Hacer que la vacuna sea obligatoria haría más daño que bien

Michael Cannon considera que obligar a las personas que no está dispuesta a vacunarse en lugar de persuadirlas generaría todavía más desconfianza en el programa de inmunización del gobierno.

Por Michael F. Cannon

Con una enfermedad peligrosa circulando en la población, el objetivo del gobierno debería ser reducir la cantidad de daño que los individuos se hacen mutuamente. La vacunación puede reducir dichos daños, pero hacer que la vacunación contra el COVID-19 sea obligatoria haría más daño que bien. 

EE.UU. puede lograr la “inmunidad de rebaño” sin recurrir a los mandatos. Ya ha habido una alza sustancial en la confianza en las vacunas. Una encuesta reciente realizada por la Kaiser Family Foundation encontró que la porción de adultos estadounidenses dispuestos a vacunarse aumentó de 63 por ciento en septiembre a 71 por ciento en diciembre. Eso se acerca al 75 a 85 por ciento que el Dr. Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del gobierno, estima que necesitaríamos para lograr la inmunidad de rebaño. Ese incremento fue el resultado de la persuasión—una mayor concientización del público acerca de los peligros del COVID-19 y más evidencia acerca de la seguridad y eficacia de la vacuna—no a los mandatos. 

Esa misma encuesta sugiere que la mayor parte de los que todavía se niegan a vacunarse también están abiertos a ser persuadidos. Del 27 por ciento que dicen que no están actualmente dispuestos a ser vacunados, solo 37 por ciento dicen que no confían en las vacunas en general. Las preocupaciones más predominantes entre aquellos que no están dispuestos están relacionadas con los efectos secundarios y con el deseo de que se reúnan más datos. Esto significa que la mejor manera de lograr la inmunidad de rebaño en EE.UU. es tratar a los escépticos de las vacunas como adultos, dándoles información verdadera y permitiéndoles decidir. 

En el ambiente políticamente cargado de hoy, un mandato podría irónicamente hacer que los escépticos estén todavía menos dispuestos a vacunarse —o a cumplir con otras medidas de control de pandemia. Más de la mitad de los que se niegan a vacunarse ya dicen que no confían en el estado. Un mandato los haría todavía más desconfiados. También fomentaría un movimiento más amplio en contra de las vacunas al permitir que los activistas argumenten que el gobierno sabe que no puede ganar el debate en torno a las vacunas solo con la persuasión. Al final del día, una obligación de vacunarse podría de manera no intencional retardar la inmunidad de la población y aumentar las muertes causadas por el COVID-19.

Este artículo fue publicado originalmente en New York Times Upfront (EE.UU.) el 15 de febrero de 2021.