Unión Europea: Muerte mediante impuestos

Por Veronique de Rugy

En marzo del 2000, los líderes de la Unión Europea, reunidos en Lisboa, establecieron un ambicioso objetivo para la UE: crear la economía más competitiva del mundo para el 2010. Sin embargo, tres años después, la UE no ha avanzado mucho hacia este objetivo.

Con una carga impositiva promedio que consume casi el 45% del PIB, los trabajadores en los actuales 15 Estados miembros de la UE son 20% menos eficientes que los trabajadores estadounidenses. Y esta situación empeorará debido a que muchos países europeos cuentan con enormes pasivos sin financiamiento, especialmente el de las pensiones. Para el 2050 Europa tendrá 75 pensionados por cada 100 trabajadores. Y ya que las pensiones en Francia, Alemania e Italia son pagadas de los ingresos fiscales corrientes, la carga tributaria tendrá que dispararse para financiar este insostenible sistema.

Como resultado de estas políticas anti-crecimiento, el desempleo permanece muy alto y los europeos frecuentemente tratan de ajustar cuentas al enviar sus ahorros a jurisdicciones con impuestos más bajos. Pero atención europeos, ahora la UE también quiere este dinero.

Hoy en día la UE se encuentra en una encrucijada. Primero, puede tomar la ruta de las buenas políticas tributarias, recortar los impuestos, y dejar de castigar la productividad y el ahorro. Esta es la sabia decisión tomada por Irlanda en los ochenta y noventa. El enfoque irlandés fue un gran éxito. El "hombre pobre de Europa" es hoy el "Tigre Celta", con el segundo nivel de vida más alto de Europa después del paraíso fiscal de Luxemburgo. De manera interesante, Europa reaccionó fuertemente cuando Irlanda recortó los impuestos corporativos y continúa señalando a la tasa irlandesa del 12.5% como un ejemplo de "dumping fiscal".

La segunda opción de la Unión Europea es la de minar la competencia impositiva al imposibilitar que el dinero escape de las economías con altos impuestos. No es de sorprender que ésta sea la opción favorita de la mayoría de los líderes de la Unión. En un esfuerzo por proteger a las naciones poco competitivas de Europa de las fuerzas del mercado, la UE propuso una iniciativa que pretende demandar el intercambio automático e ilimitado de información entre las naciones con respecto a los ahorros de los no residentes. Tal y como está ahora, la UE grava los ahorros con una tasa promedio del 53.5%. Muchos europeos pronto se dieron cuenta que sería mejor para ellos colocar sus ahorros en Luxemburgo, Suiza o Estados Unidos, donde podrían estar protegidos de esos impuestos tan altos. La medida está diseñada para facilitarle a las naciones de la UE que están perdiendo capital hacia jurisdicciones tributarias con bajos impuestos el tener acceso a este dinero y gravar los ahorros fuera de sus fronteras.

El plan, conocido como "La Directriz del Impuesto al Ahorro", obligaría a todas las instituciones financieras a recolectar información financiera privada de los inversionistas no residentes de tal forma que pueda ser entregada a los recolectores de impuestos europeos. Bajo este esquema, cuando un ciudadano italiano invierte sus ahorros en Luxemburgo, el banco que paga intereses sobre el capital tendrá ya sea que imponer un tributo retenible sobre dicho ingreso a una tasa específica o enviar la información sobre las ganancias de la inversión del depositante de tal forma que le permita al gobierno italiano establecer un impuesto sobre el ingreso. La idea es eliminar el incentivo a invertir el capital en jurisdicciones con bajos impuestos ya que no importa donde uno invierta, siempre terminará siendo gravado a la tasa de su país de origen. Pero el resultado muy probablemente será la destrucción del pequeño monto de ahorros legales de los ciudadanos de la UE y el incremento de sus incentivos para buscar opciones de ahorros ilegales.

Por supuesto que esta es una idea sumamente peligrosa. La Directriz del Impuesto al Ahorro constituye una amenaza significativa a las políticas liberales y a la competencia fiscal. Pero sobre todo es una amenaza para todos los contribuyentes. Cualquier reducción en la tasa de ahorro en Europa sería una calamidad. Peor aún, la UE quiere que los países con bajos impuestos y las instituciones financieras sirvan como recolectores de impuestos vasallos para los Estados benefactores de Europa. Además, es un intento por preservar una mala política tributaria ya que asume que debería existir un gravamen múltiple al ingreso que es ahorrado e invertido. De ser implementada, minaría el derecho de los países a determinar sus propias políticas fiscales. La directriz de la UE le daría a naciones como Francia o Suecia el poder de imponer tasas tributarias opresivas sobre el ingreso ganado en lugares como Luxemburgo o Suiza.

Por suerte, los planes para la armonización impositiva de la UE requieren del apoyo unánime de todos los Estados miembros, así como la participación de seis naciones que no pertenecen a la Unión, entre las cuales se incluyen Suiza, Estados Unidos, Liechtenstein, y Mónaco (más los territorios británicos). Gracias a Austria, Bélgica y Luxemburgo, el plan de armnonización de la UE fue vetado y por lo tanto derrotado. Desdichadamente, la Unión no duró mucho en resucitar la iniciativa.

La UE afirma que el "verdadero" objetivo de la directriz es el de reducir la evasión fiscal. De acuerdo al Comisionado europeo Frits Bolkestein, la destrucción total de la privacidad financiera es la única manera de lidiar con la difundida evasión fiscal. Sin embargo, los economistas han sostenido durante años que las tasas impositivas bajas y la simplificación tributaria son herramientas mucho más efectivas para prevenir la evasión fiscal. Además, las tasas impositivas bajas frecuentemente generan más ingresos que las tasas altas. Así que, en lugar de obligar a los países a adoptar sus malas políticas, los gobiernos europeos deberían tratar de reformar sus sistemas tributarios para variar.

Lo bueno sobre esta iniciativa al estilo cartel es que los carteles son muy fáciles de desestabilizar. Para lograrlo, solo se necesita que un país haga lo correcto. Estados Unidos, Luxemburgo, o cualquier nación europea racional debería aprovechar la ocasión y salvar al mundo de la armonización impositiva y los altos impuestos. Debería ser una decisión fácil de tomar ya que el cartel tributario de la UE tendría un efecto nefasto sobre la economía del Viejo Continente. Si la Directriz del Impuesto al Ahorro es implementada, Europa perderá aún más capital—lo que significa menos trabajos, salarios más bajos, y bajas tasas de ahorro. Igualmente importante, una victoria de la UE tendrá un gran impacto en la habilidad de los países europeos individuales de reformar sus sistemas tributarios en el futuro. Al menos que las naciones europeas renuncien completamente a sus ambiciones de ser más competitivas, deberían oponerse a la Directriz del Impuesto al Ahorro de la Unión Europea.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.