Argentina le da al Mercosur un ultimátum que no puede ignorar
Marcos Falcone sostiene que con una necesidad urgente de integrarse a la economía global y una voluntad declarada de hacerlo, Argentina no tiene motivos para permanecer en el Mercosur si sus miembros no pueden convertir al bloque en una zona de libre comercio sencilla, esto es, sin un arancel externo común.
rarrarorro/iStock / Getty Images Plus via Getty Images
Por Marcos Falcone
En Argentina, se intensifican los rumores sobre una posible salida o, al menos, un desvío del Mercosur —el bloque comercial sudamericano del que también forman parte Brasil, Paraguay y Uruguay— a medida que el gobierno de Javier Milei busca abrir la economía del país. El 20 de agosto, el ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, dijo que "no hay tiempo que perder" en la búsqueda de nuevos socios comerciales. "Queremos hacerlo con el Mercosur, pero si el bloque no se adapta a lo que necesitamos, avanzaremos de manera bilateral", agregó.
El 21 de agosto, el viceministro de Economía, José Luis Daza, publicó en X que “el Mercosur ha condenado a su gente a tener peor tecnología, peores productos y precios mucho más altos… Es hora de aprovechar todas las oportunidades que ofrece la economía global y abandonar el proteccionismo”.
Cuando Milei asumió la presidencia, Argentina se encontraba entre las cinco economías más cerradas del mundo. Desde entonces, ha avanzado hacia el libre comercio. Se han reducido o eliminado los aranceles de exportación e importación, ya no existen los tipos de cambio múltiples para exportadores e importadores, se han eliminado las licencias de importación no automáticas y no se han renovado las medidas antidumping vencidas. Sin embargo, el arancel externo común del Mercosur, que tiene un promedio del 11,5 por ciento, implica que Argentina no puede reducir unilateralmente sus propios aranceles más allá del límite establecido por ese acuerdo comercial. En la práctica, esto representa aproximadamente diez veces las tasas de Chile y Perú.
El avance hacia la apertura del Mercosur ha sido escaso. Hasta 2026, el bloque solo había firmado tratados de libre comercio (TLC) con Israel y Egipto. Tras tres décadas de negociaciones, este año también entró en vigor un TLC entre el bloque y la Unión Europea. Pero, como escribí en enero, su impacto se verá severamente limitado por sus disposiciones conservadoras, y el acuerdo en sí podría suspenderse en cualquier momento, ya que el Parlamento Europeo ha solicitado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea que lo revise. Los TLC con Singapur y la Asociación Europea de Libre Comercio —integrada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza— también entrarán en vigor pronto, pero es poco probable que el pequeño tamaño de estas economías tenga un gran impacto dentro del Mercosur.
Argentina comenzó a poner a prueba los límites del bloque cuando firmó un acuerdo bilateral con Estados Unidos en febrero que eliminó los aranceles y aseguró el acceso a la carne de res argentina, entre otras medidas. En ese momento, Brasil cuestionó si el acuerdo cumplía con las normas del Mercosur, y no está claro si habrá consecuencias en el futuro. Uruguay se enfrentó a un problema similar en 2022, cuando los miembros del bloque amenazaron al país con "medidas legales y comerciales" no especificadas si firmaba un TLC con China, lo cual parecía probable en ese momento.
De hecho, el Mercosur ha actuado sistemáticamente como un bloque proteccionista. Esto ha beneficiado principalmente a Brasil, cuya economía es tres veces mayor que la del resto del bloque y cuyo sector industrial ha presionado tradicionalmente —y con éxito— a favor del proteccionismo. Así, si bien solo el 7,5 por ciento de las exportaciones totales de Brasil se dirigen a los socios del Mercosur, el 22 por ciento de las exportaciones manufactureras sí lo hacen. Un 60 por ciento de las exportaciones de automóviles de Brasil se destinan, de hecho, a Argentina, donde los autos siguen siendo significativamente más caros que en el vecino Chile.
Sin embargo, ahora también surgen quejas sobre el Mercosur desde el propio Brasil, donde Flávio Bolsonaro, el principal candidato de la oposición para las próximas elecciones presidenciales de octubre, afirma que el país debería "liberarse" del bloque y firmar acuerdos bilaterales por su cuenta. Si a esto le sumamos las medidas de Argentina y la experiencia uruguaya de 2022, estas grietas cada vez más evidentes sugieren que el concepto del Mercosur como una unión aduanera rígida, de "todo o nada", podría estar llegando a su fin, y tal vez suceda antes de lo que la mayoría esperaba.
Con una necesidad urgente de integrarse a la economía global y una voluntad declarada de hacerlo, Argentina no tiene motivos para permanecer en el Mercosur si sus miembros no pueden convertir al bloque en una zona de libre comercio sencilla —sin un arancel externo común ni veto sobre los acuerdos bilaterales—. En la década de 1970, Chile enfrentó un escenario similar dentro del proteccionista Pacto Andino, y su respuesta fue simple: se retiró y rápidamente se convirtió en la economía más abierta de Sudamérica. Cincuenta años después, si Argentina quiere liderar el mundo en materia de libre comercio, tal vez haya que tomar al pie de la letra el ultimátum de Quirno.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 28 de agosto de 2026.