Igual que antes de la Revolución Francesa

Víctor Pavón considera que en Paraguay durante los años posteriores a la dictadura, en lugar de desarrollar un estado de derecho más sólido, se ha venido mermando el sistema liberal republicano.

Por Víctor Pavón

Son varias las maneras de percatarse acerca de cómo la representación del pueblo enmarcada en los principios del liberalismo republicano, en estos años y luego de la caída de la dictadura, se está destruyendo para hacer lugar a la política sin principios y propuestas, esa política convertida en politiquería y que levanta en un pedestal a los peores para de ese modo alzarse con un poder que hasta los antiguos monarcas les tendrían envidia.

Los representantes del pueblo ya no son tales. Además de auto representarse a sí mismos y a sus seguidores que como a los bufones les mantienen como fieles adeptos, también está ocurriendo en estos tiempos que la representación del pueblo es utilizada, financiada, malversada y con riquezas mal habidas, mediante el dinero de la gente que trabaja honestamente y se esfuerza diariamente en favor de sus familias y un mejor país.

Esta situación de auto asignarse privilegios por parte de los dirigentes políticos es contraria a los valores de la sociedad libre y se está haciendo con cargo al dinero de los contribuyentes, quienes soportan sobre sus espaldas una pesada carga que se ha vuelto insoportable. Más inmoral todavía resulta es que en este proceso de redistribución del dinero que de manera coercitiva se hace mediante la falsa democracia donde la mayoría manda, no solo es costosa e ineficiencia, sino también recae peligrosamente sobre los más pobres, los realmente menesterosos que ni siquiera cuentan con los servicios básicos de salud, agua potable, baños, agua corriente, electricidad y otros que hacen finalmente al concepto de vivir en la sociedad políticamente organizada.  

Esta detestable como repudiable conducta de corrupción de los que dicen contar con la representación del pueblo es demasiado similar a lo que si se retrocediera en la historia, sucedía en aquellos días antes de llevarse a cabo la Revolución Francesa del año 1789, situación que podría suscitarse en el presente mediante una rebelión contra los que se burlan, mienten y roban al pueblo desde lujosas oficinas y a plena luz del día.

Sin la  mínima vergüenza por los daños que provocan, se han vuelto insensibles a lo más nobles sentidos de comprensión y amor hacia el prójimo que es tan igual como sacarles el pan de la boca a los niños. Y no se trata sólo de los privilegios en los cupos de combustibles, celulares y otros más, entre los que se suma recientemente el seguro vip médico, como también el de obtener una exorbitante jubilación en apenas dos períodos y con el sesenta por ciento de lo percibido en concepto de dietas y gastos de representación, en contraposición al hombre y mujer de la calle quienes obtienen sus jubilaciones luego de más de 35 años de actividad laboral.

También se trata de la destrucción del noble concepto de la igualdad ante la ley. En oposición a lo que la barbarie implica la supremacía de los más fuertes, los que usan y abusan del poder para auto atribuirse privilegios, está el noble principio de la igualdad ante la ley, una de las únicas herramientas de la libertad para salvar a la democracia constitucional de la tentación de un inmediato mesías que en cualquier momento puede aparecer para imponer el nuevo orden.

Si el Paraguay no ha de caer en dicha tentación mesiánica, la ciudadanía conformada por cada uno de sus habitantes deberá reconocer al estado de derecho como aquel en el que rigen las leyes y normas generales e iguales para todos, sin interesar si recae sobre el más sabio o el más ignorante, sobre el rico o el pobre. Esta es la tradición de la libertad en el que las leyes son de aplicación general e imparcial; someten a todos por igual, sin beneficios ni privilegios a un grupo o individuo en particular.