De como también se destruye la democracia

Víctor Pavón considera que el caso del diputado José María Ibáñez, el diputado que ha confesado que cometió delitos de estafa, cobro indebido de honorarios y producción de documentos falsos, es una señal de que algo no anda bien en la política de Paraguay.

Por Víctor Pavón

La democracia constitucional a la que el mundo libre se ha adherido no es un invento provocado por algunos sectores social y económicamente más fuertes para así proteger sus intereses. Su propósito tampoco consiste en  proteger a aquellos que más tienen o que con más fuerza detentan el poder político.

La democracia constitucional se instauró en las naciones libres para precisamente proteger al hombre y mujer común de la calle de los excesos del poder y con más razón todavía de los atropellos provenientes de los políticos que en lugar de servir al pueblo al que dicen representar, más bien se sirven de la gente para así vivir del esfuerzo de los demás.

La democracia constitucional se estableció y crece pródigamente en defensa de la libertad, la propiedad y la justicia porque es la única manera de lograr el progreso de las naciones. Sin embargo, la naturaleza humana no ha sido bendecida únicamente por la bondad. Permanentemente la libertad, la propiedad y la justicia están en peligro debido a que ciertas personas que se consideran superiores a los demás, destilando por sus poros las ínfulas nefastas de un autoritarismo propio de épocas pasadas, son capaces de no solo robar a sus semejantes sino también sentirse protegidos por la impunidad que les confiere el sistema político corrupto que les consiente y avala.  

El reciente caso del diputado José María Ibáñez es una muestra de que algo no está bien en la política del país, y no lo está porque al igual que con el señalado dirigente, son varios los que van formando una fila que va volviéndose demasiado larga, situación que anuncia el preludio de la destrucción de la misma democracia. No debe olvidarse que la democracia se sustenta en la buena política y esta en valores.

La buena política entendida como aquella actividad que tiene como propósito organizar la sociedad se fundamenta en base a principios y valores que le dan sustancia a lo jurídico, económico, educativo y así a todas las áreas del devenir humano.

Los valores y principios no son una entelequia ni meras expresiones sin contenido. Son la columna vertebral sobre la cual se yerguen las instituciones republicanas, instituciones que no pueden mantenerse en el tiempo sin caer antes en la podredumbre de la corrupción si los hombres y mujeres no la sienten como parte de sí mismas. La honestidad, la transparencia de los actos propios, la responsabilidad y el buen uso de los recursos públicos son parte esencial de esos valores y principios que hacen a la buena política.  

Si se quiere vivir bien con los demás y tener una vida pacífica en la que no se haga daño a nadie para de ese modo mejorar las condiciones de vida del pueblo, se debe ejercer la buena política fundada en valores y principios. Caso contrario, y tal como está sucediendo en nuestro país, son los mismos dirigentes políticos los que se están encargando de destruir nuestra incipiente democracia constitucional, llevando a la sociedad hacia escenarios de violencia de la que ellos serán los verdaderos culpables porque ya son muchos los delincuentes que van tomando el control del Estado.