Errores que transforman

Víctor Pavón indica que Paraguay no sufre de un problema de insuficiencia de recaudación fiscal sino más bien con un problema institucional debido a que se mantiene un modelo de gasto público que no tiene compromisos de calidad ni de rendición de cuentas.

Por Víctor Pavón

El ministro de Hacienda, Benigno López, en su artículo “Reformas que transforman” publicado recientemente en el diario ABC sostiene dos termas trascendentales que permiten conocer acerca de su línea de pensamiento como ministro en el ramo y sobre el por qué se debería dar lugar a la reforma impositiva.

Primero, afirma que “nos enfrentamos a un círculo vicioso de escasez de recursos y desconfianza” y que Paraguay “cuenta con una baja carga tributaria que no pasa del 10% del PIB, lo cual es insuficiente para cubrir las demandas ciudadanas”. 

Segundo, dice que “tampoco cumplimos con el mandato constitucional de respetar la capacidad económica del ciudadano a la hora de contribuir. Nuestro sistema tributario –sigue diciendo el ministro– no recoge principios de justicia y equidad, ya que los impuestos directos son los que menos inciden”. 

Ambas aseveraciones del ministro merecen una respuesta, al menos para que no queden dudas acerca de si estamos o no de acuerdo con las mismas. La verdad es que no se puede estar de acuerdo porque su línea de pensamiento contiene una alta dosis de errores que considero son bien intencionados, pero no por ellos ciertas. 

En primer lugar, no es cierto que el Estado paraguayo no tenga los recursos necesarios para acometer con relativo éxito los gastos públicos. Informes oficiales del propio ministerio de Hacienda dan cuenta que los ingresos se han venido multiplicando en estos años, pero también los egresos tienen la misma tendencia, una suerte de juego de suma cero. Esto se demuestra de dos maneras.  

Una tiene que ver con la recaudación tributaria registrada el año pasado (2018) donde de cada Guaraníes 100 que se recaudó, Gs. 75 terminó en salarios, lo que significa que apenas Gs. 25 se destinan a inversiones y obras. Y la otra forma de demostrar es la configuración técnica del Presupuesto de Gastos de la Nación, elaborado bajo el modelo del crecimiento vegetativo en el que si el año anterior es 100, pues ahora tiene que ser 120 o 130 y así de manera progresiva, sin viso alguno de modificación en la tendencia del gasto. 

Por lo demás, tampoco el ministro está en lo cierto cuando sostiene que nuestro país cuenta con una baja carga tributaria que no pasa del 10% del PIB, lo cual es insuficiente para cubrir las demandas ciudadanas. Esto no es cierto, porque el componente del Producto Interno Bruto (PIB) y su relación con la carga tributaria que, a propósito fue cambiado hace poco, no toma en cuenta el gasto corrupto y despilfarrador, así como tampoco las malas leyes y la tremenda informalidad que se tiene en el país. Es un engaño creer que Paraguay puede seguir aumentando su carga tributaria sin tomar en cuenta que eso significa costos que se trasladan en evasión, contrabando, subfacturación, etc. Todo esto ocurre porque continúa el modelo de un gasto público que no tiene compromiso de calidad ni rendición de cuentas. Lo peor que le podría suceder al país es perder lo poco que todavía tiene de competitividad tributaria

De igual importancia a señalar es que el ministro considera necesario más impuestos directos. Este es un error conceptual, muy propio de los economistas y analistas de tendencia keynesiana y estatista. Los impuestos directos son en realidad los más injustos porque gravan y castigan los ingresos que la gente y las empresas destinan al mercado de capitales o lo que es lo mismo, es una forma de afectar negativamente al ahorro y la inversión.