadían el impuesto, ocultando aproximadamente un tercio de su patrimonio en paraísos fiscales.
Y como lo expresó un asesor patrimonial: "Los ultrarricos de Colombia no residen fiscalmente en Colombia". Las dos personas más ricas del país, Jaime Gilinski y David Vélez, viven en Panamá y Uruguay. Incluso las estrellas del deporte, como el futbolista Radamel Falcao, negocian sus contratos para evitar cumplir con las normas de residencia y así eludir el impuesto.
Una historia de fracasos
Incluso en los lugares donde aún existen, los impuestos sobre el patrimonio se enfrentan a las mismas presiones que llevaron a su derogación en otros países. Las experiencias de Colombia, Noruega y España muestran que los impuestos sobre el patrimonio están sujetos a una evasión fiscal generalizada, a ingresos inferiores a lo esperado y a la fuga de capitales. Suiza no es inmune a estas presiones; sin embargo, el resto de su sistema fiscal compensa el daño causado por el impuesto sobre el patrimonio.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 27 de octubre de 2026.