Cómo el mercado ayudó a hacer más seguro el lugar de trabajo

Marian Tupy señala que en 1913 morían 61 trabajadores de cada 100.000 en EE.UU., cifra que cayó en menos de 100 años a 3,2 en 2015.

Por Marian L. Tupy

Algunas personas dicen que el libre mercado es incompatible con la seguridad en el trabajo. El filósofo alemán Karl Marx afirmó que la competencia conduce hacia abajo las ganancias, lo cual obliga a los empresarios a cortar gastos y exponer a sus trabajadores a riesgos cada vez mayores. Sin embargo, según estándares históricos, las muertes en el trabajo se encuentran en su punto más bajo. El activismo laboral y las regulaciones estatales merecen parte del crédito por ese feliz estado de las cosas. Pero una mejora generalizada en la calidad de vida y, consecuentemente, las expectativas más altas de los trabajadores, también jugaron un papel importante en mejorar la seguridad en el trabajo. En otras palabras, una fuerza laboral más segura es una fuerza laboral más contenta. Está en el interés de los empleadores no exponer a sus trabajadores a riesgos innecesarios.

Toda actividad económica implica algún grado de riesgo físico. Ese siempre ha sido el caso. Nuestros ancestros cazadores-recolectores tuvieron que lidiar con animales salvajes, serpientes venenosas y otros caprichos de la naturaleza que seguramente hacen del lugar moderno de trabajo una alternativa mucho más segura. Los datos creíbles acerca de las heridas y muertes en el trabajo durante la era agraria son difíciles de obtener debido a que la gran mayoría de los trabajadores agrícolas eran auto-empleados. Dicho de otra forma, ninguna entidad, estatal o de otra índole, tenía el incentivo de reunir estadísticas acerca de la seguridad en el trabajo. Aún así el trabajo agrícola debe haber sido muy poco atractivo, considerando que muchas personas preferían trabajar en una fábrica antes que seguir viviendo en una hacienda.

El Departamento de Trabajo de EE.UU. señala que incluso hoy la agricultura “se encuentra entre las industrias más peligrosas”. En 2011, la “tasa de fatalidad para los trabajadores agrícolas era 7 veces más alta que la tasa de fatalidad para todos los trabajadores en la industria privada; los trabajadores agrícolas tenían una tasa de fatalidad de 24,9 muertes por cada 100.000, mientras que la tasa de fatalidad para todos los trabajadores era de 3,5”. De igual forma, el Instituto de Seguridad y Salud en el Trabajo (WHS) de Singapur encontró que las tasas globales de fatalidad por cada 100.000 empleados en agricultura eran iban desde 7,8 muertes en países con ingreso alto a 27,5 muertes en el Sureste de Asia y en las regiones del Pacífico Occidental en 2014. Las muertes en manufacturas iban desde 3,8 en países de ingresos altos a 21,1 en África.

La recolección de estadísticas se dio como resultado de la industrialización y el nacimiento de las relaciones laborales modernas en el siglo 19. Los sindicatos laborales empezaron a registrar estadísticas acerca de la seguridad en el trabajo para lograr condiciones de trabajo más convenientes para sus miembros, mientras que los empleadores mantenían datos acerca de la seguridad en el trabajo porque eran legalmente responsables de las heridas que se daban en el lugar de trabajo. De acuerdo a los estándares modernos, queda claro que las condiciones de trabajo en las minas y fábricas durante los primeros 100 años de la Revolución Industrial eran terribles. Como el entonces presidente estadounidense Benjamin Harrison dijo en 1892, “Los trabajadores americanos están sujetos a arriesgar sus vidas y extremidades tanto como un soldado en tiempos de guerra”.

En EE.UU., según los cálculos del psicólogo de la Universidad de Harvard Steven Pinker en su libro de 2018 Enlightenment Now: The Case for Reason, Science, Humanism, and Progress, 61 trabajadores por cada 100.000 empleados murieron en accidentes relacionados al trabajo hasta una fecha tan cercana como 1913. Ese número cayó a 3,2 en 2015. Esta es una reducción de 95 por ciento en las fatalidades en el trabajo a lo largo de un periodo de poco más de 100 años. Una tendencia igual de esperanzadora puede observarse a nivel global. Según cálculos del Instituto WSH, 16,4 trabajadores por cada 100.000 empleados murieron a nivel mundial en 1998. Para 2014 ese número cayó a 11,3. Esa es una reducción de 31 por ciento a lo largo de un periodo notablemente corto de 16 años. Considerando esto de una forma un poco distinta, las fatalidades en el trabajo alrededor del mundo parecen estar cayendo en alrededor de dos puntos de porcentaje al año.

¿A qué se deben esas mejoras? El activismo de los sindicatos laborales, incluyendo las huelgas y las protestas, tradicionalmente han recibido el crédito de haber hecho del lugar de trabajo un lugar más seguro. Pero las condiciones de trabajo mejoradas no pueden estar divorciadas de las mejoras generalizadas en la calidad de vida. En particular, la expansión económica masiva durante la segunda mitad del siglo 19, ejerció presión sobre el mercado laboral y los trabajadores empezaron a gravitar hacia los empleadores más generosos. Solamente luego de que una masa crítica de trabajadores lograron condiciones de trabajo más tolerables fue que las regulaciones generales para el lugar de trabajo se volvieron concebibles y, todavía más importante, asequibles.

Así que, por lo menos en el contexto estadounidense, la reducción en las fatalidades en el trabajo precedieron a la Ley Wagner de 1935, que permitió que los empleados del sector privado se organicen en sindicatos, se involucren en negociaciones colectivas y tomen acción colectiva. Para cuando se creó la Administración de Seguridad y Salud en el Trabajo en 1971, las fatalidades de trabajadores eran alrededor de dos tercios más bajas que lo que habían sido antes de la Primera Guerra Mundial. De manera que, así como ha sucedido con las horas de trabajo, las regulaciones estatales suelen afirmar aquello que ya está sucediendo en el mercado laboral de todas formas.

Este artículo fue publicado originalmente en Human Progress (EE.UU.) el 15 de septiembre de 2018.