El encanto del "crowding out"

Víctor Pavón dice que durante ocho años consecutivos y hasta el ejercicio fiscal de 2011, la administración central de Paraguay registró un superávit fiscal, punto desde el cual sobrevino el desequilibrio fiscal.

Por Víctor Pavón

Los gobiernos y los políticos aprenden rápido cuando se trata de romper cierta regla básica de las finanzas públicas, como aquella muy sencilla de no gastar más de lo que se recauda. El gasto público se ha convertido  en un número más en el papel del presupuesto. Y sin importar el saldo en rojo, se ha vuelto también exento de rendición de cuentas y de calidad en su ejecución.

Durante ocho años consecutivos, y hasta el ejercicio fiscal 2011, la Administración Central en nuestro país registró superávit fiscal, en un balance financiero en que los ingresos registrados son superiores a los egresos.

Luego sobrevino el desequilibrio fiscal. Esta situación es similar a la compuerta de una represa que deja escapar agua por un pequeño orificio y que luego se rompe, inundando todo a su paso. La actual ley de responsabilidad fiscal permite un orificio de salida (déficit) de no más del 1,5 por ciento del producto. Pero, al igual que la represa, no durará mucho por la presión incontenible del caudal de agua, son los gastos y las deudas que se van acumulando.

Esta situación no es benigna ni barata ni gratis. Tiene efectos sobre el rol del Estado en la sociedad y, en especial, consecuencias perjudiciales sobre la gente. Y si a esto agregamos la actual desaceleración que puede convertirse en recesión, entonces, es mejor guardar los recaudos correspondientes. Nuestro país no puede ni debe caer bajo el encanto que seduce a nuestros políticos, el efecto crowding out, situación en la que la capacidad de inversión de las empresas se va reduciendo por efecto de la intromisión estatal por sus deudas y gastos ineficientes.

El llamado gasto estatal, en consecuencia, afecta como un costo de oportunidad en el consumo y la inversión privada. Y como el gasto sigue aumentando sin contrapartida genuina de ingresos, hasta convertir al endeudamiento como fuente de pago por las deudas contraídas, sobrevendrá finalmente el ajuste fiscal. Puede ocurrir así que el Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 10 por ciento, pase al 15 o 20 por ciento. Si ya se desea modificar  las tasas del Impuesto Selectivo al Consumo en el proyecto de reforma tributaria, pues aquello no resulta tan descabellado. Esta suposición de elevar el IVA está basada en cuestiones técnicas, puesto que este tributo representa en promedio el 60 por ciento del total de las recaudaciones del Fisco.  

Este  y otros ajustes significan tiempos difíciles no solo para el fisco sino especialmente para los ciudadanos contribuyentes. Pero para evitarlo se deberá acometer un plan de reformas estatales mediante un liderazgo que permita aglutinar la simpatía de la ciudadanía, lo que supone comunicarse con la población para que entienda que el planteamiento es a favor de ella.

Pero lamentablemente hasta ahora el presidente Mario Abdo y su gobierno al igual que los partidos políticos no dicen una palabra o lo que es lo mismo no emiten señales positivas hacia a los mercados, tanto nacional como internacional. El presidente Abdo debe extender un puente comunicacional desde su gobierno hacia la ciudadanía.

De no proceder así, la sociedad civil y el sector estatal seguirán como en compartimientos estancos y la política fiscal seguirá avanzando sobre la vida y hacienda de los ciudadanos, en especial sobre la gente de a pie, los que llevan con sacrificio el pan diario a sus hogares. Los tiempos difíciles de los ajustes fiscales pueden evitarse. El encanto del crowding out ya perjudica en el presente y puede volverse letal para el país.