Centros de Progreso, Parte 1: Jericó

Chelsea Follett destaca la contribución al progreso humano del desarrollo de los asentamientos permanentes y la agricultura, fenómenos que parece que se dieron por primera vez en Jericó.

Por Chelsea Follett

Hoy presentamos una nueva serie de artículos publicados por HumanProgress.org denominada Centros de Progreso. ¿Dónde se da el progreso? La historia de la civilización es de muchas maneras la historia de la ciudad. Es la ciudad la que ha ayudado a crear y definir el mundo moderno. Esta serie de artículos proveerá una breve introducción a los centros urbanos que fueron los sitios de grandes avances en la cultura, economía, política, tecnología, etc.

Nuestro primer Centro de Progreso es Jericó. Jericó es considerada por muchos académicos como la ciudad más antigua. Fue fundada por primera vez alrededor de 9000 AEC. Las personas que vivían en Jericó y las áreas a su alrededor puede que hayan sido los primeros humanos que renunciaron a su costumbre de cazadores-recolectores, que domesticaron plantas y se volvieron agricultores.

La invención de la agricultura, muchas veces llamada la Primera Revolución Agrícola o la Revolución Neolítica, fue un punto decisivo en la historia de nuestra especie. Cambió dramáticamente la manera en la que vivimos. Al producir un superávit de alimentos que podían ser almacenados para los tiempos difíciles en el futuro o intercambiados por otros productos, la agricultura eventualmente permitió una prosperidad mucho mayor que la caza y la recolección alguna vez lo habrían permitido.

Hoy, Jericó es una ciudad orientada hacia el turismo en el Valle del Río Jordán y es frecuentada por personas que realizan un peregrinaje religioso y por aficionados de la historia. Es relativamente pequeña, con una población de tan solo poco más de 20.000 personas. La ciudad está ubicada en un oasis natural en el desierto, ganándose así el apodo en la Biblia Hebrea de la Ciudad de las Palmeras. La ciudad contiene varios cafés que venden shawarmas y falafels, así como también muchas ruinas históricas. Jericó también es el sitio de casi constantes excavaciones arqueológicas, conforme tratamos de profundizar nuestro conocimiento acerca del pasado de esta ciudad.

Si fuese a visitar el Jericó Neolítico hoy, podría haber visto dos eventos decisivos en la historia de la civilización: los asentamientos permanentes y los inicios de la agricultura.

Imagine un grupo de cazadores-recolectores —denominados “natufios” por los arqueólogos actuales— caminando por la naturaleza. Hubiesen cargado armas de caza como lanzas, y hubiesen vestido cuero elaborado de la piel de gacelas de montaña y joyas elaboradas con cuentas hechas de los huesos de las gacelas. Hubiesen cargado sus alimentos e insumos en canastas y en pieles de animales. También hubiesen tenido perros domesticados caminando a su lado, quizás parecidos a los actuales sabuesos basenji.

Usted los hubiera visto venir entre un oasis natural, irrumpiendo con arroyos de agua fresca en medio de la jungla, y acomodándose para descansar. Hubiese visto a un grupo de cazadores-recolectores llegar a una decisión trascendental conforme resolvían, quizás luego de alguna discusión acalorada en un lenguaje muerto desde hace mucho, construir un campamento permanente en el oasis al final de sus andanzas nómadas. 

Por supuesto, la decisión probablemente fue gradual, con los natufios acampando en el oasis por periodos cada vez más largos cada año, hasta que el asentamiento se convirtió en su hogar de todo el año. Pero en algún momento, tomaron la decisión de quedarse allí de modo permanente. En cualquier caso, los natufios construyeron varias viviendas de piedra semi-subterráneas y con forma ovalada para formar una aldea que llegaría a convertirse en la primera ciudad del mundo. Así empezó la historia de Jericó.

Las primeras personas que habitaron lo que sería Jericó desde hace mucho habían sobrevivido cazando animales como las gacelas, y comiendo cereales silvestres y otras plantas salvajes. Pero un cambio en el clima, que se volvió menos lluvioso y más parecido al desierto, podría haber ayudado a precipitar el cambio en la estrategia de supervivencia de los natufios. 

¿Cómo sucedió esto? Quizás los natufios se dieron cuenta de que las plantas comestibles surgían en lugares donde las semillas de esas plantas habían sido regadas anteriormente. Quizás inspirado por esta observación, un individuo emprendedor (o múltiples individuos) debió, en algún momento, haber sembrado de manera deliberada las semillas de las plantas que los natufios comían. Cuando los natufios empezaron a sembrar las semillas de manera intencional, encaminaron a la humanidad hacia un nuevo rumbo.

Los natufios muchas veces son denominados los primeros agricultores. Aunque no hay un consenso entre expertos acerca de precisamente dónde apareció por primera vez la agricultura del Arco Fértil, Jericó ciertamente estaba entre las primeras comunidades que practicaron la agricultura. Los restos arqueológicos más antiguos de la cebada, el centeno y las formas tempranas del trigo domesticados se encuentran en los sitios humanos neolíticos del Arco Fértil, tales como el asentamiento natufio donde Jericó se encuentra hoy. Evidencia de higos domesticados también se ha encontrado cerca de Jericó y data de 9.400 años AEC.

Los primeros agricultores del mundo eran pacientes e innovadores. Considere el trigo. Ellos descubrieron cómo criar de manera selectiva la hierba silvestre de espelta de tal manera que las semillas de la planta no caerían de sus ramas cuando la hierba maduraba, facilitando así la recolección de las semillas. Utilizaron las semillas para hacer pan, y lo que empezó simplemente como otro tipo de hierba, gradualmente se convirtió en lo que hoy conocemos como trigo. Hoy, según la Universidad de Yale, 20 por ciento del consumo calórico total del mundo proviene del trigo.  

Los investigadores no están de acuerdo acerca de cuánto se le debería atribuir a los esfuerzos conscientes de los primeros agricultores. “Una controversia en esta área trata acerca del grado en el que las personas antiguas sabían que estaban domesticando cultivos”, señaló el científico de plantas de la Universidad de Sheffield Colin Osborne. Él pregunta: “¿Sabían que estaban desarrollando características de domesticación en los cultivos, o acaso estas características simplemente evolucionan conforme los agricultores sembraron las plantas silvestres en tierra cultivada, y conforme las cuidaban y cosechaban?”

Además del pan, los natufios también gozaban de la cerveza y algunos investigadores creen que la producción de bebidas alcohólicas elaboradas a base de cereales fermentados pueden haber servido como una de las motivaciones detrás de la agricultura temprana.  

Cualquiera que haya sido su motivación, los primeros habitantes de Jericó se convirtieron en agricultores, y por lo tanto fueron capaces de producir suficientes alimentos para eventualmente dejar atrás su estilo de vida de cazadores-recolectores. Sembrando plantas de manera selectiva demostraría ser un proceso dolorosamente lento, y quizás durante siglos la gente de Jericó puede que haya continuado complementando su producción agrícola de alimentos con la caza y la recolección.

Conforme la agricultura avanzó, las personas todavía cazaban gacelas y otros animales de caza, pero los granos que ellos sembraron, cosecharon y almacenaron aumentaba su seguridad alimentaria. Un día, ya no hubo necesidad de buscar plantas silvestres, empezando así un nuevo capítulo en la historia de la humanidad.

A través de los siglos, los residentes de Jericó se volvieron cada vez más expertos en la agricultura. Los residentes de Jericó salieron a cultivar muchas otras plantas y desarrollaron un sistema de irrigación, y sus cosechas cada vez se volvieron más abundantes. Pronto tuvieron alimentos para guardar para las épocas duras y para comerciar. Pero con tal productividad vino el peligro —la amenaza de las tribus nómadas cercanas que asaltarían la ciudad y robarían los graneros de Jericó, los cuales contenían sus grandes reservas de alimentos.

Para espantar a los invasores, la gente de Jericó construyó la muralla más antigua conocida en el mundo, quizás data de alrededor de 8.000 AEC. En ese momento, la población de Jericó probablemente había llegado a 2.000 personas más o menos. Para ponerlo en perspectiva, eso es casi igual a la población actual del pueblo rural de Victor en Idaho. En su momento, sin embargo, Jericó debe haberse sentido como una próspera metrópolis (Recuerde que habían menos de 10 millones de personas en todo el mundo en ese entonces, casi el equivalente a la población actual de Portugal).

Producir un exceso de alimentos permitía algo de especialización y actividades económicas: no todos tenían que ser agricultores, liberando a las personas para que desarrollen otros proyectos. La construcción de la muralla no hubiese podido realizarse sin algún grado de especialización. El muro de piedra llegó a tener más de 11 pies de alto, y además de defender la ciudad, el muro también servía para proteger a la ciudad de inundaciones. 

Hay algo de evidencia de que la torre con forma de cono de 28 pies que acompañaba al muro, también fue construida alrededor de 8.000 AEC, sirviendo un propósito simbólico en lugar de uno práctico. La torre no está bien posicionada para servir como una torre de vigilancia. Pero los modelos computacionales muestran que cuando esa torre fue construida, las montañas cercanas arrojarían una sombra sobre esta justo cuando el sol marcaba el día más largo del año —el solsticio de verano. La sombra caería precisamente sobre la torre y luego se esparciría hasta cubrir todo el antiguo Jericó. 

De manera que la torre puede haber servido como una advertencia: su creciente sombra advertía a las personas de Jericó que los próximos días empezarían a ser más cortos y las noches más largas. Las actividades agrícolas como los sembríos y las cosechas están íntimamente relacionadas a las distintas temporadas del año, y, por ende, para la comunidad en gran medida agraria de Jericó marcar el solsticio de verano probablemente era algo de suma importancia. El solsticio puede que haya sido observado como un día importante, ya sea con un festival de celebración o mediante un día solemne.

La torre también puede que haya representado el poder o la autoridad. Hacer la transición desde la caza y la recolección hacia ser parte de una sociedad agrícola implicaba la transformación en la forma en que la gente se relacionaba entre sí: mientras que las tribus cazadoras-recolectoras solían ser igualitarias (esto es, no tenían jerarquía), la sociedad más especializada y compleja que surgió en Jericó trajo consigo un nueva dinámica de poder social. Los sitios de las tumbas muestran que los primeros habitantes de Jericó tenían diferencias de rango, algunos individuos siendo enterrados junto con objetos valiosos como joyas de conchas y otros ocupaban tumbas más sencillas.

“Esta es una época cuando la jerarquía empezó y cuando el liderazgo fue establecido”, según el arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv Ran Barkai, uno de los investigadores detrás del descubrimiento de la conexión entre la Torre de Jericó y el solsticio de verano. Agregó: “Creemos que esta torre [al actuar como un símbolo de poder y autoridad] fue uno de los mecanismos para motivar a las personas a participar en un estilo de vida comunal”.

Hoy, Jericó es quizás mejor conocida por el papel que jugó en tiempos bíblicos. Es el lugar donde los israelitas antiguos se supone que fueron conquistados en 1.400 AEC, luego de escapar de la esclavitud en Egipto. La famosa canción acerca de la Batalla de Jericó, cantada por íconos de la música desde Bing Crosby hasta Elvis Presley, fue compuesta por primera vez en el siglo 19 en EE.UU. por afroamericanos esclavizados. El asunto de la canción, un pueblo anteriormente esclavizado que triunfa en una batalla, y su coro, proclamando que los muros de Jericó “se derrumbaron”, ambos aluden a los deseos de libertad de los autores de la canción.

Por lo tanto la ciudad de Jericó se convirtió en un símbolo de libertad en la cultura popular muchos años después de que la ciudad ayudara a liberar a la humanidad de la búsqueda de alimentos en la jungla. La transición hacia la agricultura probablemente fue difícil, un proceso que requirió de paciencia y que cambió de manera drástica la vida previa de los natufios, alterando así su estructura social, pero la ganancia ha sido un nivel de seguridad alimentaria más allá de lo que nuestros ancestros cazadores-recolectores pudieron haber concebido.

Por ser la ciudad más antigua del mundo y posiblemente el lugar de nacimiento de la agricultura, la Jericó de la Era Neolítica merece ser reconocida como nuestro primer Centro de Progreso.

Este artículo fue publicado originalmente en HumanProgress.org (EE.UU.) el 24 de abril de 2020.