El shock del desplazamiento de trabajos por el COVID-19

Ryan Bourne señala que la estrategia adoptada por gran parte de los gobiernos alrededor del mundo de congelar la economía en marzo de 2020 podría retardar o desacelerar la necesaria re-asignación de trabajadores en la economía posterior al shock COVID-19.

Por Ryan Bourne

Gran parte de la respuesta de política económica frente a la pandemia alrededor del mundo parece estar diseñada para congelar la economía en marzo de 2020. Las relaciones existentes de empleo fueron subsidiadas, las empresas obtuvieron préstamos para alentarlas a que protejan su nómina de pagos, y los rescates buscaron mantener a las industrias existentes de pie.

Estas políticas tenían un razonamiento claro y comprensible: preservar las relaciones económicas existentes. Cuando se trata de trabajos, el razonamiento era que los despidos en masa conducirían a una gran desconexión entre las habilidades y los empleos, creando una ineficiencia gigantesca. Muchos creían que la pandemia sería como una vacación extendida y que simplemente podíamos retomar las cosas hoy donde nos quedamos al proveer un respaldo durante el receso a las empresas y los hogares. Bajo esta perspectiva, los despidos y la re-contratación provocarían desperdicios innecesarios y prolongarían el dolor del shock de la pandemia.

Eso siempre fue extremadamente optimista. Las economías son tanto dinámicas como orgánicas, con un constante recambio de empleos y empresas incluso en tiempos normales. Había también una incertidumbre gigantesca acerca de la duración de esta pandemia. Preservar la estructura económica de marzo de 2020 vendría por lo tanto con costos cada vez más altos.

El riesgo enorme de esta estrategia, sin embargo, era que la pandemia en sí induciría un cambio económico mucho mayor que el normal. Si trajo consigo alteraciones permanentes o semi-permanentes en los comportamientos o gustos, entonces subsidiar empresas para proteger los empleos o negocios existentes de hecho desacelera la recuperación de los trabajos. 

Conforme la economía se despertó a las nuevas realidades de un mundo cambiado, quisiéramos que los trabajadores y el capital sean re-asignados adonde son más productivos y que esto suceda lo más rápido posible. Los programas que retardaron o desalentaron esta re-asignación entonces se volverían extremadamente costosos. 

Esa perspectiva es la conclusión de un nuevo estudio publicado por el Becker-Friedman Institute y elaborado por los economistas Jose Maria Barrero, Nick Bloom, y Steven J. Davis. Analizando la Encuesta de Incertidumbre en las Empresas, encontraron que:

  • Una medida de re-asignación de empleos a través de las empresas era 2,4 veces mas alta en abril que el valor promedio anterior a la pandemia, sugiriendo una importante re-asignación de empleos inducida por el COVID-19. 
  • Entre el 1 de marzo y mediados de abril, el shock del COVID-19 había llevado a 3 nuevas contrataciones a corto plazo por cada 10 despidos, mostrando desde ya una re-asignación sustancial de trabajadores conforme los patrones de demanda cambian (considere los super mercados, Amazon, los productores de gel antibacterial, etc.). 
  • Usando evidencia histórica de los despidos en relación a las re-contrataciones, 42 por ciento de los despidos inducidos por la pandemia probablemente resulten en una pérdida permanente de trabajos.
  • Históricamente, la respuesta de creación de empleos suele darse un año o después de la destrucción.

Dos conclusiones se derivan de este análisis. Primero, es probable que haya una resaca dolorosa de esta crisis. No porque la “ayuda” fue inadecuada, sino porque el mundo ha cambiado y tomará tiempo que las relaciones de empleo se adapten.  

Segundo, las políticas que desaceleran esa re-asignación de trabajadores podían ser extremadamente costosas durante la recuperación. Barrero, Bloom y Davis mencionan los generosos beneficios de desempleo actuales, los subsidios a la retención de empleados, las leyes de licencias ocupacionales, y regulaciones que obstaculizan la formación de negocios. Yo agregaría a esto las leyes de salario mínimo y otros aspectos de las regulaciones del mercado laboral. Todos obstaculizan un ajuste rápido de la economía.

Conforme sectores de la economía empiezan a abrir, necesitamos la mayor flexibilidad regulatoria posible para permitir que el sector del mercado re-asigne a los trabajadores.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato at Liberty (EE.UU.) el 7 de mayo de 2020.