El primer proyecto de ley

Víctor Pavón considera necesario para limitar de manera efectiva el poder de las autoridades electas que se deroguen todas las disposiciones que vayan más allá de su mandato.

Por Víctor Pavón

En la sana y prudente intencionalidad de impedir la destrucción de nuestra incipiente democracia y de las libertades consagradas en la Constitución, resulta necesario presentar un proyecto de ley en el nuevo Congreso o a iniciativa legislativa del Ejecutivo nacional que diga: Quedan derogadas todas las disposiciones en el Paraguay que no sujete sus mandatos a las autoridades electas y administrativas como al resto de la ciudadanía.

Y a continuación: Si cualquiera de dichas autoridades goza de emolumento, remuneración o haberes en concepto de cupos de combustibles, asesorías, llamadas gratis por celulares, seguros y jubilaciones sin contrapartida de aportes así como también los llamados gastos reservados e ingresos por “presentismo” y otros que impliquen privilegios, igualmente cada paraguayo mayor de edad será sujeto pleno de las mencionadas prerrogativas.    

La motivación de este primer proyecto de ley es el siguiente. Si trazamos una línea que muestre la historia de nuestro país desde la independencia patria a la fecha, se podrá notar las largas épocas de autoritarismo signadas de inestabilidad política económica y de corrupción en relación a los muy pocos años de consistencia institucional.

Desde la Colonia, en estas tierras ha prevalecido la idea de que el poder del Rey, del gobernador, luego del Dictador y ahora la de los nuevos clanes políticos, consiste en imponer la dañina tradición por la cual unos pocos habiendo llegado al control del Estado, deben enriquecerse a costa de los demás, sin mediar talento o esfuerzo alguno. El goce permanente de privilegios no ha cesado desde aquellas lejanas épocas.  

En el presente, la riqueza mal habida se ostenta ante la sociedad sin rubor ni vergüenza debido a que la política es considerada una forma de conseguir lo que jamás se podría tener de otro modo. La ambición y la codicia de ese modo no tienen límites cuando se trata de utilizar el poder, sinónimo de prebendas y ventajas. El concepto mismo del servidor público;  honesto, idóneo y confiable forma parte de los discursos al sólo efecto de congraciarse con un electorado cada vez más acostumbrado a escuchar y a comprobar que los peores son los que les gobiernan.   

De lo que no hay duda es que vienen violando en absoluta flagrancia los principios y valores en desmedro de la conducta fundada en las buenas costumbres y el respeto a la Constitución y a las leyes. Sin embargo y a diferencia de lo que usualmente se piensa, no se trata sólo de los principios y valores, en el sentido de la honestidad, la probidad y otros para ocupar un cargo electo o administrativo.

Un mejor gobierno no puede ni debe fundarse sólo en la virtud, reconociendo desde luego la importancia de la vertiente moral. La filosofía política de la libertad cuya piedra de sustento práctico está en el republicanismo liberal propone todavía algo más desafiante debido a que considera que los hombres no son ángeles, sino seres de carne y hueso que guían sus conductas por el deseo de maximizar sus beneficios y en la menor ocasión, trasladan los costos de sus privilegios a los demás.

La necesidad de limitar la organización denominada Estado y a sus ocupantes que ejercen atribuciones similares a una corporación delictiva no es un simple deseo o una propuesta pública. Es más que eso. Es la supervivencia de la sociedad libre; es la paz o la violencia, la justicia o la injusticia, el progreso o el atraso de la nación.