El plan

Víctor Pavón explica cómo líderes que llegan al poder revestidos del formalismo de la democracia, luego pasan a tomar medidas de corte autoritario.

Por Víctor Pavón

El advenimiento últimamente en nuestra región de regímenes revestidos, al comienzo, con el formalismo propio de la democracia para luego pasar a mostrarse con medidas de corte autoritario, se contagia hacia otras latitudes en la medida de la puesta en marcha de un plan que, pese a estar bien diseñado, no resulta favorable para la población ni para el devenir de las instituciones.

De manera a entender cómo se suceden los cambios en las sociedades, resulta necesario apelar a la lógica del poder. El líder y el partido político que mejor interprete el descontento de la ciudadanía hacia los que en ese momento están gobernando, tienen la brillante oportunidad para hacerse notar y lograr la adhesión a sus ideas y propuestas.

Esto en las democracias constitucionales sucede a menudo y resulta saludable para el sistema. Hace así su aparición la oposición que contrarresta la fuerza del oficialismo; surgen líderes que en el afán de llegar al poder buscan persuadir al electorado. De ese modo, el día de las elecciones, la ciudadanía elige por continuar con los mismos gobernantes o cambiarlos para que aprendan en la llanura. El voto premia y castiga a los dirigentes.

Sin embargo, muy diferente es lo que ha venido ocurriendo en las últimas décadas en esta parte del mundo con ciertos proyectos que, si bien surgen de los votos, pronto muestran sus verdaderos propósitos, ocultos hasta ese entonces. Estos son los autoritarios de siempre que aprovechándose de las debilidades institucionales y personales de una población las más de las veces pasiva y sumisa, encuentran tierra abonada para sembrar la violación de las reglas institucionales.

Ya habiendo accedido al poder, primeramente implementan estos proyectos una plausible gestión de apertura y diálogo, hasta incluso pueden lograr un adecuado orden monetario y financiero incentivando las inversiones, acompañado de programas sociales para los menos favorecidos. Mientras tanto se viene la segunda parte del plan.

Este siguiente paso consiste en dividir a la sociedad. Para ello qué mejor un tema de interesante discusión y en apariencia benigno. El mismo consiste en instalar en la opinión pública sobre la permanencia en el poder del gobierno de turno con argumentos como que “son poco los cinco años para cumplir con lo que prometimos”; y en todo caso, “que la gente decida”.

La discusión divide tanto a la sociedad que sus instituciones se debilitan, quedan fragmentados los partidos políticos, los gremios empresariales, la prensa, los sindicatos y otros sectores con capacidad de opinión y movilización. Se diluyen las fuerzas y convicciones de los ciudadanos. Este es el plan.