Angry Birds asustados

Alfredo Bullard considera que los fujimoristas en el Congreso están perjudicando la imagen de Keiko Fujimori, con su desbordada oposición a que Keiko sea sometida a una investigación relacionada con el escándalo Odebrecht.

Por Alfredo Bullard

Hace casi un año en este mismo Diario escribí un artículo en el que comparaba a los fujimoristas con el célebre juego de la firma finlandesa Rovio Entertainment (“Angry Birds”, 3/12/2016).

Para quien no ha jugado Angry Birds, se trata de unos pájaros con distintos poderes y características (y con caras de muy pocos amigos) que son disparados usando una honda gigante, contra estructuras de distinto tipo, material y diseño, a fin de destruirlas y con ello ir eliminando a sus enemigos, unos cerdos verdes en forma de bolas. Como dije en aquella ocasión, los Becerriles, Alcortas y Chacones me recuerdan a Red, Bomb y Chuck.

La destrucción es la regla. Los Angry Birds, como los fujimoristas, siempre están furiosos y tienen cara de pocos amigos. Se propulsan por sus propios medios contra sus enemigos, a los que solo quieren destruir causando el mayor daño posible y sin importarles que ello los conduzca a la autodestrucción.

Pero el 2017 nos ha traído una nueva versión más agresiva y destructiva del juego. Ahora los Angry Birds ya no están solo furiosos. Están asustados. Varios han entrado en pánico.

El escritor alemán Ludwig Börne decía que el hombre (o mujer) más peligroso es aquel que tiene miedo. Y es que el instinto de supervivencia puede hacer que el miedo fomente la agresividad.

Las recientes especulaciones sobre el apoyo económico de OdebrechtKeiko Fujimori han desatado una ola de temor en el fujimorismo. Su reacción ha sido disparar a cualquier cosa que se mueva. Su nueva víctima: el fiscal de la Nación (y detrás de él siguen todos los fiscales que han estado empujando los casos de corrupción).

La corrupción es un asunto particularmente escabroso para el fujimorismo. Su pasado está salpicado (mejor dicho “embarrado”) de antecedentes e incidentes de los que no se puede liberar, reflejados en los barrotes de la Diroes como recuerdo palpable de sus excesos.

Keiko trabajó (y mucho) para desembarazarse de ese pasado vergonzante. Y no quiero que se me malinterprete. Para mí, Keiko sigue siendo inocente hasta que se pruebe lo contrario. Pero la furibunda reacción de su bancada podría comenzar a entenderse como confesión de culpa firmada y sacramentada. Tanto ímpetu desbordado hace pensar que podría no tener mejores argumentos de defensa. Parece que está lanzando por la borda, con cada acto de sus congresistas, todo su esfuerzo para mejorar su imagen.

Muchos ciudadanos de todos los niveles son frecuentemente acusados por fiscales y jueces de delitos. Esos ciudadanos no tienen corona. Tienen que defenderse contratando abogados y preparando escritos y actuando pruebas que los liberen de responsabilidad. No todos tienen el privilegio de poder manipular a todo el Congreso como parte de su estrategia de defensa.

Keiko debe bajar al llano y defenderse como los demás seres de carne y hueso, y no usar a los Angry Birds para atemorizar a los que la investigan. Porque no es legítimo ni justo atacar a las instituciones para resolver un problema personal usando herramientas de las que los peruanos comunes carecemos. Ello refleja a la vez prepotencia y cobardía. Sinceramente, quisiera que mis impuestos, con los que les pagan a los congresistas, se usen en algo más relevante e importante para todos.

Y es que el miedo siempre es mal consejero, pero lo es más cuando se tiene poder. Los Angry Birds son más peligrosos cuando están asustados. Y es que la combinación de miedo con rabia es letal. Y se refleja en la estrategia fujimorista que pone la amenaza por delante del diálogo. Se han convencido de que la mejor defensa es el ataque. Y es que el miedo nos hace vulnerables, y buscamos entonces causar miedo para hacer sentir a los demás vulnerables.

El escritor y economista español José Luis Sampedro decía: “Gobernar a base de miedo es eficacísimo. Si usted amenaza a la gente con que los va a degollar, luego no los degüella, pero los explota, los engancha a un carro [...] Ellos pensarán: bueno, al menos no nos ha degollado”. Y eso es lo que están haciendo con el país.

La actitud de la bancada fujimorista es temeraria. Y como decía el poeta Lucano: “Bajo la máscara de la temeridad se ocultan grandes temores”.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 18 de noviembre de 2017.