Viva Chávez
por Carlos Ball
Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.
La prensa internacional ha mostrado gran interés en las andanzas del nuevo presidente venezolano, denunciando cada uno de sus desafueros, lo cual me parece apropiado y constructivo. Por varias décadas Venezuela sufrió de una prensa internacional desinteresada en los abusos y corrupción de nuestros gobernantes y, lo que es peor aún, indiferente ante un espantoso sistema judicial que mantenía en prisión y sin enjuiciar a docenas de miles de venezolanos pobres -culpables o inocentes- que no podían comprar la aceleración de su caso.
Por Carlos A. Ball
La prensa internacional ha mostrado gran interés en las andanzas del nuevo presidente venezolano, denunciando cada uno de sus desafueros, lo cual me parece apropiado y constructivo. Por varias décadas Venezuela sufrió de una prensa internacional desinteresada en los abusos y corrupción de nuestros gobernantes y, lo que es peor aún, indiferente ante un espantoso sistema judicial que mantenía en prisión y sin enjuiciar a docenas de miles de venezolanos pobres -culpables o inocentes- que no podían comprar la aceleración de su caso.
Para el New York Times y el Washington Post, Carlos Andrés Pérez era ejemplo de demócrata progresista. Al igual que en Rusia y en Indonesia, la inmensa corrupción del sistema venezolano no afloró sino hasta que se disparó el hambre y el desempleo, lo cual condujo a Hugo Chávez al palacio de Miraflores en hombros del pueblo.
Yo no soy chavista. Chávez se ha rodeado de socialistas resentidos y dinosaurios comunistas. Pero así como en los años 70 critiqué la expulsión de los bancos extranjeros instrumentada por Rafael Caldera (lo cual culminó en que la banca hoy está controlada por extranjeros) y también la estatización petrolera de Pérez (aplaudida entonces por el sector empresarial que no veía que una vez que los políticos malgastaran la renta petrolera, al desaparecer el tradicional equilibrio de fuerzas serían arruinados con regulaciones, leyes laborales y la inflación del bolívar), hoy defiendo algunas iniciativas de Chávez.
No sé si Chávez está haciendo esas cosas buenas por motivos equivocados o no, pero eso no es lo importante y me quiero referir específicamente a dos asuntos claves.
Creo que haber sacado de PDVSA (el monopolio petrolero estatal) a todos los ejecutivos con experiencia, reemplazándolos con "yes men" del presidente es lo mejor que puede pasar en Venezuela, fuera de que el precio del barril petrolero regrese a un dólar. Los chavistas van a hundir a ese monopolio estatal, cuya "pemexicación" comenzó en el gobierno anterior.
Ha sido el chorro de petrodólares lo que endiosó a los políticos venezolanos como Caldera, Pérez, Herrera y Lusinchi, quienes realmente pensaron que podían hacer impunemente lo que les viniera en gana porque sus presupuestos no dependían de los impuestos que los venezolanos pagan.
Toda aquella vieja campaña de desinformación sobre las "industrias básicas y estratégicas" tenían como único propósito apoderarse de la riqueza del país, eliminando toda posibilidad de control democrático sobre los gastos del gobierno. En las últimas décadas, nada ha podido prosperar en Venezuela sin la bendición de alguna agrupación política y eso le abrió las puertas a la más soez corrupción. Resultado: desempleo, hambre y el retroceso del nivel de vida de los venezolanos a 1950.
La otra buena noticia petrolera es que aparentemente Chávez tiene la intención de vender a Citgo, propiedad de PDVSA, la novena empresa extranjera más grande que opera en Estados Unidos y la que más gasolina vende en este país. Ya un grupo francés está ofreciendo comprar 15%. Y esos miles de millones Chávez los quiere para sus programas internos, pero el hecho es que si Citgo es privatizada, Chávez se convertiría automáticamente en un miembro honorario de los "Chicago boys".
Otra medida ejemplar de Chávez ha sido el rechazo de todo permiso a sobrevolar territorio venezolano por parte de aviones estadounidenses envueltos en la guerra contra las drogas. El narcotráfico persiste por la inmensa demanda y riqueza de los consumidores estadounidenses y por la prohibición oficial que ha fomentado el surgimiento de mafias más poderosas y ricas que las de Al Capone. Pero para Washington es muy cómodo y políticamente conveniente que los muertos de esa guerra y la corrupción que promueve sucedan en América Latina.
Yo creo que la guerra contra las drogas impulsada por Washington ha logrado hacerle más daño a las instituciones democráticas latinoamericanas que todas las guerrillas comunistas de años atrás. Y el presidente Chávez, cualquiera que sean sus motivos, le dijo a Washington que no. Eso confirma que comparte con Bolívar una parte importante de su anatomía. Viva Chávez.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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