Una patente mentira

Por Timothy B. Lee

Es impresionante cómo pueden cambiar las cosas en 16 años. El mes pasado, el mundo tecnológico estaba alborotado por una entrevista publicada en la revista Fortune de Bradford Smith —el consejero general de Microsoft— en la cual él acusaba a los usuarios y creadores de varios productos de software gratuitos de violación de derechos de patente y demandó que se le pagasen royalties a Microsoft. De hecho, en los últimos años, el Sr. Smith ha argumentado que las patentes son esenciales para los avances tecnológicos en la industria de software.

La posición de Microsoft era muy distinta en 1991. En un memo a sus ejecutivos principales, Bill Gates escribió, “Si las personas hubiesen entendido cómo las patentes serían concedidas en el momento en que gran parte de las ideas de hoy sean inventadas, y hubiesen conseguido patentes, la industria estaría totalmente estancada hoy”. El Sr. Gates se preocupaba de que “alguna compañía grande patentará alguna cosa obvia” y utilizará esa patente para “tomarse toda la cantidad que quiera de nuestras ganancias”.

El Sr. Gates escribió su memo de 1991 poco después de que las cortes comenzaron a permitir patentes para software en los ochentas. En esos días Microsoft era una compañía creciente que competía con los establecidos gigantes como I.B.M. y Novell. Solo tenía ocho patentes bajo su nombre. Reconociendo la amenaza que esto era para su compañía, el Sr. Gates inició un programa agresivo para conseguir patentes. Hoy Microsoft tiene 6.000 patentes.

No es sorprendente que Microsoft —ahora el establecido gigante— ha cambiado de parecer. Pero el Sr. Gates tenía la razón en 1991: las patentes son malas para la industria de software. Nada ilustra esto de mejor manera que el conflicto entre Verizon y Vonage.

Vonage desarrolló uno de los primeros servicios de telefonía para Internet y ha atraído a más de dos millones de clientes. Pero el año pasado, Versión —uno de los competidores más grandes de Vonage— demandó a Vonage por violación de patentes y ganó un veredicto a su favor en marzo.

El memo de Gates predijo que una gran compañía “conseguiría la patente de alguna cosa obvia” y eso es exactamente lo que Verizon ha hecho. Dos de sus patentes cubren el concepto de traducir números de teléfono en direcciones de Internet. Es virtualmente imposible crear un teléfono que al consumidor le sea fácil usar sin aquello. Por lo tanto, si Verizon prevalece luego de la apelación, probablemente quebrará a Vonage. Los consumidores sufrirán de opciones reducidas y precios más altos, y los competidores del futuro no querrán entrar a mercados dominados por patentes.

¿Pero acaso no necesitan las compañías de software protección de patentes? De hecho, las compañías, especialmente aquellas concentradas en la innovación, no la necesitan: el software ya está protegido por la ley de propiedad intelectual y no hay razón por la cual cualquier industria podría necesitar ambas protecciones. Las reglas de derechos de propiedad intelectual son más simples y la protección está disponible para todos a un costo muy bajo. En cambio, el sistema de patentes es fastidioso y costoso. Aplicar para conseguir una patente y conducir una búsqueda de patentes puede costar decenas de miles de dólares. Eso no es una carga significativa para compañías grandes como Microsoft, pero puede serlo para las empresas pequeñas recién creadas que producen algunas de las más importantes innovaciones de software.

Pero, como el caso de Vonage demuestra, participar en el sistema de patentes no es opcional. La invención independiente no es una defensa para la violación de patentes y las grandes compañías de software ahora tienen tantas patentes que es casi imposible crear software útil sin violar algunas de esas patentes. Por lo tanto, la única manera de auto-defenderse es aquella que el Sr. Gates identificó hace 16 años: acumule patentes para utilizarlas como piezas de negociación en litigaciones. Vonage no hizo eso y ahora está pagando un precio muy alto.

Solo los abogados de leyes de patentes se benefician de este tipo de carrera de armas. Y la misma historia de Microsoft contradice la aseveración del Sr. Smith de que las patentes son esenciales para los avances tecnológicos: Microsoft produjo mucho software innovador antes de que recibiese su primera patente de software en 1988. Mientras más y más demandas sacuden a la industria deberíamos preguntarnos si las patentes de software están obstaculizando la innovación. Bill Gates seguramente lo pensó así en 1991 aunque tal vez no lo admita hoy.

Este artículo fue originalmente publicado en el New York Times (EE.UU.) el 9 de junio de 2007.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.