Es lo contrario de lo que nos dicen

Víctor Pavón considera que es errado asociado la cantidad de proyectos de ley con la calidad del legislador.

Por Víctor Pavón

De manera insistente los candidatos de todos los partidos políticos proponen a la gente más leyes en caso de ser electos. Se asocia la cantidad de proyectos de ley con la calidad del legislador. Esta idea es tan repetitiva que hasta parece cierta. Sin embargo, la misma es un viejo dogma ampliamente difundida con aviesa intención.

El dogma es una proposición que no admite discusión, es irrefutable e inobjetable y, por ende, contrario al debate y a la misma ciencia. Por ejemplo, se cree que la acción legislativa es bondadosa y benévola para la sociedad.

Sin embargo, la realidad es que si no desmitificamos este tipo de ideas lo que tendremos es todavía más avances del Estado sobre la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Las leyes, especialmente aquellas que les van quitando responsabilidad a los individuos por sus propios actos, hacen que todo tenga una “solución política” o lo que es lo mismo que decir sacarles a unos para darle a otros apelando a la coacción de la ley.

El dogma de considerar como al mejor legislador a aquel que más leyes propone resulta muy útil para los políticos. Estos son los primeros en beneficiarse de esta práctica dado que les permite contar con la excusa perfecta para hacer propaganda a favor del gasto público, aprobar más endeudamientos, más impuestos, más oficinas y papeleos, etcétera.

Este sometimiento del dinero de los contribuyentes y las finanzas al poder político es la fuente de la que emana el paternalismo y el asistencialismo gubernamental, en particular hacia las personas más pobres. De aquí en más surge la “solución política” para cualquier problema de la gente, un arma poderosa en manos de los que ocupan cargos y es así como convierten a muchos ciudadanos en dependientes de otras “soluciones políticas” que les proveerá el “líder de turno”.

Por supuesto que proponer leyes que amplíen los intercambios voluntarios entre los individuos y derriben los obstáculos burocráticos para dar lugar a la iniciativa empresarial es plausible. Pero esta no es la regla; además ¿para qué servirían los políticos?

Lo mejor para el país y sus habitantes consiste en quitar las barreras que impiden la cooperación voluntaria entre las personas, en donde las leyes se apliquen sin contemplación a aquellos que causan daño a los demás. El desarrollo que tanto dicen desear los políticos se consigue haciendo lo contrario de lo que ellos dicen. El progreso se logra garantizando los intercambios voluntarios y en el respeto a la propiedad privada.