Uruguay, tras los pasos de Chile

Por Martín Simonetta

La reciente cumbre entre el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, y el de los Estados Unidos, George W. Bush, en la que se definió el interés mutuo de “ampliar el comercio” entre ambas naciones representa un punto de inflexión no sólo en la política de inserción comercial del país oriental sino también del MERCOSUR.

Asimismo, desde el punto de vista regional, profundiza la divisoria de aguas entre dos Américas Latinas que se vislumbra cada vez de forma más notoria. Una –liderada por Chile y México—con una estrategia de crecimiento basada en la inserción a la economía global. Otra, caracterizada por economías cerradas al mundo y exportaciones limitadas a los productos primarios, cuyo mayor representante es la Venezuela de Hugo Chávez.

Si bien, el conflicto con Argentina por la instalación de papeleras en Uruguay fue la gota que propulsó la decisión de saltar el cerco del MERCOSUR, las dudas en torno al costo-beneficio de pertenecer al bloque no son novedosas en las administraciones uruguayas. Del otro lado del mostrador ideológico, el ex presidente Batlle y Ordoñez también se refirió en forma reiterada a la necesidad de quitarse las cadenas que impiden la firma acuerdos de libre comercio bilateral.

Más y mejor Mercosur

La dirigencia de Uruguay, cuando mira hacia Chile toma conciencia del tiempo perdido y del costo de oportunidad de pertenecer a la fortaleza del Sur. Crecimiento basado en la especialización, apertura comercial profundizada con acuerdos bilaterales de libre comercio, mayor salario real a consecuencia de una menores restricciones a las importaciones, reducción de la pobreza, son algunos de los aspectos centrales del Uruguay que podría ser.

Años atrás se le preguntó a un ex ministro chileno por qué su país no aceptaba ser miembro pleno del MERCOSUR y prefería ser estado asociado, ante lo que respondió: “La integración de Chile es con el mundo, y ser miembro pleno del MERCOSUR implicaría desintegrarnos del mundo”. En esta afirmación aludía al fuerte contraste entre la política comercial chilena de apertura, con la del bloque del Sur, descripta como una fortaleza que bloquea con altos impuestos el acceso a productos del resto del mundo. El mismo interrogante es aplicable a la situación del país oriental.

En los últimos años, una economía pequeña como la uruguaya dio fuertes señales de seriedad institucional y continuidad de políticas, independientemente de cuál fuera el partido gobernante. Asimismo, logró diferenciarse de la Argentina en la profunda crisis económica 2001-2002 por la madurez con que pudo salir de su crisis bancaria y evitó la expansión de la crisis del vecino país a sus orillas.

Pero, si bien es cierto que los avances de las negociaciones con los Estados Unidos son una patada en el tablero del MERCOSUR, es necesario destacar que el esquema planteado por el presidente Vázquez es uno que permita a Uruguay la firma de acuerdos de libre comercio en forma individual pero manteniéndolo como estado asociado del bloque regional, tal como Bolivia y Chile lo son en la actualidad. Asimismo, si bien desde el punto estrictamente formal, la pertenencia al acuerdo impide a los países miembros firmar tratados de forma independiente, en un contexto subregional de reacomodamiento y ante un MERCOSUR debilitado, los presidentes de Brasil y Argentina han manifestado públicamente su posición flexible ante esta situación.

Más allá del supuesto fracaso del ALCA en su versión original como área de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego, los acuerdos de siguen avanzando a paso firme en la región armando como un gigante rompecabezas de economías orientadas hacia la economía global. Esto lo observamos si analizamos los casos de Chile, México, el CAFTA, y un poco más lejos, los de Colombia, Ecuador, Perú, y ahora Uruguay. La competencia por un mejor acceso a los mercados ha generado una dinámica que impulsa a los sectores exportadores a presionar a sus gobiernos para no quedar en desventaja respecto de los de otros países.

A 15 años del nacimiento del MERCOSUR, estamos siendo testigos de una nueva etapa del bloque en el contexto del revuelto río regional y la ampliación de la diferencia entre dos Américas Latinas.