Cien días

Macario Schettino comenta los primeros cien días del gobierno de Donald J. Trump.

Por Macario Schettino

Donald J. Trump cumplió ya cien días en la presidencia de EE.UU. Ese periodo se ha usado como referencia de éxito desde John F. Kennedy, aunque bajo cualquier lógica razonable no debería ser así: tres meses es muy poco para tener impacto desde el gobierno, aunque más que suficiente para definir una trayectoria. En ese sentido, Trump ha tenido más penas que glorias. Prácticamente nada le ha salido como esperaba.

Ya hemos platicado de esto, de forma que no vale la pena repetir. Si acaso, dejar claro que el único triunfo en estos cien días fue sacar adelante el nombramiento de su gabinete y, especialmente, de su propuesta para la Suprema Corte. En este fin de semana, la discusión presupuestal se fue a septiembre, pero sin recursos para el muro, confirmando que lo que ocurre en el Congreso no necesariamente responde a las preocupaciones del presidente. 

En estos cien días, Trump ha sido limitado por jueces de diversos estados, por los congresistas (incluso los de su partido), y por la opinión internacional. En esto último hay que incluir no sólo a los medios o a las redes sociales, sino también a los gobiernos, que han respondido rápido a iniciativas del presidente estadounidense, como ocurrió con México y Canadá después de que se flotó la idea, hace unos días, de que Estados Unidos abandonara el TLCAN. 

Pero más allá de los cien días, el viernes se celebra el 5 de mayo, que se ha convertido en la gran fiesta de los mexicanos en EE.UU. No tengo idea de qué hará Masiosare en esa fecha. El año pasado se tomó fotos con un plato de tacos (o así le llamó a lo que tenía enfrente), que dudo que haya consumido. Este año parece que huirá rumbo a Nueva York, con tal de no celebrar la cena en la Casa Blanca, que se acostumbraba desde hace más de diez años. Por si alguien no hubiese descubierto que Trump no nos quiere.

En reciprocidad, acá estamos ansiosos de que los procesos abiertos con respecto a la conspiración entre la campaña de Trump y el gobierno de Rusia se discutan abiertamente. Entiendo que ya hay dos grandes jurados convocados para este tema, y averiguaciones previas sobre algunos de los personajes más destacados del equipo de Trump. Esperemos que así sea, aunque no hay duda de que cualquier acción judicial dependerá del apoyo político con que cuente The Donald. Aunque la popularidad del presidente es la más baja desde que se mide, entre los votantes republicanos sigue estando en los ochenta, y sería un suicidio político iniciar un proceso en esas condiciones. Pero si ese apoyo se reduce al nivel de los sesenta, todo será diferente.

Aunque el tema presupuestal se libró momentáneamente, me parece que será determinante para el apoyo que comentábamos. No hubo mejora en salud, así que si no la hay en impuestos, los votantes se alejarán rápidamente. Pero no es fácil reducir impuestos, y menos cuando al mismo tiempo se quiere gastar más. La postergación a septiembre le da tiempo a Trump de construir acuerdos, pero para eso necesita más que una simple hoja de buenos deseos, que fue lo que presentó en la semana. 

Mientras tanto, las señales de conflicto de intereses y enriquecimiento ilícito continúan, ahora con la invitación al presidente filipino, Rodrigo Duterte. Uno más en la serie de autócratas con quienes Trump se encuentra sus anchas. De verdad, vivir para ver.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 2 de mayo de 2017.