Washington ausente: Libre comercio y moneda estable
Por Judy Shelton
Europa busca activa y agresivamente nuevos mercados en América Latina, mientras que Estados Unidos hace caso omiso. La prensa estadounidense se ha concentrado en estos días en el impacto del aumento de la tasa de interés resuelto por la Reserva Federal, sin darle mucha importancia al anuncio hecho en Río de Janeiro por líderes europeos y latinoamericanos de que comenzarán las negociaciones de libre comercio en julio del 2001.
La prosperidad económica de Estados Unidos depende de obtener mercado para sus productos alrededor del mundo. América Latina es un mercado lógico y atractivo para nuestras exportaciones e inversiones. El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México ha tenido gran éxito. Cuánto mejor sería su extensión a los 200 millones de habitantes de Mercosur: Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, además de sus miembros asociados: Chile y Bolivia. Sería el próximo paso hacia el mercado común de las Américas.
Pero Estados Unidos muestra indiferencia. Mientras el canciller alemán, Gerhard Schroeder, actual presidente de la Unión Europea, cruza el Atlántico para reunirse y solidificar los nexos comerciales y de inversiones con los latinoamericanos, los políticos en Washington muestran indiferencia. La "vía rápida" que Clinton y los republicanos apoyaban ha perdido ímpetu. Ahora, por el contrario, vemos señales de un proteccionismo incipiente en acero y en otros sectores y, lo que es peor, una tendencia a hacerle el juego a los grupos de presión en las próximas elecciones presidenciales.
Por su parte, los europeos dan énfasis a la importancia de una nueva "asociación estratégica" con la región. El presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, habla de "prosperidad compartida" y de la formación de "un orden internacional legítimo". Los flujos de capital de Europa respaldan estas declaraciones, alcanzando 73.000 millones de dólares en 1997, comparado con 26.000 millones dos años antes. Un informe preliminar de la ONU apunta hacia un espectacular aumento de las inversiones europeas en América Latina en 1998 y 1999.
Pero a pesar de todo esto, la Unión Europea sigue siendo vulnerable a acusaciones de no ser exactamente un adalid del libre comercio, a la hora de poner en práctica lo que predica. Los agricultores europeos están protegidos de toda competencia en cereales, carne y productos lácteos. Es más, ellos reciben subsidios de exportación, a la vez que se aprovechan de reglas más liberales en América Latina.
Entonces, ¿por qué Washington no promueve sus relaciones comerciales con América Latina? Dar por descontado a sus vecinos puede resultar ser una equivocación muy costosa, tanto en el campo político como económico.
Y el error se agrava al darle poca importancia a la campaña iniciada por la Argentina de unificar las monedas de Mercosur con la dolarización. ¿Qué mejor oportunidad para ampliar las relaciones comerciales que a través de una integración monetaria? Ello aportaría información de precios clara y confiable a los participantes de un gran mercado, extendiéndose desde Alaska a Cabo de Hornos.
Europa ya está cultivando los beneficios de una moneda unificada, especialmente en el campo de las inversiones. El euro ha aportado nuevas y masivas ofertas de liquidez, al reunir los mercados de capital de 11 naciones. Las empresas antes se veían obligadas a pagar intereses altos y primas en las tasas de cambio, mientras que era difícil conseguir financiamiento en los países pequeños. Recientemente, la empresa petrolera española Repsol pudo ofrecer $13.400 millones para comprar a la petrolera argentina YPF. Su presidente, Alfonso Cortina, ha declarado que "sin el euro, Repsol no hubiera podido hacer una oferta para adquirir a YPF. Antes, las empresas del sur de Europa no tenían acceso a este tipo de financiamiento".
Imaginemos por un instante el acceso a capitales que gozarían las empresas latinoamericanas en Estados Unidos con una moneda común. La eliminación del riesgo cambiario produciría una reducción masiva del costo del capital en América Latina e impulsaría tanto la actividad empresarial como el crecimiento económico de toda la región. Estados Unidos tiene la oportunidad de convertirse en el abanderado de esta causa, elemento clave en lograr una amplia área de libre comercio.
Para Estados Unidos no significa dominar sino colaborar. El objetivo no es una hegemonía, sino más bien la productiva integración de naciones en búsqueda de prosperidad para todos. Mientras más temprano se den cuenta en Washington de la importancia de compartir una visión monetaria en búsqueda de mayor libertad de comercio por toda América, mejor serán los resultados para todos.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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