Whirlpool es un ejemplo paradigmático de los aranceles… y no en el buen sentido
Scott Lincicome dice que Whirlpool ha sido uno de los defensores más activos del proteccionismo estadounidense desde al menos 2011, aún cuando ha incurrido en millones de dólares en pérdidas y sufrido un colapso en el precio de las acciones.
Por Scott Lincicome
El sitio web de Whirlpool Corp. afirma con orgullo: "Nacimos en Estados Unidos. Nos quedamos en Estados Unidos". La autodenominada "Empresa de electrodomésticos de Estados Unidos" ha utilizado este tipo de discurso patriótico para justificar su campaña, que ya lleva décadas, en busca de protección estatal frente a la competencia extranjera —protección que Whirlpool ha logrado obtener en repetidas ocasiones. La empresa se ha convertido así en un ejemplo emblemático del proteccionismo entre los partidarios de los aranceles, tanto en el gobierno como en el sector privado.
Los acontecimientos recientes han dado la razón a los defensores de esta postura —aunque casi con toda seguridad no por las razones que ellos admitirán—.
Citando un "declive de la industria a niveles de recesión", Whirlpool acaba de reducir drásticamente sus previsiones de utilidades para todo el año casi a la mitad, suspendió el pago de dividendos, sufrió una caída del 20% en el precio de sus acciones en una sola sesión y despidió a cientos de trabajadores estadounidenses mientras que, como señala el sindicato de maquinistas, al mismo tiempo construye nuevas fábricas en México. Los directivos de la empresa y varios analistas atribuyen la culpa, en gran parte, precisamente al régimen arancelario que Whirlpool ha apoyado tenazmente.
Sería difícil construir un ejemplo más claro de cómo el proteccionismo estadounidense puede perjudicar no solo a los consumidores estadounidenses, sino incluso a quienes se supone que son sus beneficiarios.
Whirlpool ha sido uno de los defensores más activos del proteccionismo estadounidense en el país desde al menos 2011. Ese año, la empresa solicitó aranceles antidumping y compensatorios (AD/CVD) sobre refrigeradores-congeladores importados y lavadoras procedentes de Corea del Sur y México, lo que dio lugar a nuevos aranceles significativos sobre estos últimos productos. Cuando la producción extranjera de lavadoras se trasladó para evitar los aranceles, Whirlpool solicitó al Tío Sam que también aplicara medidas a las importaciones de esos países, logrando finalmente que la administración de Trump impusiera "medidas de salvaguardia" sobre las lavadoras de todos los países, excepto Canadá.
En los años siguientes, Whirlpool participó en prácticamente todos los canales legales disponibles para la protección de las importaciones —más de una docena de intervenciones en virtud de seis leyes diferentes— y, con frecuencia, tuvo éxito. Sus instalaciones de Ohio también han sido escenario de dos eventos distintos de la administración Trump en los que se promocionaron las políticas comerciales del presidente bajo el lema "America First".
Sin embargo, bajo la superficie se esconden los crecientes costos de la defensa de los intereses de Whirlpool. Para empezar, las investigaciones muestran que los aranceles a las lavadoras aumentaron los precios tanto de esas unidades como de las secadoras complementarias, lo que les costó a los consumidores estadounidenses más de 800.000 dólares por cada empleo creado en la industria nacional. Además, según un informe de 2023 de la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos, las ganancias de la industria provinieron de las nuevas instalaciones en Estados Unidos de LG Electronics y Samsung Electronics, mientras que la suerte de Whirlpool siguió empeorando.
Mientras tanto, los otros aranceles de Trump se han convertido en un gran obstáculo para Whirlpool, que ha presionado discretamente (y al estilo clásico) para que se apliquen a los productos de sus competidores, pero en contra de ellos en lo que respecta a las importaciones de las piezas y materiales que necesitan sus fábricas en Estados Unidos.
Los aranceles de "seguridad nacional" de la Sección 232 sobre el acero y el aluminio han afectado particularmente a la empresa, lo que ha agravado su pérdida de 82 millones de dólares en el primer trimestre. El acero constituye aproximadamente la mitad de los componentes de las lavadoras, lo que deja a los productores estadounidenses de estos y otros electrodomésticos grandes muy expuestos a los altos precios que han generado los aranceles del 50% de Trump.

Los aranceles "de emergencia" sobre otras piezas de electrodomésticos se han sumado a los costos de Whirlpool. La Corte Suprema invalidó esos impuestos en febrero, pero los gravámenes sustitutivos del gobierno causarán un impacto similar. En total, la empresa estima que pagó más de 300 millones de dólares en aranceles estadounidenses el año pasado y pagará cientos de millones más en 2026, lo que reducirá aún más sus márgenes de ganancia incluso con múltiples aumentos de precios. Es un caso clásico de la "trampa de la industria protegida", en la que los aumentos de costos relacionados con los aranceles afectan los márgenes de inmediato, mientras que las ganancias en cuota de mercado tardan años en materializarse (si es que llegan a ocurrir). Y los analistas de JPMorgan están de acuerdo, señalando en mayo que "las perspectivas de menores utilidades de Whirlpool se debieron a una mayor inflación de las materias primas, un mayor impacto neto de los aranceles y menores beneficios en los precios y la mezcla de productos".
Los nuevos aranceles de Trump también han perjudicado a la empresa de otras maneras. En su conferencia sobre resultados de octubre, los directivos se quejaron de que los competidores LG y Samsung habían inundado el mercado estadounidense en previsión de los aranceles, lo que obligó a Whirlpool a ofrecer grandes descuentos para mantener su cuota de mercado. Más recientemente, han sugerido que los reembolsos de los aranceles de emergencia de Trump —ahora invalidados—, que Whirlpool también está buscando, por supuesto, han beneficiado de manera desproporcionada a los fabricantes extranjeros de electrodomésticos, permitiéndoles ofrecer descuentos adicionales que Whirlpool no pudo igualar. La incertidumbre relacionada con los aranceles y la guerra con Irán se han sumado a sus dificultades. Como era de esperarse, el precio de las acciones se ha desplomado.

A pesar de todo, Whirlpool sigue pidiendo mayor protección y defendiendo el régimen arancelario de Trump. En abril, la empresa recibió al representante comercial de Estados Unidos, Jameson Greer, para que pudiera celebrar el uso que el presidente hace de los aranceles para "acelerar la reindustrialización de Estados Unidos" —seis años después de que Trump prometiera lo mismo en el mismo lugar. En mayo, el director ejecutivo de Whirlpool celebró los aumentos arancelarios de la Sección 232 sobre productos "derivados" del acero, incluidos los electrodomésticos, y aseguró a los inversionistas que estos gravámenes significan que, por fin, "Whirlpool Corporation está estructuralmente posicionada para triunfar con nuestros productos fabricados en Estados Unidos".
Si millones de dólares en pérdidas y un colapso en el precio de las acciones es una victoria arancelaria, no me gustaría ni imaginar cómo sería una derrota.
La persistente debilidad de Whirlpool es un caso de estudio del fracaso proteccionista, no del éxito. Las empresas que presionan con más fuerza a favor del proteccionismo suelen ser las menos capaces de competir en calidad y precio, y los aranceles, paradójicamente, las aíslan de la implacable presión del mercado para mejorar. Las ganancias extraordinarias —generadas a costa de un gasto significativo para los consumidores— con frecuencia se desperdician, mientras que la competitividad sigue deteriorándose. La defensa del proteccionismo también suele generar consecuencias no deseadas —a través de la desviación del comercio, los insumos sujetos a aranceles, la incertidumbre en las inversiones y más—, lo que coloca a las empresas protegidas en una desventaja aún mayor. Y con demasiada frecuencia, la respuesta de las empresas es solicitar aún más protección.
Lo que surge al final no es una economía más grande y productiva, sino una carrera a la baja entre las empresas por ver quién puede asegurarse el trato más favorable de parte de Washington. La competencia de mercado funciona de manera diferente. Impulsa a las empresas a innovar, reducir costos y ofrecer mejores productos a precios que los consumidores puedan pagar. Es una realidad que, desafortunadamente para Whirlpool y los proteccionistas de Estados Unidos, ninguna cantidad de sesiones fotográficas presidenciales puede cambiar.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 16 de junio de 2026.