Usando la crisis en Venezuela

Manuel Hinds sostiene que "los socialistas del Siglo XXI, al igual que los comunistas, buscan eliminar la propiedad privada de los medios de producción, por lo que consideran como enemigos de clase a todos los empresarios privados, grandes y pequeños".

Por Manuel Hinds

Mucha gente espera que el régimen venezolano caiga dentro de muy poco tiempo porque su situación económica es terrible y se esta complicando cada vez más por las absurdas posiciones que el gobierno del Socialismo del Siglo XXI ha estado tomando para tratar con él. Esto puede pasar. Pero el resultado puede ser el contrario —que el régimen se fortalezca porque los problemas económicos le proporcionan pretextos al gobierno para terminar de destruir la oposición organizada.

En este tema es necesario recordar varias cosas. Primero, que los socialistas del Siglo XXI, al igual que los comunistas, buscan eliminar la propiedad privada de los medios de producción, por lo que consideran como enemigos de clase a todos los empresarios privados, grandes y pequeños. Además, estos empresarios son parte importante de las fuentes de financiamiento de los partidos políticos que se les pueden oponer. Por esas dos razones, la destrucción de la empresa privada es una prioridad en la toma del poder absoluto por parte de los marxistas. Que esa destrucción implique la destrucción de la economía, que está basada en la empresa privada, es un hecho que para ellos no es importante en sí mismo, sino sólo políticamente.

Segundo, que en ese contexto político, el descontento de la gente no amenaza al gobierno. Sólo lo hace si se convierte en un descontento organizado. Desde que los Socialistas del Siglo XXI llegaron al poder han estado tratando de desarticular la capacidad de sus opositores de crear una oposición organizada. Por eso, han acosado, intimidado y metido presos a todos los líderes de esta oposición. De esta forma, han metido presos a varios de ellos con acusaciones sin fondo y han amenazado a muchos otros con hacerlo también. Mientras más destruyen a estos líderes, más fácil se les hace el instalar su tiranía.

Tercero, que las tribulaciones económicas les presentan oportunidades para decir que son resultado de supuestas conspiraciones domesticas y extranjeras para desestabilizar al "régimen del pueblo" y usar estos pretextos para terminar de destruir la posibilidad de una oposición organizada. Solo mire lo que están haciendo los socialistas del Siglo XXI en Venezuela, incluyendo la reciente captura del Alcalde de Caracas. Esa captura no la hubieran podido hacer en un ambiente de normalidad. La emergencia económica en realidad les ayudó a neutralizar a un enemigo más.

Cuarto, que por esas razones, los gobiernos de las ideologías marxistas siempre entran en una carrera doble: por un lado, necesitan destruir al sector privado lo más rápidamente, para que el centro y la derecha no puedan financiarse, y como esto seguramente lleva al colapso económico, por el otro lado corren para afianzarse del poder político para que la caída de la economía no represente también la caída del Socialismo del Siglo XXI sino más bien su fortalecimiento. Esta carrera la están llevando a cabo en todos los países de la América Latina en los que están en el poder.

Estos procesos han tomado su curso varias veces en la historia, siempre que los marxistas han comenzado a tomarse un país. Así fue en la Unión Soviética, en donde ellos desarrollaron todas sus técnicas. La economía colapsó inmediatamente después de que Lenin tratara de imponer el comunismo en el país. Los comunistas se vieron forzados a retroceder y restablecer un régimen de propiedad privada limitada, llamada la Nueva Política Económica. Varios años después, los comunistas ya tenían el control político suficiente como para volver a imponer el comunismo, que hizo que la economía colapsara por segunda vez en los primeros años de la década de los treintas. Para justificar el colapso, metieron presos y mataron a sus potenciales rivales políticos acusándolos de conspiraciones con EE.UU. y los contrarrevolucionarios. Ya estos no tenían como defenderse.

Esto también lo hicieron en China y en varios otros países. En Cuba lo hicieron dos veces y están buscando hacerlo la tercera. La primera vez fue cuando subieron al poder y el ingreso cayó catastróficamente ante la nacionalización de toda la economía, incluyendo los vendedores de hot-dogs. Los enormes subsidios que la Unión Soviética le pasó a Cuba sólo aliviaron la caída y permitieron que Cuba sobreviviera. Pero la calidad de vida y el ingreso cayeron enormemente aun después de los subsidios.

Luego, volvió a pasar cuando la Unión Soviética cayó y dejó de pasar esos subsidios. El ingreso por habitante cayó casi 40 por ciento de acuerdo a cálculos del Banco Mundial. Todo el mundo esperó que Cuba cayera, pero no cayó porque metió más gente presa y volvió peor la represión. Ahora está comenzando a aumentar la represión para contrarrestar el hambre que le viene al pueblo cubano como resultado de la caída de Venezuela.

El proceso ya está muy avanzado en Venezuela. La oposición ha sido drásticamente desarticulada, y el peso de la violencia gubernamental ya es enorme. Si los socialistas del Siglo XXI sienten que la situación económica se vuelve muy dramática, es posible que se den un autogolpe y que aparten a Maduro, acusándolo de haberse vendido a la conspiración estadounidense, o de haberse desviado de la línea revolucionaria, o de cualquier pecado similar. Pero será muy difícil que se desautorice al régimen del Socialismo del Siglo XXI si todos o casi todos los líderes que pueden organizar la oposición están en la cárcel, o intimidados, o reprimidos.

Eso es lo que todos los países en los que los Socialistas del Siglo XXI y sus aliados están buscando tomar el control total de la sociedad. Darles control es un camino de una sola vía. Una vez que se montan en el gobierno, no lo sueltan, usando los métodos más primitivos de represión social para instalarse para siempre en el poder y heredarlo a sus parientes, como lo ha hecho Fidel Castro.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 24 de febrero de 2015.