El pago de la orgía

Manuel Hinds indica que el gobierno de Bukele pretende pasar a los ciudadanos la cuenta de los tres mil millones de dólares que ha gastado en campaña electoral para ganar las elecciones de febrero de 2021 y en otras que no conducen al bienestar de los ciudadanos en la forma de aumentos de impuestos.

Por Manuel Hinds

De la manera más cínica, el gobierno va a pasar a los ciudadanos la cuenta de los tres mil millones de dólares que ha gastado en la campaña electoral propia para las elecciones de febrero de 2021 y en otras cosas que no conducen al beneficio del pueblo sino al contrario. Como ya lo han estado dejando percibir a través de pláticas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), esta cuenta vendrá en la forma de aumentos al IVA e impuestos prediales, entre otros.

No cabe la mínima duda de que el presidente echará la culpa del incremento de los impuestos a la pandemia. El coronavirus, por supuesto, es culpable de muchas cosas en todas partes del mundo, pero la verdad es que de esto, de los gastos extraordinarios del gobierno y de su enorme endeudamiento para pagarlos, es completamente inocente porque el gobierno gastó sólo pequeñas cantidades en su manejo, si es que algo, en adición a lo que ya se gastaba en el manejo efectivo de la salud del país. Como lo han dicho repetidamente las asociaciones profesionales médicas, la alta mortalidad de los equipos de salud que han luchado y siguen luchando contra el COVID-19 se debió a que el gobierno no los ha proveído de los equipos necesarios para hacerlo. Igual puede decirse del hecho que El Salvador es el segundo país con más muertos como porcentaje de los infectados de COVID-19 en Centroamérica. Cuando Costa Rica ya lleva meses vacunando a sus ciudadanos, El Salvador, que necesita al menos 10 millones de dosis para inmunizar a su población, ha sido testigo de la gran publicidad que el gobierno ha hecho de que han venido al país 20 mil dosis. No hay plan de vacunación, no hay nada.

El miércoles pasado un grupo de “pastores, pastoras y sacerdotes de diversas denominaciones cristianas, con honda preocupación por la situación de pecado que permea la política y la sociedad salvadoreña en general”, publicó un documento extraordinario que todos los salvadoreños deberían de leer. En él hacen un diagnóstico de los problemas principales que aquejan a nuestra sociedad. Entre estos mencionan el problema que nos ha llevado a la crisis fiscal que a su vez nos está llevando al aumento de los impuestos.

En sus palabras:

“Expresamos nuestra profunda lamentación por los cada vez más escandalosos casos de corrupción que salen a luz con demasiada frecuencia y la tolerancia voluntaria del pueblo de Dios que debería ser firme en el rechazo hacia tales prácticas. Las Escrituras aconsejan: 'Apártense de los ídolos' (1 Juan 5:21). Contrario a eso, el ídolo de la corrupción vuelve a ser adorado en nuestro país a cambio de la salvación económica engañosa que ofrece a sus fieles. Esta idolatría, en el derroche que hace de los escasos recursos públicos, exige, como todos los ídolos, víctimas para ser sacrificadas. Éstas son las personas más pobres cuya salud y vida son inmoladas en el altar de la ambición. Las aspiraciones del pueblo de honradez en los gobernantes vuelven a ser burladas como en el pasado, mientras el país se dirige a una crisis fiscal de graves consecuencias” (Ver el documento completo aquí).

Con palabras muy bien escogidas para pintar sucintamente la tragedia que estamos viviendo, los autores de este documento hacen notar que “el ídolo de la corrupción vuelve a ser adorado…a cambio de la salvación económica engañosa que ofrecen a sus fieles”.

¡Qué manera más eficiente de describir el uso de fondos públicos para regalar comida con sobreprecio a nombre personal del presidente e inundar las redes sociales con propaganda para él, orientada a convertirlo en el ídolo de un culto oscuro, propulsándolo para que gane las elecciones de febrero! ¡Y qué más claro que hacer ver que en todo este esquema las vidas que se inmolan en el altar de la ambición son las de los pobres, que reciben ahora comida pero no la atención de salud que merecen, y que luego van a tener que pagar por esa comida, más filtraciones, más las ambiciones que guían a estas, a través de aumentos en los impuestos!

No es exageración que el documento se llame “He visto la aflicción de mi pueblo”. Ojalá que el pueblo mismo vea su propia aflicción y se dé cuenta de que ellos no son los beneficiarios sino las víctimas de esa inmolación, y que, para evitar ser inmolados, y no sentir que además tienen que agradecer por la inmolación porque se las hace un ídolo, deben votar en las elecciones de febrero.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 22 de febrero de 2021.