Desigualdad a la baja

Carlos Rodríguez Braun dice que aunque los salarios de los ricos en EE.UU. han aumentado más, su riqueza no ha sido acumulada a costa de los pobres y la clase media.

Por Carlos Rodríguez Braun

Tras la caída del Muro de Berlín, una ola de mayor libertad contribuyó a que cientos de millones de personas dejaran atrás la pobreza extrema

Como evidentemente eso no sucedió gracias al socialismo, el pensamiento antiliberal se aferró primero a la desigualdad mundial, alegando que la crisis del comunismo había tenido como indeseable consecuencia el acentuar la división del mundo. Se habló entonces del Norte rico versus el Sur pobre y otras jeremiadas por el estilo. 

Esto resultó clamorosamente falso, porque la desigualdad en el mundo se redujo. Y entonces empezaron la campaña, que todavía perdura, que insiste en que la desigualdad mala y que aumenta es la de cada país. Esto no es verdad en el caso de España, e incluso se está frenando su aumento en el país más odiado por los antiliberales: EE.UU. 

James Rogers, profesor de la Universidad de Texas A&M, sugiere que, aunque hay fuerzas contradictorias, la desigualdad cae dentro de los países desarrollados y que lo hará también en los demás. Parece que en los años 2000 se ha producido “un giro igualitario en bastantes países emergentes”. 

Los ataques contra el capitalismo, ahora rebautizado “neoliberalismo”, machacan con que los salarios se han estancado en EE.UU. Los datos, antes de la pandemia, señalan lo contrario, apunta el profesor Rogers: “los salarios no solo no se han estancado sino que han aumentado significativamente para todos los sectores de la economía norteamericana durante la última generación”. Desde 1979 han subido un 33% para el 20% más pobre, y otro tanto para las tres quintas partes de la población. 

¿Los ricos han ganado más? Sin duda, pero no es cierto que su riqueza haya sido acumulada a costa de los pobres y la clase media. 

De hecho, si se calculan sus ingresos con impuestos y transferencias, la desigualdad cae mucho más, y la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres pasa de 13,86 a 6,1. 

Los mayores rendimientos del capital, base de la desigualdad en los países ricos, están relacionados con el aumento de los salarios en los países pobres, y en la medida en que se aproximen las relaciones capital/trabajo, la desigualdad dejará de aumentar allí donde lo esté haciendo. 

Por cierto, los antiliberales recomiendan siempre subir los impuestos al capital. Pero una característica de las economías desarrolladas es que los trabajadores tienen más capital que antes, como se ve en las cifras millonarias no solo de sus activos inmobiliarios en países como España, sino en sus ahorros en otros activos, aquí y fuera de aquí. Cuando oigamos que los mayores impuestos al capital tienen como objetivo una minoría de multimillonarios, desconfiemos, señora, desconfiemos.

Este artículo fue publicado originalmente en Expansión (España) el 27 de julio de 2020.