Incluir a las escuelas privadas significa que la orden de Youngkin limita la libertad
Neal McCluskey considera que la orden ejecutiva del gobernador de Virginia Glenn Youngkin no toma en cuenta la libertad para elegir de los padres que optarían por enviar a sus hijos a un ambiente escolar donde todavía sea obligatorio el uso de mascarillas.
Por Neal McCluskey
Como un candidato, el gobernador Glenn Youngkin reconoció que muchos padres estaban en conflicto con sus escuelas públicas, sintiéndose impotentes conforme los funcionarios de los distritos les decían si las escuelas estarían abiertas o cerradas, o lo que enseñarían, sin importar lo que los padres deseaban.
Youngkin se montó en esa ola hacia la victoria, prometiendo darle poder a los padres de Virginia. Pero cuando se trata de probablemente la cosa más importante que la incipiente administración de Youngkin ha realizado —prohibir la obligación de usar mascarillas en las escuelas— él ha fracasado la prueba de darles poder, al menos si el objetivo es darle poder a todos los padres.
La orden ejecutiva de Youngkin, “Reafirmando los derechos de los padres en la crianza, educación y cuidado de sus niños” dice que “los padres de cualquier niño inscrito en una escuela primaria o secundaria o en una escuela fundamentada en los cuidados de infantes y programas educativos pueden elegir para sus niños el no estar sujetos a orden vigente alguna de usar mascarilla en la escuela del niño o en su programa educativo”.
Muchas personas probablemente asumieron que el intento de la orden era acabar con los mandatos de usar mascarillas en las escuelas públicas. Esas escuelas han sido el foco de la ira de los padres y son instituciones estatales sobre las cuales el estado tiene una autoridad clara.
Esa presunción estaría equivocada.
La orden de Youngkin prohíbe tanto que las escuelas públicas como las privadas ordenen el uso de mascarillas. La orden no menciona de manera explícita a las escuelas privadas, lo cual en primera instancia permitió que las escuelas lo descifren por sí solas. Pero cuando mi organización llamó al Departamento de Educación de Virginia, los funcionarios confirmaron que la orden sí se aplicaba a todas las escuelas privadas.
Ordenarle a las escuelas públicas acabar con la obligación de usar mascarillas podría tener un sentido intuitivo, porque en esas escuelas cualquier familia ha tenido esencialmente un poder nulo. Si un distrito dice, “usted usará mascarilla”, pero una familia teme que usar mascarilla siete horas al día, cinco días a la semana será perjudicial para el desarrollo de un niño, o concluye que las investigaciones no respaldan la obligación de usar mascarilla, allí básicamente no hay nada que puedan hacer.
La orden de Youngkin los ayuda.
Pero hay un gran lado opuesto. Mientras que muchos padres desean que sus niños sean liberados de las mascarillas, muchos otros —probablemente una gran mayoría— creen que sus niños serán expuestos a un peligro de manera inaceptable si están en la escuela donde unos niños no usan mascarilla. Después de todo, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades recomienda el uso universal de mascarillas en las escuelas, y gran parte de la protección aportada por las mascarillas se supone que debe venir del “control de la fuente”, esto es, la persona infectada usando una mascarilla que bloquea la capacidad que tienen de liberar el virus, no alguien usando una mascarilla que impide que lo inhalen.
La orden de Youngkin se volcó en contra de esos padres.
Por supuesto, en una sola escuela no se puede acomodar a los dos tipos de padres. Los deseos de un uso total de mascarillas o de ambientes en los que la mascarilla es opcional son mutuamente exclusivos. Pero cualquier escuela debe elegir una política.
La manera de escapar de del resultado en el que el ganador se lo lleva todo es permitir que personas diversas elijan escuelas basándose en las políticas de esas instituciones. Las familias que buscan ambientes en los que el uso de mascarillas es opcional eligen escuelas con esas políticas. Aquellos que desean que todos usen mascarillas eligen escuelas con la obligación de usar mascarillas.
Pero la orden de Youngkin limita eso, diciendo que incluso las escuelas privadas —libremente elegidas— no pueden requerir el uso de mascarillas.
El razonamiento parece ser que la decisión de usar o no usar mascarilla siempre debería quedar en manos de los padres, pero eso es un pensamiento superficial acerca de cómo la libertad para elegir de hecho funciona. Realmente no hay una libertad para elegir si el estado dice que algunos padres —aquellos que quieren poder elegir una educación sin mascarillas— pueden imponer lo que ellos desean a otros padres. Aún así eso es lo que la orden hace.
Para ser justos, la administración anterior hizo lo mismo, solo con un objetivo diferente. Esta aplicó el mandato de usar mascarillas a las escuelas privadas, incluso si esas escuelas querían tener políticas menos estrictas respecto del uso de mascarillas. Eso también estuvo mal. Pero el gobernador Ralph Northam no asumió su cargo prometiendo darle más poder a los padres. Youngkin sí lo hizo.
Él no puede cumplir esa promesa al limitar las opciones educativas que muchos elegirían.
Este artículo fue publicado originalmente en PilotOnline.com (EE.UU.) el 31 de enero de 2022.