Washington contra la bolsa de valores
Por Richard W. Rahn
¿Por qué sigue deprimida la Bolsa? Gracias a Washington. Los políticos han estado ocupados en una serie de acciones y propuestas, durante los últimos meses, que deprimen tanto a los inversionistas como a la economía.
Para explicarlo voy a comenzar contando un reciente evento. En mayo, el presidente Bush decidió hacerle un homenaje al gran economista y premio Nobel Milton Friedman. Varios de quienes trabajamos o estudiamos bajo Friedman fuimos invitados en esa ocasión a la Casa Blanca. Durante la ceremonia, el secretario de Defensa Rumsfeld, el presidente de la Reserva Federal Greenspan y el presidente Bush alabaron al homenajeado, refiriéndose al profesor Friedman como "el más grande economista del último siglo".
Milton Friedman, quien en estos días está cumpliendo 90 años, con voz fuerte y clara dijo: "Mi manera de pensar sobre el gasto gubernamental se puede resumir con la siguiente narración. Si usted gasta su propio dinero en sí mismo, será muy cuidadoso de cuánto y cómo lo gasta. Si usted gasta su dinero en otra persona, sigue siendo muy cuidadoso sobre cuánto gasta, pero menos preocupado sobre cómo lo gasta. Si usted gasta el dinero de otro en beneficio propio, no le importa mucho cuánto gasta, pero sí cómo lo gasta. Sin embargo, cuando usted gasta el dinero de otro para beneficio de terceros, a usted no le importa mucho ni cuánto ni cómo gasta ese dinero".
Todos los presentes, incluyendo al presidente, asintieron con sus carcajadas porque todos saben que el gobierno gasta el dinero de los contribuyentes sin mayor cuidado. Pero esto sí nos debe preocupar porque cuando el gobierno desperdicia nuestra plata, todos sufrimos. El resultado es menor crecimiento económico, mayor desempleo, menores ingresos y mayor presión para aumentar impuestos destructivos.
Cuando los republicanos tomaron el control del Congreso en 1994, lograron frustrar las propuestas de gastos de Clinton y viceversa. El resultado fue una caída del gasto del gobierno federal de 20,7% del PIB en 1995 a 18,4% del PIB en 2001. Esa relativa reducción del tamaño del gobierno fue una de las importantes causas del auge de la economía y de la Bolsa. Actualmente, lo contrario está sucediendo y no sólo por los gastos adicionales de la guerra contra el terrorismo. El Congreso ha estado gastando a diestra y siniestra con el visto bueno de ambos partidos, sin que la administración Bush aplique su veto.
El resultado es que hay menos fondos en el sector privado para inversiones y la creación de empleos y muchos congresistas proponen mayores impuestos. El temor de un gobierno más grande y de más impuestos y regulaciones hace que correctamente se pronostiquen menores ganancias empresariales y, por lo tanto, hay poco interés por invertir en la Bolsa.
Además, el gobierno sigue flirteando con la tonta idea de compartir información sobre extranjeros que invierten en Estados Unidos con países europeos que imponen altísimas tasas de impuestos a sus ciudadanos. Eso ha reducido la inversión extranjera y los valores tanto de la Bolsa como del dólar. Un dólar más barato aumenta la presión inflacionaria, lo cual se reflejará en mayores tasas de interés y menor crecimiento económico.
El distinguido economista William Niskanen, quien fue miembro del Consejo de Asesores Económicos del presidente Reagan, acaba de completar un estudio sobre el impacto en la economía del gasto gubernamental y los impuestos. Su conclusión es que por cada dólar adicional de ingreso fiscal que el gobierno gasta, nuestro PIB se reduce en casi 3 dólares
Privadamente, la mayoría de los congresistas y casi todos los funcionarios públicos responsables admiten que muchos programas gubernamentales son una pérdida de dinero y que el sistema impositivo actual debilita la actividad productiva, pero aun así siguen fingiendo que ayudan a la gente al malgastar sus impuestos.
La solución es simple: reduzcamos la tasa de crecimiento del gasto gubernamental, reduzcamos los aranceles, reduzcamos los impuestos, deroguemos regulaciones tontas y costosas, y dejemos de ahuyentar a inversionistas extranjeros que quieren invertir en nuestra economía.
Conocemos al enemigo: se trata de los mismos que elegimos porque nos aseguraron que eran nuestros amigos. Pero los amigos no destruyen nuestro futuro económico.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet