Descarbonización vs. reactivación

Juan Carlos Hidalgo considera que el plan para supuestamente desarmonizar la economía costarricense para el 2050 de la administración de Alvarado en nada contribuye a dinamizar el crecimiento.

Por Juan Carlos Hidalgo

Una metáfora apropiada para este gobierno es que el mismo día que el presidente anunció que una de las primeras placas verdes sería asignada al auto eléctrico de la activista Mónica Araya –un BMW i3 cuyo precio de agencia es $49.900–, dos empresas anunciaron que dejarán sin trabajo a 470 personas. Para ellos no hay placas verdes –ni para los otros 294.000 costarricenses que están desempleados–. Pero Alvarado les tiene un mensaje: “no pierdan la fe”.

El presidente tiene juguete y es su proyecto para supuestamente descarbonizar la economía para el 2050. Sin embargo, aquí en el 2019 el país reporta una de las tasas de crecimiento más bajas en 60 años, seguimos al borde del abismo fiscal y vivimos la peor crisis de desempleo en una generación. Solucionar estos problemas no es sexy ni garantiza portadas en medios internacionales o invitaciones a Davos. Alvarado lo tiene claro. Por eso, no debería extrañarnos que su plan de descarbonización sea su estandarte político, mientras que la agenda de reactivación económica solo despierta entusiasmo en el despacho de Edna Camacho.

Por supuesto, la visión de Zapote es otra. Según el oficialismo –y eso incluye a algunos comentaristas que siguen tomando el Kool-Aid de Alvarado– estamos ante la agenda más reformista de los últimos 30 años. Es una lástima que nadie más lo note. No solo eso, se nos quiere hacer creer que los planes de descarbonización y reactivación son complementarios, como si fortalecer monopolios estatales, encarecer el costo de los combustibles e introducir impuestos “verdes” fuera a abaratar los altos costos de operación del sector productivo y hacer más competitiva la economía.

Peor aún, como si no tuviéramos suficiente con el estatismo agazapado del plan de descarbonización, el FMI vino a recomendarnos que aumentemos todavía más los impuestos. Sin duda fue un susurro al oído del gobierno –que seguro le generó piel de gallina a más de uno en Zapote–, pero cayó como un balde de agua fría para quienes creían que los muy necesarios recortes al gasto podrían materializarse a través de las demandas de dicho organismo.

Aquí no hay de piña. Recortar el gasto y reactivar la economía son broncas que nos corresponden y para las cuales no debemos esperar ayudas de afuera. Y, partiendo del poco interés que muestra por el tema, tampoco podemos esperar mayor cosa del presidente.

Este artículo fue publicado originalmente en La Nación (Costa Rica) el 3 de marzo de 2019.