Dos transiciones: Chile y España
Carlos Rodríguez Braun explica cómo Chile realizó una exitosa transición desde la dictadura hacia la democracia.
La caída del Muro de Berlín ha sido –con la sola competencia de la derrota del otro socialismo, el nazi– el acontecimiento político más venturoso del último siglo. Sumiendo a la izquierda en la zozobra y el desconcierto, empero, la ha precipitado aún más en la contradicción y la mentira, hasta el punto en que ya no sabe qué hacer ante lo que presume falazmente de liderar: la democracia.
Un caso notable es el Chile de Pinochet, considerado paradigma de la peor de las dictaduras. Llegar a esa conclusión exige negar la realidad, empezando por la absurda divinización del Gobierno de Salvador Allende. Universalmente saludado como una democracia acrisolada, fue más bien lo contrario, como lo demostraron los propios políticos chilenos, que en el Acuerdo de la Cámara de Diputados del 22 de agosto de 1973 –el mismo Parlamento que había establecido la presidencia de la coalición izquierdista tres años antes– denunció los quebrantamientos de los derechos humanos y la democracia, y convocó a las Fuerzas Armadas a intervenir por lealtad a la nación contra un Allende que había destruido la democracia. Lo ratificó el expresidente, Eduardo Frei Montalva, que presidía el Senado. Por eso escribió después The Economist: "no es un golpe típicamente latinoamericano… Allende violó la letra y el espíritu de la Constitución".
Precisamente, el Gobierno de Pinochet estableció en agosto de 1980 un texto constitucional que sigue vigente y que trazó "un itinerario que, contra viento y marea, se cumplió hasta iniciar la etapa democrática el 11 de marzo de 1990", como dice José Piñera, exministro de Trabajo y autor de la exitosa reforma de las pensiones –Una casa de libertades. Cómo construimos una democracia madisoniana en Chile, agosto 2025, disponible en www.economiaysociedad.cl.
Esa misma constitución pinochetista acabó con el régimen, porque obligaba a su Gobierno a convocar un plebiscito, que el general perdió, y respetó, entregando el poder a un sucesor democráticamente elegido.
Esa insólita dictadura institucional transitó a la democracia desde dentro, y logró que la economía chilena fuera la mejor de América Latina. Por eso subrayó Il Giornale en 1981 que fue "el único éxito en un mapa continental de experimentos truncados o de frustración".
La izquierda siempre le negó el pan y la sal. En el próximo artículo compararemos su caso con la transición a la democracia en España.
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 22 de abril de 2026.